Desde muy niña Úrsula Carvajal San Martín soñó con educar, pero el destino la llevó a estudiar Contabilidad, profesión que ejerció con éxito. A los 21 años, decidió dar un vuelco y sacar a la luz su real vocación. Hoy se desempeña como Educadora de Párvulos de 45 niños, en el Colegio Rafael Sanhueza Lizardi, de la comuna de Recoleta, en donde además es Jefa del Departamento de Educación Parvularia. Fue reconocida por sus pares como la mejor profesora de la escuela.
El timbre anuncia el fin del primer recreo. Los alumnos vuelven a sus aulas y el extenso patio de concreto y los interminables pasillos del edificio retornan momentáneamente a la calma. Hasta que desde una sala del primer piso, cerca de la cancha, se escuchan niños cantar. Es el energético Kínder “A” de Úrsula. Están ensayando una animada coreografía para aprender las partes del cuerpo. A pesar de que es temprano y las clases recién comienzan, el ambiente es de juego y alegría. Para ellos es el momento aprende.
Desde que era pequeña Úrsula jugaba con sus muñecas a ser profesora, dice que siempre le gustó enseñar. Idea que reforzó trabajando con niños en una parroquia, haciendo catequesis infantil.
Ingresó al Liceo Técnico Joaquín Edwards, de la comuna de Macul, junto a su hermano mellizo. Allí optó por la especialidad de Contabilidad, porque tenía habilidades con los números y además le proporcionaba un buen campo laboral, recuerda. Pero su inquietud por enseñar permanecía inalterable.
En marzo de 2006 hizo un reemplazo en la oficina de contabilidad de la Sociedad de Instrucción Primaria de Santiago (SIP), tuvo contacto con docentes y decidió dar un vuelco: se matriculó en Educación Parvularia, en la Universidad Arturo Prat. Una vez que aprobó su examen de grado, la SIP le dio la oportunidad de trabajar en uno de sus colegios. Ella no lo dudó e ingresó al Colegio Rafael Sanhueza Lizardi, donde hizo su práctica como educadora y trabaja hasta hoy, destacando por su entusiasmo, energía y capacidad innovadora.
Esto le ha valido ser elegida la mejor profesora del establecimiento. Una distinción otorgada por sus pares como un reconocimiento al excelente desempeño, compromiso con el proyecto educativo, capacidad de liderazgo y trabajo en equipo. Muy emocionada, participó en una sentida ceremonia en el Liceo Bicentenario donde recibió la medalla institucional.
Educando para revertir futuros
Para esta docente de 33 años, trabajar con niños es la instancia donde se puede moldear sus habilidades y potenciarlos, de modo que ellos después puedan decidir lo que quieren para sus vidas. “Yo era de las alumnas que ayudaba a mis compañeros a estudiar para las pruebas y con las tareas, para mí era muy importante motivarlos para que aprendieran bien”, comenta.
Aficionada a la cocina y al patinaje, esta educadora divide sus tiempos, ya que su quehacer como maestra le demanda muchas horas del día. “Para mí es fundamental preparar material para mis clases y planificar, no me gusta copiar lo que hicimos el año pasado. Creo que ahí está la gran desventaja de algunas de mis colegas, cuando me dicen: ‘No se me ocurre qué hacer para mis clases’. Creo que eso sucede porque se han acostumbrado a repetir lo del año anterior y no a innovar.
“Para mí es fundamental preparar material para mis clases y planificar, no me gusta copiar lo que hicimos el año pasado”.
A mí me encanta planificar tomando como base los aprendizajes esperados de los programas pedagógicos para el Segundo Nivel de Transición (NT2) en sus diferentes ejes: descubrimiento del mundo natural, del entorno social, razonamiento lógicomatemático, iniciación a la lectura y escritura, expresión creativa, motricidad, entre otros. Trato de dar cobertura a todo el programa durante el año, buscando ideas nuevas para los contenidos. Y gracias a la tecnología puedo hacer clases más dinámicas con mis alumnos”, señala contenta.
Un ejemplo de su trabajo de aula es el que realiza al momento de la lectura. Lee un libro a sus 45 alumnos, pero no pide silencio. Al contrario, los invita a participar, respondiendo preguntas durante y después de la lectura. Así logra motivarlos y puede monitorear quiénes están atentos a la historia y quiénes no.
También organiza juegos de roles y por eso en la sala hay disfraces de bomberos, constructores, médicos y soldados, entre otros. Recuerda que en una ocasión cada una de las tías –trabaja con dos asistentes de párvulos- estaba a cargo de un grupo de alumnos. Los niños eligieron quién quería ser doctor, enfermero, paramédico, conductor de la ambulancia, enfermo o accidentado. “De pronto vi a una educadora con vendas en el tórax y en la cintura. Me acerqué y vi dos niños que conversaban mirando una pizarra, entonces les pregunté: ¿Cuál es el diagnóstico de la tía? Ellos levantaron la pizarra, en la que habían dibujado un esqueleto y uno de ellos me dijo en actitud de doctor: ‘La tía tiene las costillas rotas, eso sale en la radiografía’, mientras el segundo niño daba instrucciones para que las enfermeras la vendaran hasta las rodillas. Esto nos sorprendió, porque los chicos tomaron muy en serio el juego de cambio de roles”, relata la educadora.
“Es así como un educador va motivando y creando conocimientos en sus alumnos, dedicándoles tiempo, conversando con ellos, mirándolos a la cara cuando hablan. ‘Tía lo logré, tía lo hice’, esa alegría en sus caritas es lo que me llevo a mi casa. Es ahí cuando me doy cuenta que el tiempo que dediqué a planificar valió la pena”, afirma sonriente.
Inclusión Preescolar
Los niños en estos niveles son sensibles en cuanto a su desarrollo cerebral, la evolución y aprendizaje de emociones e interacciones sociales. Por esta razón es que en la sala de Kínder no existen los sobrenombres. ¿Cómo se erradicó esa situación? Los alumnos aprendieron a tratar a sus compañeros por el nombre, si existen dos o más chicos con el mismo, se les debe llamar por su nombre y apellido. Una sencilla medida, que ha ayudado a eliminar por completo los apodos que aluden a las condiciones físicas o que menoscaban.
Para Úrsula es muy importante conversar con sus alumnos. Está consciente que obviamente influye en ellos lo que escuchan en sus casas y por eso, explica, el colegio trabaja muy de cerca con los apoderados en temas como la integración en la sala. Asimismo, se preocupa de arreglar las situaciones de conflicto de forma inmediata, porque tiene claro que si les sucede algo a los pequeños ellos inmediatamente lo comentan en su casa y generalizan, aun cuando el problema haya ocurrido una sola vez. “Siempre me molestan en el colegio” es una frase que grafica muy bien esto, según la docente.
“Debemos estar atentos a las señales de los niños, si uno de ellos está caminando solo en el patio yo lo invito a jugar. Así, cuando los demás se dan cuenta que la tía está con ese niño, también quieren jugar con él. Después, yo me salgo de la actividad y veo que todos quieren interactuar con ese compañero que nadie había visto”.
Por otra parte, los chicos especialmente en la edad preescolar imitan los comportamientos de los adultos a su alrededor, por eso es tan importante reforzar las actitudes positivas ante los demás. “Debemos estar atentos a las señales de los niños, si uno de ellos está caminando solo en el patio yo lo invito a jugar. Así, cuando los demás se dan cuenta que la tía está con ese niño, también quieren jugar con él. Después, yo me salgo de la actividad y veo que todos quieren interactuar con ese compañero que nadie había visto”, señala.
Además, a pesar de su corta edad hablan mucho entre ellos. Úrsula recomienda a los padres apagar la TV y sus celulares, sentarse a comer y conversar. Dice que es la instancia para preguntarles: ¿Cómo te fue en el colegio?, ¿Qué hiciste hoy? “Todos merecen ser escuchados, más allá de lo que aprendieron en la clase. Quizás alguno no comprendió tanto, pero sí practicó cómo ser perseverante”, recalca.
Hay pequeños que son indiferentes cuando ven llegar a sus padres después del trabajo. No se acercan a saludarlos. En cambio otros gritan de felicidad. La educadora cree que hay que lograr que todos los niños corran a abrazar a sus padres, que les cuentan sus cosas, porque si no al crecer se van a dar cuenta que su familia no sabe nada de ellos, y entonces comenzarán a confiar más en los amigos o en cercanos, fuera de su núcleo afectivo. “Es el inicio de muchos problemas en la adolescencia, porque los padres no saben quiénes son sus amigos”, concluye.
“Úrsula Carvajal: Más que vocación, actitud”, Revista REVEDUC. Ministerio de Educación Chile. N°378/2017



(4 votos, promedio: 4,75 de 5)
Leave A Comment