Después de un día lluvioso, los estudiantes de Nadia Jaboneta, profesora del Pacific Primary, un jardín en San Francisco, California, salieron de la sala para jugar en el patio, estaban explorando la arena mojada y emocionados llamaron a su profesora para que viera lo que habían hecho. Uno de sus estudiantes le dice con orgullo: “esta es nuestra máquina de caca, así funciona”, utilizó sus dedos para hacer girar las ruedas de un camión de juguete que habían puesto encima de una montaña de arena, neumáticos, cubetas metálicas y más camiones. Cuando las ruedas giraron, la arena húmeda saltó hacia todos los lados. “Esa es la caca”, dijo otro de sus estudiantes, mientras otro niño ponía más arena en las ruedas del camión para que la máquina siguiera haciendo su trabajo.
Esto pasó después
Otra profesora le preguntó a Nadia por qué permitía que los niños utilizaran “palabras sucias” que los otros niños no querían escuchar. La solución de Nadia fue invitar a la otra profesora para que antes de juzgar e intervenir en la situación del “vocabulario de baño”, observara detenidamente el complejo análisis que habían hecho los niños para llegar a desarrollar esa idea de la máquina.
La profesora aceptó la idea de observar la situación y entendió algo: el valor del trabajo de los niños y el poco impacto que las palabras “sucias” tuvieron en los demás. Ellos estaban seguros e incluso participaban con el juego que sus compañeros habían inventado. No había motivos para preocuparse.
La reflexión de la profesora
Cuando se trabaja con niños, toma tiempo entender que hay mucha energía en ellos, que a muchos les encantan los juegos bruscos y que el lenguaje escatológico hace parte de su humor infantil, afirma Nadia. Pero una vez que se entiende, otras cosas salen a la luz, por ejemplo: la forma en la que comparten sus espacios y materiales para crear y compartir con los demás. El truco para entender esto es observar de cerca lo que hacen, tal como lo hizo la colega de Nadia; observar para entender qué juegos permiten que los niños aprendan y qué juegos no aportan a su desarrollo. Observar para dejarlos ser y darles espacio para desarrollar esas ideas llenas de creatividad e inventiva son la clave de un verdadero aprendizaje.
Naeyc, The Poop Machine


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