“No sé cómo lo hicieron, pero nos convencieron para transformar el aula en un paisaje prehistórico con dinosaurios”, esto dijo una mamá de Pinolivo, una escuela pública de la ciudad de Marbella, España, donde 11 profesores se esfuerzan a diario por ofrecer una estrategia pedagógica muy especial. Hay varios elementos de Pinolivo que se pueden rescatar. Primero, que los estudiantes son protagonistas respetados, valorados y escuchados. Segundo, que los procesos de aprendizaje están basados en la metodología de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP). Tercero, que el espacio y los materiales son fundamentales en el entorno de esta escuela que además se estructura en tres módulos a los cuales los estudiantes pueden acudir según sus intereses, incluso si su edad no coincide con la edad de referencia de cada módulo.
En otras palabras, los estudiantes pueden moverse de forma libre y compartir diversas experiencias. Pero hay otros dos elementos muy rescatable en Pinolivo… La cohesión de toda la comunidad educativa y la relación con las familias quienes además de participar de manera activa del aprendizaje, tienen una comunicación transparente y comprensiva con la escuela.
Conociendo este contexto, no es difícil entender por qué un grupo de padres convirtió una sala de clase en un paisaje prehistórico.
El proyecto se llamó Proyectosaurio y se realizó en el aula de un grupo de niños de 4 años que al descubrir la nueva ambientación de su sala de clase, quedaron maravillados. Cuando los niños llegan, encuentran la puerta transformada en una boca de dinosaurio, las paredes y el techo en una tupida selva, y los rincones, invadidos con huevos de dinosaurios y otros elementos sorprendentes. Después de una minuciosa exploración, los niños se sientan para analizar el hallazgo. El aprendizaje se basa entonces en un interés común de los estudiantes: los dinosaurios. ¿Dónde viven?, ¿qué características tienen?, ¿cómo nacen sus crías?, son algunas de las inquietudes que los niños pudieron resolver a través de este proyecto. Áreas como lenguajes, ciencias naturales, historia y artes fueron consideradas para este proceso.
De repente, un niño pregunta: “¿quién ha puesto esto?”
Todos los niños empiezan a plantear hipótesis: “un profesor”, dice uno. “Un dinosaurio”, menciona otro. De repente, en una genial ocurrencia, otro niño exclama: “¡un paleontólogo!” y otro dice: “la abuela de Enzo”… Después de muchas sugerencias, los educadores hacen las preguntas indicadas y entonces, finalmente llega la respuesta correcta: “¡nuestros papás y nuestras mamás!”
Efectivamente fueron ellos quienes convirtieron la sala de clase en una jungla prehistórica. Según cuenta una madre de Pinolivo al diario español El País, los profesores de la escuela los arrastran a vivir experiencias inimaginables como estas; con energía y vitalidad los involucran en proyectos que están bien hilados para que los alumnos aprendan conceptos transversales a distintas materias, y lo mejor es que en la escuela, esto es una constante. Los padres en Pinolivo son piezas claves, saben bien qué están haciendo sus hijos, conocen las metodologías e incluso hacen parte de ellas. Tal como los niños, ellos son protagonistas y esto ha convertido a la escuela en un espacio muy valorado por aquellas familias, que al igual que los docentes, se involucran de lleno en el aprendizaje de los niños.

(7 votos, promedio: 4,86 de 5)
Leave A Comment