En Take Part, sitio web que habla de educación y la calidad de ésta como una causa de la que hay que ser parte activa, publicó un proyecto que se llamó “Estudiante por un día”, que significó que cinco profesores en Estados Unidos se convirtieran en alumnos para ver el colegio desde su punto de vista. El resultado: sintieron mucha más empatía hacia los niños.
El día del cambio, los profesores llegaron al colegio a la misma hora que los alumnos, lo que algunos consideraron un lujo de horario comparado con el que ellos tienen de ingreso. Pero los docentes que se quedaron mucho tiempo despiertos el día anterior haciendo tareas, estaban menos entusiasmados con el horario de entrada. Los docentes comprendieron todo lo que pasan sus propios estudiantes, desde lo incómodas que son las sillas de la sala de clases y lo pesada de las mochilas, hasta los cortos cinco minutos que tienen para cambiarse de una clase a otra. También se dieron cuenta de cuán aburridas son algunas clases y su incapacidad de concentrarse durante un día completo. Algunos de los cinco maestros creen que debiera existir un almuerzo mucho más largo para que los alumnos tengan un real quiebre durante el día. Poniéndose en el lugar de sus alumnos, los profesores entendieron mejor la vida de sus estudiantes y cómo toman algunas decisiones. Gracias a eso, podrían incorporar nuevas ideas o soluciones a sus clases.
Ustedes como profesores ¿alguna vez se han sentado en el puesto de sus alumnos para entender simplemente cómo miran la pizarra? Este ejercicio quizá sacó en limpio temas más físicos como la incomodad del mobiliario o el estrés que genera comer rápido para correr a la siguiente clase, pero de todas maneras ayuda a que los docentes comprendan mejor cómo transcurre un día de sus estudiantes y generen empatía con ellos. ¿Lo harían?


Una vez me sentè en un puesto vacío en medio de una clase y descubrí que mi pizarra era un desastre. Ese dí empecè a usar colores, marcar los títulos con flechas y a hacer diagramas de síntesis.