Lavó autos en la universidad para pagar sus estudios, quiso volver a enseñar a la misma escuela donde él estudió y no le gusta que lo llamen el mejor profesor de Chile. Así es este docente de Quillota, uno de los nominados para representar al país en el “Nobel de la Educación”.
Las parvularias que cruzan el patio con dos filas de preescolares tras de sí, levantan y agitan las manos para felicitar a Eduardo Cortés.
Un alumno que no está en clases se acerca al profesor y pidiendo disculpas por interrumpirlo en una entrevista, le dice: “¡Felicitaciones! Sabe que lloraba cuando lo vi. Mi mamá me decía: ‘¡Ganó tu profe!’. Hasta mi cuñado me habló para decirme: ‘Ganó un profe de tu colegio'”.
“¡Superman!” y “Me alegro mucho profe”, son otras frases que se repetirán esta mañana.
Sentado a la sombra de un árbol, capeando el calor antes de que suene el timbre del recreo, Eduardo Cortés (36), profesor de Tecnología de primero y segundo medio de la Escuela Industrial Ernesto Bertelsen Temple de Quillota, y quien esta semana fue elegido como el mejor profesor del país, gracias a quedarse con el Global Teacher Prize Chile 2017 -un premio internacional otorgado por la Varkey Foundation y cuya edición nacional es administrada por Elige Educar-, habla sobre cómo fue el camino para obtener este reconocimiento.
“El momento en que gané me hizo evocar cuando uno tuvo dificultades para estudiar, para comprar los materiales… Llegar a esta instancia donde valoran el trabajo de uno, docente, es muy bonito”.
Cuando estudiaba, Cortés tenía que viajar dos horas y media cada día, para llegar desde Limache hasta la Universidad de Playa Ancha. Con poca plata para comprar los materiales que exigía la carrera, comenzó a vender helados, trabajó en un restaurante de comida rápida, pero siempre se hacía poco.
“Un día tuve que sacar unas fotocopias de 500 pesos y después no tenía cómo volver (a la casa). Fue complejo, pero se me ocurrió pedirle al Franklin, el encargado de las herramientas de los estudiantes de Arte, que me prestara para irme a mi casa. Me dijo que no tenía, pero que don Nelson, un profesor, necesitaba que le lavaran el auto”.
Así comenzó a usar sus tiempos libres para lavar los autos de los profesores. “Estaba orgulloso. Mi mamá siempre me enseñó que había que tener vergüenza de robar, pero este era un trabajo digno”.
Un tiempo después, un profesor lo invitó a concursar en “Quién Merece ser Millonario”, donde ganó $3.200.000 y aprovechó de decir en público que su sueño era trabajar en el mismo colegio donde había estudiado: la Escuela Industrial Ernesto Bertelsen Temple, de Quillota.
“Quería devolver la mano, hacer con los niños lo que hicieron conmigo. Yo tuve un tutor, Óscar Vicencio, que creo que hasta de su bolsillo ponía plata para armarme una cajita de mercadería. Eso te queda. O el profesor de matemáticas, Héctor Gallegos, que ahora es mi colega, que es una alegría cuando ve que a un alumno le resulta algo. Entonces, tenía una motivación de llegar a ser así, ver que hay algo más que la plata. Hay vocación”.
Y agrega: “No soy el mejor profesor de Chile. No es así. Eso es circunstancial. El premio Global Teacher Prize significa que represento, ojalá de buena manera, a un montón de profesores que dejan la vida en el aula. Cuántos profes escondidos en zonas rurales, que hacen clases al mismo tiempo a quinto, cuarto y tercero básico, y que buscan la manera de motivar a sus alumnos, por ejemplo”.
Su vocación lo ha llevado a estimular a sus alumnos a que participen en ferias científicas, e incluso formó el proyecto “Misión Aconcagua”, donde los estudiantes en lugar de construir un panel de circuito eléctrico, cambian toda la instalación eléctrica de casas de la población Aconcagua, cercana al colegio.
“Quiero que los estudiantes puedan mostrar que son capaces. Lo que uno forma aquí, más que un técnico en electricidad, un técnico en electrónica o técnico en mecánica, es una persona que tiene que desenvolverse y aportar en su sociedad”.
Eduardo Cortés, junto a los otros cuatro finalistas chilenos, será nominado para competir por el “Nobel de la Enseñanza”, que se otorga en Dubái. Pero por ahora, el profesor sube al segundo piso para llegar al taller, donde lo espera un curso de segundo medio. Alrededor suyo, algunos estudiantes que bajan la escalera lo comienzan a aplaudir.

Los alumnos se acercan a felicitar a Eduardo Cortés. Algunos también le recuerdan que ahora que ganó 10 mil dólares tiene que pagar la apuesta: un asado.
La mirada de los alumnos
Nicholas espinoza (15) / 2ºmedio
“Sus clases son entretenidas, variadas. Uno tiene confianza de que siempre va a contar con su apoyo para problemas del colegio y de afuera. Cuando vi por facebook que había ganado, me paré y se lo fui a mostrar a mi mamá. Me sentí feliz”
Bastián Peña (17) / 3ºmedio
“Es un buen profesor porque trata de sacarte de la rutina de estar en una sala de clases escribiendo y pasando materia. Siempre trata de innovar con proyectos que sirven. Con él hicimos una máquina soldadora con desechos de microondas y puras cosas recicladas”
Benjamín Carvajal (16) / 2ºmedio
“Yo con el profesor tengo un lazo súper fuerte. Aparte de hacer clases es más cercano A veces también nos juntamos a hacer música. Yo vivo en la población Aconcagua Sur y ahora me eligió para que mi casa sea beneficiada con el proyecto: la idea es arreglar todo lo que tenga que ver con electricidad”
“Lo que uno forma aquí es una persona que tiene que desenvolverse y aportar en su sociedad”, Amalia Torres Educación, El Mercurio.

Leave A Comment