Una encuesta online realizada por el Pew Research Center en Estados Unidos, analizó el impacto que las herramientas digitales tenían en la escritura de los estudiantes. La mitad de los profesores que contestaron la encuesta respondieron que las herramientas digitales motivaban a los estudiantes y hacían que escribir fuera más fácil para ellos. En otra encuesta, el 40% de los profesores aseguraron que sus estudiantes compartían sus trabajos de manera pública utilizando blogs y otros espacios en Internet. Por otra parte, esos mismos estudiantes utilizaban la microescritura, una modalidad a través de la cual se utilizan distintas plataformas digitales para transmitir, describir y analizar pensamientos, opiniones y compartirlas con una audiencia particular de una forma corta.
El impacto de las herramientas digitales como Instagram, Twitter, Facebook, Tumblr y Snapchat es un hecho.
Independiente al contexto de estos resultados, sabemos bien los estudiantes están haciendo uso de las redes y utilizarlas para trabajar en el aula y desarrollar habilidades puede ser la mejor forma de integrarlas en el aprendizaje, especialmente en el desarrollo de la escritura y las habilidades comunicacionales en general. ¿Por qué? porque a través de éstas redes los estudiantes pueden ver la escritura como un hecho relevante en la comunicación de ideas en la era digital.
Twitter es el ejemplo de un medio donde se puede practicar la “microescritura” con grandes audiencias, pero Instagram no se queda a un lado.
Las Instagram Stories es una función de Instagram que permite subir videos cortos con textos e imágenes que complementan la historia. Este tipo de herramienta permite que los estudiantes sean creativos y escriban sobre los temas que son relevantes para ellos día a día. Una profesora de la Universidad Estatal de Florida (en Tallahassee) llamada Hannah Menendez, ha aplicado proyectos interesantes y de alto impacto social con sus estudiantes a través de la “microescritura”. Por ejemplo, en uno de estos, un estudiante exploró la representación mediática de los inmigrantes y refugiados. Para eso, habló con estudiantes de intercambio para que compartieran sus estudiantes en conjunto con una fotografía, y creó una cuenta de Instagram donde compartió estas fotos con sus historias respectivas.
Los ejercicios de microescritura de Menendez hacen parte de proyectos de investigación y sirven para sintetizar un contenido que es largo, en pequeñas piezas escriturales que llegan a muchas personas a través de las redes. Por esta razón ella cree que este método puede ayudar a sus estudiantes a abarcar más e impactar más allá de la sala de clase.
Estudiantes del siglo XXI
Menendez asegura que en pleno siglo XXI es importante ver a los estudiantes como co-creadores de su propio aprendizaje y para esto, las redes sociales son una buena alternativa. No sólo porque de ahí sacan un alto porcentaje de información, sino porque es indispensable integrarlas para disminuir la brecha entre la enseñanza de la escritura tradicional y el desarrollo de habilidades de la comunicación que los estudiantes de hoy necesitan.
Pero lo importante es tener claro que los ejercicios de microescritura, son un complemento de formas de escritura más largas y elaboradas como ensayos o investigaciones. ¿El beneficio de entenderlo y aplicarlo así? Estudiantes que crean piezas de microescritura que incluyen habilidades propias del pensamiento crítico.
“Quiero que piensen a través de lo que leen online para que apliquen todas las habilidades que aprenden en clase –evaluando la credibilidad de la fuente, identificando falacias lógicas, identificando la parcialidad, escribiendo con argumentos basados en evidencia sólida– en plataformas sociales, tanto como lo hacen en sus trabajos académicos”, afirma Menendez.

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