Del otro lado del teléfono se oye a un hombre sereno que advierte la hora. Son las 19.10 y en 50 minutos deberá estar en la terminal de ómnibus de Bahía Blanca (Argentina), su ciudad natal, para recorrer los 170 kilómetros que le demandarán dos horas y media de su vida y le permitirán llegar a Villalonga, partido de Patagones, en donde vive y se desempeña como docente de inclusión.
“Soy ciego desde que nací”, explica Lucas Romagnoli. “Y si tuviera que definirme soy alguien que siempre busca proyectos innovadores y el bienestar de la gente de las personas con discapacidad. Docencia en todo el sentido de lo que significa esa palabra”, cuenta a Infobae el hombre de 38 años.
Villalonga abriga a menos de 5 mil habitantes. Allí, en la Escuela Especial Nº 502, Romagnoli es docente de Informática, utilizando programas específicos como lectores de pantalla para que los alumnos puedan desarrollar todo el resto de las materias en la escuela. “También a manejarse en el colegio, a usar el bastón blanco en el caso de los alumnos ciegos. El bastón verde para aquellos que tienen baja visión. Estoy en el área de inclusión de la escuela secundaria, en donde coordino con los profesores. Ellos me dan los trabajos con anterioridad, los escaneo y los paso a word para que los puedan leer”, explica.
“Los chicos ciegos tienen la compu con lector de pantalla o el teléfono que les habla. En las redes sociales podés escuchar lo que la gente pone, sin intermediarios. Antes yo encontraba un texto y sí o sí tenía que estar en braile. Ahora es todo mas instantáneo. El que quiere estudiar abogacía puede hacer su propio material y descargarlo. Todos los potenciales adquiridos son maravillosos”, sostiene.
Lucas estudió en Bahia Blanca. Hizo la primaria y la secundaria en una escuela tradicional, de manera integrada, para después volcarse al profesorado en otra de educación especial. “Previo a eso hice dos años de abogacía. Después dejé porque no era el camino que tenia que seguir. Comencé a dar charlas en escuelas comunes sobre cómo se manejan las personas ciegas. Eso fue en 2002. Tuve una gran repercusión en Bahía Blanca, me encantaba escuchar a los chicos. Otros me decían que eran villeros, que me iban a faltar el respeto. Y nunca me pasó nada de eso. Ahí me dije: ‘tenés que ser maestro’. En 2003 comencé el profesorado”.
Apenas algunos años más tarde, con el título en mano, entendió que “la sociedad debe abrirse pero no debemos esperar a que suceda por arte de magia. Hay que mostrarle a la sociedad cómo abrirse”. Su pensamiento aún perdura y es esta la idea que lo motiva: “Las personas ciegas de antes no tenían esta apertura. Todos eran más cerrados. Salvo algunas excepciones no se abría la gente, eran otros tiempos”, recuerda.
Nació ciego y dejó abogacía para ser docente inclusivo: “Busco que los chicos cumplan sus sueños”. Infobae.



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