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Desempeño de los docentes

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Desempeño de los docentes

Escrito por: Equipo Elige Educar

junio 3, 2015

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Dime qué esperas de tus profesores y te diré lo que pueden lograr. A estas alturas del partido, las expectativas que poseen los docentes respecto al aprendizaje de sus alumnos –y a su propia capacidad de incidir en dichos avances– juegan un rol fundamental dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, y muchas veces determinan el éxito o fracaso de éste. Desde la década de los sesenta, numerosas investigaciones han comprobado que las altas expectativas no sólo tienen un impacto significativo en las oportunidades de aprendizaje que los docentes entregan a sus alumnos, sino que inclusive en las expectativas que éstos tienen sobre su propio desempeño. Por lo mismo, existe un amplio consenso en torno a la necesidad de atraer a profesores en ejercicio y estudiantes de pedagogía que muestren un alto potencial en este atributo, considerando que es un gran predictor de su desempeño y de los aprendizajes que obtendrán sus estudiantes.

Sin embargo, no se ha reparado en que eso mismo se aplica a un nivel más amplio, es decir, que las expectativas que el sistema educativo deposita en los docentes van determinando sus propias expectativas y su desempeño dentro del aula. Las expectativas no son algo etéreo o abstracto, sino que se traducen en señales concretas. En la medida en que el sistema educativo y la sociedad esperan poco de sus profesores, es altamente probable que estos den poco a cambio.

En ese sentido, los bajos salarios, la escasez de horas no lectivas para planificar, el exceso de trámites administrativos, un currículum sobredimensionado, una formación inicial deficiente y carreras de pedagogía poco selectivas y desafiantes, son señales claras de que el sistema espera poco de sus docentes, de que no hay grandes expectativas en lo que pueden lograr, y de que lamentablemente los resultados de los alumnos están más determinados por su nivel socioeconómico que por la calidad de su educación. Si bien la ciudadanía reconoce su valor e importancia, existe una estructura sistémica que apunta en la dirección opuesta, y que por lo mismo es urgente cambiar.

Por esto es que la Política Nacional Docente que crea un nuevo Sistema de Desarrollo Profesional para los profesores, representa una oportunidad única para dar un primer paso en la dirección correcta; oportunidad que no podemos desaprovechar. Está claro que los maestros son los llamados a liderar la gran revolución educacional que nuestro país sueña, esa en la que todos puedan aprender independiente de su cuna, por lo que todavía se requiere un mayor esfuerzo de política pública para transformar la enseñanza y encauzar las voces críticas de algunos hacia la convicción de que Chile requiere depositar altas expectativas en sus docentes.

En concreto, dar más horas para que planifiquen, elevar la tasa de remuneraciones e incentivar la formación continua es una manera real de expresar mayores expectativas y esperanzas en su labor. Claramente, el proyecto de ley presentado por el Ejecutivo ya se compromete con un salto sustancial en todas estas líneas, pero esto no alcanza todavía para equiparar a la docencia con las profesiones más valoradas. Aquí no nos podemos caer como país: si de verdad creemos en el poder transformador de la pedagogía, no podemos hacer cambios a medias. Chile necesita un nuevo trato que sitúe la profesión docente como la más importante de todas, transformándola en una alternativa atractiva para miles de jóvenes con vocación, altas expectativas y talento por la enseñanza, que asegure un desarrollo profesional de alto estándar para todos los educadores.

Ahora bien, no sólo de remuneraciones y mayor gasto se construyen las nuevas expectativas, sino que de lo que esperamos como país de la enseñanza en el aula. No podemos aspirar sino a contar con docentes que entreguen oportunidades de aprendizaje a todos los niños del país, situación que el proyecto hoy, tal como está, no garantiza completamente. Y si un sistema educativo no espera que todos los docentes den oportunidades de aprendizaje a todos sus alumnos, difícilmente creerá que todos ellos pueden aprender.

La Presidenta fue enfática en su discurso del 21 de mayo: la invitación a los maestros es a sumarse para perfeccionar el proyecto. Esta iniciativa legal es un avance importante, pero existen algunos aspectos a mejorar que llevarán a la Política Nacional Docente a buen puerto, tales como: aumentar la remuneración en los primeros 15 años de carrera; llegar a un 40% de tiempo no lectivo; incentivar con fuerza el trabajo en escuelas con situación de vulnerabilidad; construir una evaluación docente que facilite la mejora pedagógica; incorporar antes a las etapas de desarrollo a quienes trabajan en la educación inicial; y fomentar que todos los docentes del sistema alcancen el nivel “Avanzado” que propone el proyecto de ley.

El camino para hacer estos cambios es hacerse parte de este proceso de mejora; de lo contrario sólo se contribuirá a dañar la imagen que el país tiene de sus educadores. Estoy convencido de que si Chile espera grandes cosas de sus profesores y los apoya adecuadamente, los docentes lo dejarán todo en la cancha.

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2016-09-15T15:26:19+00:00 junio, 2015|Testimonios|0 Comments

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