Después de varios meses de discusión sobre la reforma educacional, con temas de mayor y menor polarización, nos damos cuenta que el proceso a desarrollarse en la política educacional está cargado de preguntas de difícil solución y de grandes espacios para divergencias políticas, lo que en muchos casos sobrecarga la discusión educacional. Así, después de 8 meses de discusión, tiene sentido preguntarse cuál es el mejor clima político para avanzar con la gran reforma educacional que Chile necesita.
¿Cómo hacer una reforma educacional sólida y transformadora, pensando en el largo plazo? ¿Cómo hacer una reforma legitimada socialmente, que realmente expanda la frontera de oportunidades a nuestros niños, niñas y jóvenes? ¿Cómo hacer que, en definitiva, todos los niños de Chile y sobre todo los que encarnan la mayor desigualdad social, tengan la posibilidad de ser incluidos en el mundo del aprendizaje?
Lo más probable es que el mejor camino sea lo propiamente pedagógico; conocimiento y diálogo como los actores claves y mínimos de cualquier proceso educativo, que deben transformarse en los imperativos de la reforma, los mandamases del proceso y jueces de la legitimidad y la base del entendimiento.
Y ahí, a la luz del conocimiento y el diálogo con todas las partes, descubriremos una nueva magnitud de la reforma, nos encontraremos con distintas urgencias y preocupaciones, y con experiencias que no habían sido consideradas. Quizás encontraremos más acuerdos y comprenderemos las divergencias, los votos serán juicios formados y no prejuicios creados. Las aulas de Chile están repletas de estos procesos de cambio, de decisiones grupales de miradas heterogéneas que en las aulas deben encontrar un camino común. Procesos que construyen confianza.
Este camino puede sonar idílico para muchos, tanto como para otros es idílico creer que la reforma educacional será capaz de resolver todos los problemas que promete. Y por eso mismo es el mejor indicador de si somos o no capaces de, como sociedad, construir un quiebre que nos lleve más allá de nuestro determinismo socioeconómico.
Son pocos los países que han logrado estos saltos en los últimos años. Construir procesos, con acuerdos, para dar un salto social con la educación como base, ha sido el caso de una decena de naciones en las últimas décadas. Todas pusieron la educación por delante y construyeron procesos que lograron profundas transformaciones, y dieron tiempo y recursos a los cambios.
Los chilenos tenemos hoy esa posibilidad, no sólo en los hombros de la nuestros legisladores, sino en la capacidad de articulación y diálogo de la ciudadanía. Ejemplo claro han sido los 4 meses de trabajo de El Plan Maestro, proceso que en 120 días generó más de 120 propuestas para el fortalecimiento de la profesión docente, desde las bases del sistema educativo. Más de mil personas participantes y una exhibición de educación cívica en su total esplendor.
Si de verdad nuestros políticos creen en el poder de la educación, entonces ese será el camino. Hoy el test de verdad es cuán dispuestos están nuestros políticos a construir un proceso educacional transformador para la construcción de la reforma.

Excelente. Clarito como el agua…
Saludos