“He estado enseñando durante mucho tiempo y, al hacerlo, he adquirido un conocimiento sobre los niños y el aprendizaje y me gustaría realmente que más gente comprendiera el potencial de los estudiantes”, así empieza Diana Laufenberg, (profesora de estudios sociales en Wisconsin, Estados Unidos) una charla TED en la cual parte hablando de la vida de sus padres, la de sus abuelos y su propia vida, para llegar a un tema que concierne a todos los educadores: el aprendizaje a través del error.
Actualmente, Diana es profesora en la Academia de Ciencias y Liderazgo, una escuela pública en Pensilvania donde se enseña de una forma muy diferente.
Allí tienen un programa de laptop por alumno, esto significa que los estudiantes pueden llevarse el computador a casa todos los días para acceder a toda la información que necesitan. Diana llegó allá con el fin de entrar justamente en un espacio educativo que entendiera la importancia de abandonar ciertos paradigmas educacionales del pasado, un pasado en el cual los estudiantes (sus abuelos y sus padres) no tenían otra opción que ir a la escuela para instruirse y acceder a la información con el apoyo de un profesor. A partir de todo esto, la educadora plantea unas preguntas…
¿Qué hacer cuando la información es omnipresente? y ¿por qué debemos mandar a los niños a la escuela si ya tienen acceso a toda la información posible?
Frente a todo esto, dice ella, hay algo fundamental: cuando se le da todas la herramientas de acceso a la información a los estudiantes, es indispensable sentirse cómodos con la idea de permitirle a los niños equivocarse como parte del proceso de aprendizaje, especialmente porque ahora, con esa gran apertura de posibilidades de acceso a la información, estamos lidiando con una cultura de “respuesta correcta única”.
“Estoy aquí para compartirlo con uds: eso no es aprender. Es lo peor que podemos hacer… pedirle a los niños que nunca se equivoquen. Pedirles que siempre den la respuesta correcta; eso no les permite aprender”, dice Laufenberg.
Para sustentar esta idea, Diana compartió un proyecto que hizo con sus estudiantes: una infografía sobre el derrame de petróleo.
Ella les pidió que tomaran ejemplos que estuvieron viendo de infografías existentes en muchos medios de comunicación, que observaran cuáles eran los componentes interesantes y que hicieran su propia infografía a partir de desastres artificiales en la historia de EE.UU. No fue fácil, pues nunca habían hecho algo así y resultaba ser un gran desafío. Pero lo hicieron… Diana abrió este espacio y los dejó crear libremente. Cuando presentaron los proyecto, Diana les preguntó cuál de todas era la mejor infografía. Todos seleccionaron la que a simple vista se veía extraordinaria en términos de diseño… Sin embargo, cuando la leyeron descubrieron que tenía fallas y que después de todo no era tan extraordinaria como creían. Luego evaluaron otra infografía y no era tan llamativa como la primera, pero sí tenía muy buena información.
Durante una hora, ella habló con sus estudiantes del proceso de aprendizaje e hizo evidente el hecho de que no se trataba de hacer una infografía perfecta, se trataba simplemente de crear… crear para equivocarse, procesar y aprender de eso. Y de hecho lo consiguieron. Más adelante repitieron el ejercicio y lo hicieron mucho mejor.
“Porque el aprendizaje requiere de una dosis de fracasos; porque al equivocarse uno aprende en el proceso”, dice la profesora.
La educación ya no es solo ir a la escuela
Para concluir su charla, Diana Laufenberg afirma que aprender ya no está ligado a la idea de ir a la escuela, tal como lo hicieron sus antepasados. Contrario a esto, ella afirma que para que los niños aprendan es importante plantear preguntas y desafíos interesantes, pedirles que visiten lugares, que vean las cosas por sí mismo y experimenten realmente el aprendizaje.
“La idea principal es esta: si seguimos viendo a la educación como si se tratara de ir a la escuela en busca de información y no como un aprendizaje empírico que potencia la voz del estudiante y acepta el fracaso, nos estamos equivocando. Y todo aquello de lo que el mundo está hablando hoy no sería posible si seguimos con un sistema educativo que no valore estas cualidades, porque no lo vamos a lograr con pruebas estandarizadas y tampoco con una cultura de respuestas correctas únicas. Sabemos cómo hacerlo mejor y es hora de hacerlo mejor”.



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