Kristiina Kumpulainen, Directora del Centro de Aprendizaje Lúdico de la Universidad de Helsinki, es experta en la transición que viven los niños al pasar de kínder a primero básico. En su paso por nuestro país el año 2016 expuso sobre cómo el juego ayuda al aprendizaje. ¿Quieres leer más de este tema para apoyar a tu hijo o estudiante en esta etapa? Te presentamos la entrevista que El Mercurio hizo a Kristiina Kumpulainen:
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Kristiina Kumpulainen, directora del Centro de Aprendizaje Lúdico de la U. de Helsinki:
“A medida que se crece, la idea de moverse y explorar más allá del aula se pierde”
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lunes, 28 de marzo de 2016
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Por M. Cordano
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La especialista, que se ha dedicado a investigar cómo se vive la transición de kínder a 1° básico, insiste en la importancia de fomentar la enseñanza a través del juego.
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El Centro de Aprendizaje Lúdico de la Universidad de Helsinki es una sala dedicada a enseñar a niños y profesores. Está ubicado en la Facultad de Pedagogía de la institución finlandesa y cuenta con cojines en el suelo, mesas con lápices de colores y muebles con ruedas que se mueven de un lado a otro. Además de coloridos, los estantes son particularmente bajos: el objetivo es que los preescolares accedan a ellos sin mayor dificultad. Aunque dentro de la sala se ve que una de las paredes es un espejo, del otro lado es posible notar que se trata de una sala de observación.
Los niños no se dan cuenta, pero a través de la muralla falsa es posible seguir sus movimientos. La idea del centro es esa, conocer cómo se desenvuelven ante un área especialmente creada para fomentar su imaginación.
“También es una forma de evaluar cómo se manejan los futuros docentes en contextos donde se promueve que los más chicos descubran y experimenten por cuenta propia. El currículo finlandés habla de fomentar el aprendizaje a través del juego en los primeros años de infancia, por lo que es una forma de medir qué cosas hacen sus profesores para incentivarlo”, explica Kristiina Kumpulainen, directora de este centro, que funciona desde el año 2014.
Invitada a participar en el seminario “Transiciones educativas: juego, agencia y autorregulación” que organizó el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, Kumpulainen explicó que bajo el afán de hacer que aprendan a leer o escribir antes, muchas instituciones tienden a olvidar que es fundamental que los niños se formen a través del juego.
“Jugar supone que hay un compromiso emocional de por medio, lo que vuelve todo mucho más interesante. Permite desarrollar la autorregulación, controlar emociones, aprender a trabajar con otros y saber generar compromisos para lograr acuerdos”, dice.
Además -agrega-, una cosa no quita la otra: jugar es una forma de hacer que los preescolares aprendan de números y letras. “Se pueden tomar bloques tipo lego y con eso crear una historia. A los niños se les puede pedir que narren eso que está ocurriendo, pidiéndoles descripciones de ese mundo que van creando. Ahí mismo se puede incorporar el concepto de cantidades”.
Para aprender conceptos de lectoescritura, una sugerencia es generar dinámicas en movimiento. “No solo escribir letras en un papel, sino pedirles que las actúen usando el cuerpo”, indica.
Actividades como esta no solo transforman la materia en algo más entretenido, sino que fomentan que los niños se muevan y hagan ejercicio. No deja de ser necesario en una época donde priman las pantallas y el concepto de colegio se asocia a estar varias horas sentado en una silla, plantea la especialista.
“Suele pasar que a medida que se crece, la idea de moverse y explorar más allá del aula se pierde. Por eso creemos importante estudiar qué ocurre en la transición de prekínder y kínder a la enseñanza básica”, indica la especialista, quien durante su paso por Chile se reunió con académicos trabajando en un Fondo de Investigación y Desarrollo en Educación (Fonide) en torno a la articulación entre ambas etapas.
Para entender los cambios que se viven de un curso a otro, en Finlandia se promueve el que los alumnos documenten sus sentimientos a través de dibujos que más tarde se guardan en un portafolio. “Así fue que notamos que muchos dejaban de hacer actividad física cuando terminaban prebásica”.
También se dieron cuenta de que muchos alumnos de 1° básico sentían que adquirían mayores responsabilidades, pero que no tenían a alguien cercano que apoyara este proceso. Por eso decidieron reunirlos con los niños que cursan 3° básico, quienes hacen de padrinos.
Fuente: “A medida que se crece, la idea de moverse y explorar más allá del aula se pierde” – Margherita Cordano – El Mercurio

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