Gracias a los múltiples títulos que consiguió en la primera mitad del siglo XX, la selección de Uruguay se transformó en una de las potencias del fútbol mundial, lo que sumado a la mundialmente famosa “garra charrúa”, la convirtieron en una selección que nadie quería enfrentar. Sin embargo, a comienzos de los 2000, el prestigio de Uruguay había disminuido básicamente por la ausencia de logros y buen rendimiento.
Esta situación comenzó a cambiar en 2006, gracias a las herramientas pedagógicas y el plan de trabajo de un DT que recuperó la mística uruguaya y que, hasta hoy, sigue buscando nuevos títulos. Se trata de Óscar Washington Tabárez le apodan “Maestro”, precisamente porque es profesor de educación básica. Tabárez estudió y ejerció la docencia a la par de su carrera futbolista.
Tabárez hizo clases en escuelas de zonas rurales de Montevideo, donde también contribuyó a la alfabetización de adultos e, incluso, aportó en la educación de niños con discapacidad visual. Tras su retiro como futbolista en 1978, en el Bella Vista de Uruguay, decidió seguir una carrera como DT, pero el “Maestro” nunca olvidó que la pedagogía brinda métodos de enseñanza aplicables más allá de la sala de clase. Con ella, rápidamente llegó a dirigir los principales equipos en Uruguay, Colombia, Argentina, Italia y España, y a ganar títulos como la Copa Libertadores y América, entre otros.
La importancia de la formación
Tabárez recuperó las bases del fútbol uruguayo: ordenado, aguerrido y con personalidad. Esto lo consiguió porque el método que utiliza el DT es muy didáctico, logrando transmitir de manera clara sus conocimientos. Además del trabajo táctico, como buen educador, Tabárez le da mucha importancia a la formación integral de los futbolistas, donde le pide a los jugadores que estén constantemente estudiando fútbol.
“Antes de que llegara el ‘Maestro’, en la selección no había orden ni método. Recién comenzábamos a preparar un partido 2 días antes de jugarlo, y casi nunca se repetían los nombres o formaciones. Desde que él está a cargo, hubo un plan de trabajo y se conformó una base de jugadores que estableció un equipo y una forma de jugar clara, independiente de que en algunos partidos se hicieran cambios. Logramos una identidad de juego”, señaló Diego Forlán, ex capitán de Uruguay, en una entrevista a ESPN hace unas semanas.
A diferencia de otros técnicos que se limitan a dar directrices, Tabárez se preocupa del aprendizaje y desarrollo de sus pupilos. Así lo ha hecho con jugadores como Luis Suárez, Edinson Cavani o Diego Godín, guiándolos en su carrera para convertirse en los mejores del mundo. Además, el “Maestro”, al igual que nuestros profesores, es humilde al reconocer que el éxito no son solo los triunfos visibles, sino que también valora el proceso mismo de aprendizaje como un logro.
“Está muy bien festejar partidos ganados, festejar triunfos, pero quizás el mensaje que habría que dejar es que no nos quedemos solo con los resultados para valorar lo que se hace. El éxito no solo son resultados, sino las dificultades que se pasan para obtenerlos, la lucha permanente, el espíritu de plantearse desafíos y también la valentía para superarlos. El camino es la recompensa”, señaló Tabárez tras su regreso a Uruguay luego de obtener el 4° en el Mundial de Sudáfrica 2010.
Pese a que no ha vuelto a ejercer la docencia en la escuela, el “Maestro” colabora permanentemente en programas que fomentan el desarrollo del deporte en los niños y jóvenes de Uruguay, cuya finalidad es incluir socialmente a los más desfavorecidos a través de la práctica deportiva.
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