En palabras simples, el Global Teacher Prize es hoy algo así como “el Nobel de la enseñanza”. Se trata de un reconocimiento entregado desde el año 2015 que, en poco tiempo, se ha posicionado como uno de los reconocimientos más importante a la labor docente al rededor del mundo, entregando US$1 millón a un profesor excepcional que ha aportado de forma sobresaliente a la profesión. El premio fue creado por la Fundación Varkey, que trabaja para mejorar la educación de niños vulnerables al rededor de todo el mundo, y su objetivo es contribuir a comprender la importancia de los educadores y reconocer su trabajo, entendiendo que ellos son pieza clave para mejorar las oportunidades de estos niños, sin importar en qué país nos encontremos.
Es precisamente ese impacto el que Global Teacher Prize demuestra a través de sus 50 finalistas 2016, proveniente de los más diversos países de todo el mundo. Esta semana, en donde conmemoramos el Día Internacional de la Mujer a través de nuestro especial #MujeresEnLaEducación, compartimos con ustedes las historias de algunas de las profesoras que han sido reconocidas como finalistas en este reconocimiento.
Si te gustaría que tu profesor, al igual que Aqeela, sea reconocido mundialmente como uno de los mejores profesores, te invitamos a participar del Global Teacher Prize Chile, que Elige Educar en conjunto con la Varkey Foundation, han organizado; es muy simple, sólo debes ingresar al sitio web https://www.gtpchile.cl y nominar al profesor. Nosotros tomaremos contacto con él y lo invitaremos a terminar su postulación.
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Aqeela, la profesora que ha logrado cambiar la historia de cientos de niños desde un campo de refugiados
Aqeela Asifi es una profesora que ejerció por años su profesión en Afganistán cuando la educación en ese país era libre para todos. Sin embargo, se vio forzada a dejar el país cuando los talibanes tomaron el poder en 1992.
Cuando llegó como refugiada al campamento de Kot Chandana en Pakistán no había escuelas funcionando en el área, y fuertes actitudes conservadoras consideraban que la educación para niñas era mal vista, y que la existencia de profesoras era impensada.
Aqeela decidió entonces montar una escuela en una carpa prestada y trabajó duro para superar las resistencias y actitudes negativas. Veinte familias accedieron a que sus hijas asistieran a la escuela, y se enfocó inicialmente en enseñar materias no controversiales, como higiene personal, habilidades para el manejo del hogar y educación religiosa. Luego de ganarse la confianza de la comunidad Aqeela pudo comenzar a trabajar la alfabetización, el idioma Dari afgano, matemática, geografía e historia. No contaba con dinero para recursos como pizarrones, por lo que se le ocurrió coser piezas de tela con textos manuscritos en las murallas de la carpa, y transcribir a mano libros completos durante la noche. Sus estudiantes escribían sus primeras palabras en la tierra del suelo.
En una historia extraordinaria de valentía y determinación contra los obstáculos, Aqeela tomó la misión durante más de 23 años de exilio de llevar educación a niñas refugiadas en una comunidad remota de Pakistán. Hoy, ya hay nueve escuelas en el campamento, donde muchas profesoras enseñan a más de 1500 estudiantes en total, incluyendo a 900 niñas y jóvenes. Con educación, el matrimonio forzado de niñas ha disminuido en la comunidad. De la escuela de Aqeela se han graduado más de 1000 jóvenes, principalmente refugiadas afganas pero también mujeres de Pakistán. Algunos estudiantes incluso han continuado su educación, llegando a ser doctores, ingenieros, oficiales de gobierno y docentes en Afganistán.
La profesora Asifi ganó en 2015 el premio Nansen para los Refugiados, entregado por Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.
En este video, subtitulado en inglés, puedes conocer más de la increíble transformación liderada por esta profesora:
[bctt tweet=””Si educamos a las niñas, educamos generaciones”, Aqeela Asifi.”]
