Andrea Fuenzalida, profesora de Ed. General Básica, quiso compartir con nosotros su testimonio luego de vivir -la semana recién pasada- uno de los momentos más importantes de su vida: la primera vez que se enfrentó a un aula como profesora recién titulada. A través de estas líneas nos cuenta cómo fue esta experiencia, sus aprendizajes durante estos primeros días y las expectativas que tiene a futuro para ella y sus alumnos.
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“Escribir sobre mis primeros días como profesora principiante es un ejercicio de reflexión y catarsis. Faltarían caracteres para dar cuenta de todos los aprendizajes y descubrimientos que ya, en pocos días, he logrado consolidar. ¿Mi primer aprendizaje? Simple: ser profesor no es fácil. Parece obvio, redundante y probablemente no es la primera vez que se dice. ¿Cuántas veces lo hemos escuchado antes?, ¿Cuántas veces hemos cuestionado lo difícil que puede llegar a ser? Sin embargo, no logras dimensionar la complejidad sino hasta que entras de lleno a la sala de clases. Y la semana recién pasada fue mi turno.
Durante los días previos al inicio del año escolar, los miedos y las inseguridades inundaron mis vacaciones. No sabes qué te espera dentro de la comunidad educativa a la que ingresas. Todos los textos que leíste en la universidad, las observaciones a otros docentes, los trabajos de análisis, las estrategias que aprendiste y las prácticas que tuviste, resultan escasas e insuficientes al momento de enfrentarte con una realidad que no conoces en su cotidianidad. Sin embargo, poco a poco esas inseguridades comienzan a disiparse cuando escuchas el buen consejo de algún profesor con más experiencia, o cuando en el primer consejo de profesores se resuelven muchas de las dudas que tenías y, por sobre todo, cuando te encuentras cara a cara con los estudiantes con los que trabajarás.
Estos días, más que nunca, he vivido en carne propia el desafío de ser profesor. Los desafìos y oportunidades que tengo dentro de la sala del 1° Básico del que estoy a cargo son múltiples: diferentes ritmos de aprendizaje, decenas de personalidades totalmente disímiles, varios pares de ojos que observan lo que hago y oídos que escuchan todo lo que digo. Por eso, mis cinco sentidos deben estar atentos para no pasar nada por alto. Espero que día a día pueda consolidar con más fuerza la capacidad de escucha, de atención y de detectar las necesidades de cada estudiante, para que así todos logren aprender.
El segundo aprendizaje -y a mí parecer el más importante- es que el trabajo de un profesor es sumamente gratificante. No fue difícil aprender esto. Las muestras de cariño, afecto y agradecimiento de los estudiantes no tardan llegar, y toda dificultad finalmente se ve resuelta gracias a estos sentimientos. Más allá del cariño, el aprendizaje que logra un estudiante es la gratificación más intensa. Te das cuenta que impactas, que expandes horizontes y que contribuyes a que un estudiante potencie todas y cada una de sus capacidades.
Probablemente, esta semana cometí muchos errores, pero quedan tantos espacios para aprender, que esto no hace más que motivarme para ser cada día una mejor maestra. Espero con ansias caminar y mejorar junto a mis estudiantes y que la pasión por ser profesor no decaiga nunca”.

