En 2007 la Escuela Rural de San Francisco de Cunco Chico, ubicada a 17 kilómetros de Temuco, obtuvo el peor puntaje histórico del Simce: 143 puntos. Esta situación -apoyada por varios medios- creó un terrible estigma sobre la escuela: se convirtieron en la “peor de Chile”. Esto no sólo afectó la autoestima de toda la comunidad, sino también su matrícula, la que disminuyó con fuerza al año siguiente. Ese mismo año, la Fundación Educa Araucanía decidió apadrinar a la escuela para mejorar la infraestructura y los resultados para cambiarle la cara al establecimiento.
“Cuando llegamos, la escuela no tenía agua, no retiraban la basura, las salas se llovían y no había calefacción, así que la primera misión fue recuperarla, pero nos dimos cuenta que mejorar la infraestructura no aseguraba mejores resultados”, cuenta cuenta Valeska Véliz, directora ejecutiva de la fundación. “Debíamos hacer un trabajo importante por tener a profesores motivados y capacitados, capaces de ejercer un liderazgo eficaz para el aprendizaje“.
Hoy, la escuela y la fundación han establecido un modelo de educación rural básica que buscan replicar en otras escuelas rurales del país. Con este modelo, la escuela logró subir más de 99 puntos en el Simce de Lenguaje de 4° básico, y otros 148 puntos en Matemáticas, pese a tener un Índice de Vulnerabilidad Escolar de 94,6%. Incluso, de las 8 pruebas Simce que rinde la escuela, 7 alcanzan o superan la media nacional.
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Mucho más que mejorar el Simce
Pero no sólo los mejores resultados en esta prueba dan cuenta de este positivo cambio, que logró trascender más allá de lo meramente académico. Según Valeska, muchas veces existe una mirada romántica sobre la educación rural del país, con profesores unidocentes y alumnos que caminan kilómetros para poder educarse. Sin embargo, los desafíos de las escuelas rurales son muchos más que esos. Valeska señala que las cifras de deserción y rendimiento escolar demuestran que se trata de un modelo que muchas veces, al no contar con el apoyo necesario, no alcanza a entregar las herramientas necesarias a los alumnos de zonas rurales.
“Cuando el mejor alumno de un 8° básico de una escuela rural no continúa en la educación media es porque algo está fallando. Sabemos que el éxito de nuestra escuela no son los resultados Simce, sino que nuestros alumnos completen sus estudios y sigan hasta la educación superior“, dice Valeska.
El modelo de educación rural que establecieron se basa en 3 pilares. El primero es tener cursos separados, a diferencia de muchas escuelas rurales que son multigrado. El segundo es contar con profesores especialistas en cada asignatura, con el fin de formar un equipo docente capacitado en metodologías y aprendizaje en cada materia. Por último, que los profesores ejerzan un liderazgo eficaz en el aprendizaje, mediante una capacitación y perfeccionamiento constante de los docentes y un plan seguimiento y acompañamiento por parte de la escuela.
“Nuestro principal capital son los profesores. Cuando ellos llegan les planteamos que no sólo van a hacer clases, sino que van a desarrollarse profesionalmente. Es fundamental que el profesor tenga la convicción de que los niños pueden aprender, independiente del contexto, por lo que ese ha sido un pilar importante en nuestro trabajo con los docentes”, afirma Valeska.
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Otras áreas de apoyo
Además de estos 3 pilares, la escuela desarrolla paralelamente el “Proyecto de Vida”, que prepara a los alumnos y apoderados para la transición campo-ciudad cuando comienzan la enseñanza media. A través de diferentes herramientas o actividades, la escuela ayuda a visualizar qué es lo que ellos quieren hacer cuando tengan 25 años, proyectando su proceso educativo. “Muchas veces los espacios rurales son muy cerrados, por lo que los niños no conocen otras realidades, o no desarrollan ciertas habilidades, que permiten proyectar nuevas perspectivas”, dice Valeska.
Gracias a todas estas herramientas, la escuela no solo logró subir el rendimiento, sino también la matrícula de pre-kínder a 8° básico de 88 alumnos en 2006 a 203 este año. Por último, la escuela ha hecho un trabajo importante por rescatar la cultura mapuche de los estudiantes, considerando el alto componente indígena de los alumnos, a través del “Proyecto Raíces”, que busca que los niños recuperen la tradición oral y aprendan mapudungun.
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¡No existe “la peor escuela”! Todas, con el correcto apoyo, son capaces de salir adelante y potenciar los aprendizajes de sus estudiantes. Y tú, ¿conoces alguna escuela que esté teniendo una gran trayectoria de mejora? ¡Cuéntanos y ayúdanos a visibilizarla!


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