Ya no solo de libros viven las bibliotecas, sino también de talleres, juegos, tecnología y música. De esta manera, las bibliotecas buscan atraer al público y convertirse en un tercer espacio de aprendizaje, uno intermedio entre la sala de clases y la casa o el trabajo.
Te invitamos a leer la siguiente nota del diario “El Mercurio”, donde podrás conocer bibliotecas, como la de Santiago, que están cambiando su oferta cultural. ¡Atrévete a ir a la biblioteca más cercana de tu casa o colegio y descubre todas las posibilidades que puedes desarrollar!
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Las bibliotecas se renuevan con espacios para el ocio y el trabajo en equipo
No solo ofrecen libros físicos para leer, también incluyen estaciones de videojuegos, salas para grupos y el arriendo de instrumentos musicales o herramientas.
Andrea Manuschevich
La imagen de las bibliotecas como templos del saber, aburridos y monótonos, donde no hay lugar para nada más que el silencio y la lectura, es solo un estereotipo que ya quedó en el pasado. O, al menos, ese es el objetivo.
“Las bibliotecas hoy son espacios repletos de cultura y tecnología que deben ser usados como áreas de esparcimiento y encuentro entre las personas”, afirma Héctor Reyes, director del Sistema de Bibliotecas del Duoc UC.
Este fue el tema que se analizó hace unos días durante la sexta versión del Congreso Internacional de Innovación Tecnológica Innovatics, organizado por Duoc UC, la Biblioteca de Santiago y la Universidad Católica.
“Son las bibliotecas las que deben cautivar y atraer a los usuarios, ya que hoy existe una gran cantidad de información en internet, específicamente en buscadores como Google”, añade Reyes.
Tercer espacio
Renovarse y acoger a los usuarios se ha vuelto el lema de las bibliotecas a nivel global, según los expertos. “Estas se han transformado en espacios públicos, abiertos y dinámicos. El usuario, más que ir a leer, se siente con la libertad de buscar conocimiento a través de distintos formatos y de una manera cómoda y flexible”, advierte Claudia Gutiérrez, académica de la Universidad Católica y experta en medios digitales, quien también participó en el congreso.
Con sillones cómodos y un grato ambiente, las bibliotecas se están transformando en el “tercer espacio”, uno intermedio entre la sala de clases o el trabajo y la casa. “Además de los espacios para la lectura y el estudio, también los hay para la recreación y el ocio. Nosotros tenemos distintos talleres semestrales, como yoga y artes marciales, y clubes de lectura, entre otros. Cuando puedes pasar todo el día aquí, este se vuelve tu propio espacio“, afirma Marcela Valdés, directora de la Biblioteca de Santiago.
En este lugar, además de prestar libros y material de estudio, los usuarios pueden salir del edificio con guitarras, teclados y violines, o bien con herramientas como rastrillos y taladros. Según Valdés, la biblioteca se ha adaptado a las necesidades de las personas, por lo que han abierto salas orientadas a los distintos grupos etarios. “Hay una ‘guaguateca’ para niños de 0 a 5 años y vamos a abrir una especial para adultos mayores también”.
Tanto la Biblioteca de Santiago (a través de la Biblioteca Pública Digital) como la de Duoc UC cuentan con una aplicación móvil para que los usuarios puedan acceder a los textos desde tabletas y teléfonos.
“La biblioteca es para las personas. No tiene que ser diseñada para los libros”, asegura Makkonen Teemu, director de la Biblioteca de la Universidad de Ciencias Aplicadas JAMK de Finlandia, quien asistió al congreso para compartir la experiencia de su país en el tema.
Según cuenta Teemu, en Finlandia el préstamo de libros no se hace a través de un bibliotecario, sino de un sistema automático de autoservicio. La gran mayoría de los libros son digitales, prestan bicicletas e incluso tienen una estación de videojuegos. “Separamos la biblioteca por zonas. Hay espacios de coworking, para trabajar y crear proyectos en grupo, y otros para relajarse. También los hay de concentración y estudio”, agrega Teemu. Para el experto, las bibliotecas deberían caracterizarse por ser abiertas, informales e inspiradoras. “La gran amenaza es la poca lectura”, concluye.
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