Juan Luis Cordero, psicólogo educacional e investigador de Elige Educar, habla sobre la importancia de que los planes de acompañamiento a los profesores estén abiertos a mejorar y ajustarse a las necesidades de los docentes. Así, nos entrega algunas claves para transformar estas instancias en un proceso constante de mejora y aprendizaje.
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Existen dos antiguos proverbios que solemos usar con bastante frecuencia en nuestras conversaciones, pero muchas veces olvidamos su significado real y cómo se aplican a diversas situaciones cotidianas. Uno es que “la caridad empieza por casa” y el otro es que “se debe predicar con el ejemplo antes que con la palabra”. Básicamente, ambos apuntan a que debe existir una coherencia entre nuestras palabras y nuestras acciones; es decir, que antes de exigirle a otro que cambie una conducta, uno debe primero estar abierto a revisar y cambiar la propia.
Uno de los objetivos principales de los planes de acompañamiento a docentes en las escuelas es lograr que éstos progresen constantemente en su desempeño dentro del aula, posibilitando así la entrega de más y mejores oportunidades de aprendizaje a todos sus estudiantes. Dichas instancias de apoyo buscan facilitar y promover un desarrollo profesional constante por parte de los educadores, de manera tal que reflexionen sobre su propia práctica y apliquen distintas estrategias para abordar una determinada necesidad. Para lograrlo, en los establecimientos se suelen implementar diversas acciones, tales como la observación de clases y la retroalimentación, la entrega de materiales y recursos pedagógicos, así como las capacitaciones en un tema específico, entre otras. Si bien pueden variar entre una escuela u otra, por lo general suele primar la observación y retroalimentación de clases como la estrategia fundamental de apoyo.
Ahora bien, muchas veces estos planes se focalizan en decirle al profesor qué aspecto debiera mejorar de su clase y cómo lo debiera hacer, pero se olvidan de algo esencial: que estos mismos procesos deben estar abiertos a mejorar y a ajustarse dependiendo de las necesidades de cada docente. En ese sentido, resulta contradictorio que, a través de estos programas, se le sugiera -y en algunos casos se le exija- a los profesores que mejoren su desempeño dentro del aula, sin que dichos programas cuenten a su vez con instancias que permitan ajustes constantes para mejorarlos. Si lo que se busca, en definitiva, es que los profesores mejoren continuamente su desempeño, el proceso de observación y retroalimentación también debiera mejorar frecuentemente, ya sea precisando más las pautas de observación y la información recopilada, así como haciendo más pertinente y efectivo el feedback que se proporciona. En el fondo, debiera existir una “mejora continua de los procesos de mejora continua”.
La retroalimentación desde el docente es clave
¿Cómo se puede resolver esto? Una buena alternativa es, justamente, solicitando feedback a los propios docentes sobre el apoyo que reciben, para que ellos mismos planteen sugerencias y aspectos a mejorar. Esto se puede hacer a través de breves encuestas después de cada sesión o a veces simplemente con una evaluación al finalizar cada etapa (Wood et al., 2014). Hay que partir de la base de que nadie sabe mejor que los mismos usuarios -en este caso los docentes-, las fortalezas y falencias del apoyo que reciben, entonces esa evidencia debiera usarse para introducir todos los cambios necesarios. Otra opción es buscar constantemente buenas prácticas e indagar sobre distintas alternativas que se pueden implementar, para probarlas y ver qué resultados dan. Ante todo, es importante que,tanto observador como observado, mantengan una actitud abierta al aprendizaje, en que busquen aprender del otro y enriquecer sus propias prácticas, para así construir un círculo virtuoso de mejora constante y una verdadera comunidad de aprendizaje.
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Y tú, ¿qué otra opción sugieres para mejorar los planes de acompañamiento a los profesores? ¡Comparte y comenta con la comunidad Elige Educar!
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