¿Cómo se vinculan con el mundo las personas invidentes? ¿Disponemos de un conjunto lo suficientemente rico de libros y recursos inclusivos y accesibles para que los niños, niñas y jóvenes con discapacidades visuales puedan también sentir la emoción de la lectura?
Las investigadoras argentinas Alicia Oiberman, Daniela Teisseire, Elsa Bei y Jorgelina Barres formaron hace 7 años un grupo interdisciplinario de estudios sobre estrategias cognitivas de los bebés no videntes, desde el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental de la Universidad de Buenos Aires (CIIPME-CONICET).
Su estudio se ha centrado en explorar de qué manera conocen y aprenden los bebés no videntes o con baja visión. Pese a que hay diferentes investigaciones y respuestas sobre este asunto en la comunidad científica internacional, hay consenso en que, durante los primeros dos años, la inteligencia sensoriomotriz constituye el núcleo prioritario a través del que todo niño construye conocimientos.
Según los estudios realizados por estas investigadoras argentinas, los bebés ciegos utilizan distintas vías sensoriales para comprender su entorno. Y, a través de esas otras estrategias, logran una integración sensorial que les facilita llegar a la representación mental del mundo que los rodea. Apenas nace un niño —vidente o invidente—, su principal herramienta de conocimiento es la boca. El niño ciego también reconoce los objetos al chuparlos, a la vez que se inicia en el uso de sus manos y desarrolla tempranamente el sentido del tacto. Esto hace que sea clave acompañar la evolución del bebé ciego con una adecuada estimulación temprana.
Mientras desarrollaban estos estudios, las investigadoras dieron cuenta de la falta de libros y juguetes específicos para trabajar con niños con esas características. En materia de lectura, los bebés ciegos necesitan libros que les permitan integrar distintas experiencias sensoriales: texturas, sonidos y olores, y así lograr un acercamiento paulatino a la escritura en el sistema braille y a las convenciones de la lectoescritura.
La ausencia de materiales específicos para estos niños fue lo que las llevó a publicar el libro “El osito y la rana”, que cuenta con la posibilidad de integrar texturas, sonidos y olores con la inscripción en el sistema Braille y la escritura convencional, considerando la estimulación auditiva, táctil y olfativa de los bebés ciegos o con baja visión. El libro creado tiene textura, olor, y sus relieves no pasan desapercibidos porque con ellos los bebés van ejercitando el uso de la yema. Según han señalado las autoras de este libro, su producción es aun desarrollada a pequeña escala, por lo que esperan contar con apoyo financiero para poder escalar el proyecto y llevar el material de manera masiva a niños no videntes.
¿Como funcionan los libros táctiles?
A través del uso de sus sentidos, estos niños van formando imágenes mentales, recolectando datos que toman de los objetos. Por ejemplo, de una mesa primero buscan las puntas y los bordes, son puntos de referencia para percibir la forma y los límites.

