El diario El País, publicó la historia de dos profesoras que han logrado que las niñas vayan al colegio en Afganistán y Nigeria, un desafío no menor considerando que en ambos países, el Derecho a la Educación de las mujeres no está garantizado. Este es un tema importante, ya que en pleno siglo XXI aún existen brechas de género y la educación es negada a una parte de la sociedad.
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Es increíble que en este siglo aún hayan personas que no sepan leer ni escribir, o que no tengan ningún tipo de acceso a la educación, algo que es contrario a la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible cuyo punto número 4 es precisamente el derecho a la educación. El caso de estas profesoras aporta en ese sentido a los objetivos de la ONU.
El medio español dice que, en países como Afganistán o Nigeria es difícil que las mujeres vayan al colegio debido a la permisión de que las niñas se casen a los 15 años con hombres de 60 (según UNFPA hay 16 millones de niñas casadas en los países más pobres), sumado a la inseguridad en las zonas de conflicto donde el secuestro y la violación se consideran armas de guerra, y a las sociedades conservadoras de los dos lugares.
Habida Mohammed, nigeriana y Shabana Basij-Rasikh, afgana, coinciden en que los líderes de las comunidades locales y la figura paterna, tienen un rol clave para avanzar en la educación femenina. “Detrás de la mayoría de nosotras, quienes hemos tenido éxito, hay un padre que reconoce el valor de su hija y su educación”, dijo Shabana el 2015 en la cumbre Trust Women Conference.
Nigeria
En Nigeria escolaridad a las mujeres supone enfrentar normas culturales y a grupos extremistas como Boko Haram, que en los estados musulmanes del norte tienen prohibida la educación de las niñas. Para enfrentar esta situación, existe el Centro para la Educación de las Niñas, presente en nueve comunidades rurales, al que asisten 5.000 menores y en el que Habiba es docente. En ese país, los líderes religiosos y las comunidades tienen un rol importante convenciendo a los padres de las niñas de enviarlas al colegio, los papás no las envían por el miedo a que no vuelvan a la casa después del colegio, debido a lo que sucede con Boko Haram. Además, dicen que no tiene sentido que estudien si después de completar su educación no necesariamente encontrarán trabajo. Otro argumento de los padres, es que consideran que la educación occidental no es adecuada para sus hijas musulmanas.
Habiba dijo en la cumbre que “Las niñas deben ser educadas en el sistema islámico, pues de lo contrario no podrían practicar su religión, pero también creo que deben tener una educación occidental, complementaria”. Ella insiste en el que problema no es la religión, es cultural. “Cuando hablas con ellas no quieren contraer matrimonio. Recuerdo una chica que fue casada a los 15 años con un hombre que tenía 60. Volví un año y medio después a visitarla y estaba con su hijo, parecía que tenía 10 años más y tanto ella como el bebé estaban mal nutridos. Rompí a llorar”, cuenta Habiba.
A veces es imposible evitar los matrimonios, por lo que la organización de esta profesora negocia también con los maridos para que les permitan ir a la escuela. En el caso de las madres (no alfabetizadas), estas se resisten más a que sus hijas vayan al colegio, debido a las enormes cargas de trabajo que hay en las zonas rurales como hacerte cargo de la casa, ir a vender la leña y cuidar a los hermanos más pequeños.
Afganistán
La profesora Shabana co dirige SOLA School, el primer internado femenino de Afganistán, ubicado en Kabul y que tiene más de 30 alumnas entre 11 y 19 años, que vienen de casi todos los grupos étnicos, religiones y tribus. El objetivo es prepararlas para que estudien en el extranjero y vuelvan a Afganistán, donde muchas se convierten en las primeras mujeres trabajadoras de su sector. Entre 1996 y 2001, durante el régimen talibán, se prohibió la educación a las niñas y jóvenes. Hoy, la educación está permitida a niños y niñas, pero las barreras culturales y, sobre todo, la falta de profesoras, son los principales obstáculos. “No podemos negar que vivimos en una sociedad muy conservadora, por ello, son necesarias más profesoras”, remarca Shabana.
“Nosotros debemos reconocer la realidad en la que vivimos y por ello debemos buscar soluciones mirando a las comunidades locales y al rol de los padres”, insiste la docente, quien relata cómo un día presenció la conversación entre “un hombre con barba y turbante” que le preguntaba a otro hombre residente en la comunidad cómo podía seguir vivo permitiendo a su hija ir al colegio SOLA. “El hombre contestó: mátame ahora si quieres, pero no voy a dejar a mi hija sin educación y sin futuro”, dijo Shabana en la cumbre Trust Women Conference.
Esta afgana es consciente de los riesgos que corre su vida ayudando a otras jóvenes de su país para que tengan la educación que ella tuvo. “Estas jóvenes son la generación que puede devolver la paz y la prosperidad a nuestro país”, declaró a la revista National Geographic, la cual le nominó con el galardón Exploradora emergente del año 2014 que reconoce a los visionarios del mañana.
Las tasas de analfabetismo entre las mujeres afganas son de las más altas del mundo. Sólo el 6% de las mujeres de 25 años o mayores reciben algún tipo de educación formal, mientras que el 90% de las que viven en las zonas rurales no saben leer ni escribir. SOLA School es un primer paso hacia la prosperidad que sueña Shabana para su país. Es una especie de oasis en tierra de hombres, en medio de una sociedad conservadora.
En el centro, las jóvenes no sólo estudian las asignaturas comunes para acceder a la universidad, sino que también practican regularmente actividad física en un espacio, como describe Shaban, “reducidísimo”. “Pero es importante destacar que la actividad física empodera a las mujeres, mejora su autoestima. Por eso, aunque no tengamos espacio, nosotras andamos en bicicleta dentro del colegio; no es común que una chica circule en bici o motocicleta por las calles de Kabul”, afirma sonriente, para añadir que, sin lugar a dudas, “mantener a las niñas en el colegio las convierte en personas independientes y seguras, capaces de cuidarse y protegerse de casamientos tempranos y otras violaciones”.
Es increíble lo que hacen estas dos profesoras en contextos tan complejos para la educación de las niñas: el norte de Nigeria y Afganistán. ¿Qué les parecen sus iniciativas? ¡Comenta y comparte en la comunidad de Elige Educar!


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