Vocación profesional al servicio de la comunidad
Cuando las ganas de colaborar se combinan con las aptitudes y talentos, se pueden ver cambios significativos en esas áreas de especialización. A continuación, conozca las historias de tres jóvenes que quieren sembrar la esperanza en distintos lugares.
Romina Jaramillo
Desde muy pequeña Natalia Hernández comenzó a sentir que le gustaba enseñar, pero no fue hasta que estaba en la educación media que sintió que quería dedicarse a la docencia, porque era lo que la apasionaba y potenciaba sus habilidades.
“Todo partió con una visita que Elige Educar (organización sin fines de lucro que impulsa las condiciones de enseñanza de los profesores y su formación) dio a mi colegio cuando yo iba en tercero medio. En esa ocasión, se dio una charla con el objetivo de informar y motivar a aquellos quienes teníamos la mirada puesta en la Pedagogía, o al menos teníamos una leve impresión que impulsaba el deseo de enseñar”, cuenta Hernández.
A pesar de ese gran deseo por convertirse en profesora, el camino para Natalia no fue fácil. Su familia en un comienzo se opuso y algunos profesores le aconsejaron buscar una carrera más prometedora, ya que por su desempeño académico creían que podía optar a una profesión que tuviera ingresos y expectativas más altas.
“Elige Educar tuvo esa labor de informar y apoyar mi decisión, minimizando las inseguridades de la presión externa. El momento en que escuché esa primera charla fue la epifanía que confirmó y dio valor a la elección del camino pedagógico, a pesar de la adversidad que se veía venir”, señala Hernández.
Actualmente, Natalia tiene 20 años y está en tercer año de Educación de Párvulos. Además del programa regular de su carrera, está cursando dos diplomados de honor a los cuales ingresó sin costo, sino que por su excelencia académica. Asimismo, se desempeña como tutora en Elige Educar y motiva a más jóvenes que tienen vocación para ser profesores.
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Fuente: La Tercera – Romina Jaramillo
