Hace más de un mes, Jacqueline Bustamante, profesora del Liceo Carmela Carvajal, se hizo famosa en todo el mundo por una idea innovadora: les pidió a sus alumnas de IV° medio hacer memes para evaluar “Cien años de soledad”. Desde periodistas de la BBC de Londres hasta admiradores de Azerbaiyán han querido conocerla y hablar con ella. “¿Cuán alejado de la realidad de los alumnos está un profesor si no sabe lo que es un meme?”, afirma esta profesora.
Te invitamos a leer la siguiente entrevista de la Revista Ya, escrita por Muriel Alarcón, donde no solo podrás conocer la historia de la profesora Jacqueline, sino también conocer cómo los docentes se están adaptando a las formas en que los estudiantes están aprendiendo, incorporan tecnología y nuevas tendencias en el aula e innovan en sus prácticas pedagógicas.
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Una clase brillante con memes
Los memes que Jacqueline Bustamante, profesora del Carmela Carvajal, encargó para evaluar “Cien años de soledad” se volvieron virales en el mundo y la convirtieron a ella en celebridad a juicio de medios como El País de España y la BBC de Londres. Mientras sus alumnas siguen en toma, esta profesora de lenguaje reflexiona sobre cómo ella conecta con esta generación.
Hace siete años, cuando llegó como profesora de Lenguaje al Carmela Carvajal, se encontró con un colegio distinto al que había conocido siendo estudiante, a fines de los setenta.
-Era otro Carmela. No era el colegio estricto que conocí. El patio estaba lleno de niñas con pelos verdes y rojos, vestidas de pantalones algunas, otras con uniformes distintos. Muchas niñas tomadas de la mano. Era una nueva realidad. Había que conocerla. Era la diversidad. Al principio, lo encontraba extraño, pero dentro de la rareza, yo me adaptaba y lo respetaba -dice Jacqueline Bustamante, a los 53 años, desde su departamento en Ñuñoa, donde se pasa los días esperando que sus alumnas, que tienen en toma el establecimiento desde mayo, decidan volver a clases.
A Jacqueline Bustamante le gustó que en ese lugar se pudiera innovar. Era lo que ella, desde su posición, quería hacer también.
-Siempre estoy pensando en ideas distintas.
Es, años después, la razón por la que se hizo famosa, en Chile y el mundo, sin proponérselo: una idea distinta.
En abril pasado se le ocurrió una idea distinta para evaluar la primera parte de “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez. Les pidió a sus alumnas de cuarto año medio que capturaran, en grupo, un momento de la historia de los Buendía y lo dibujaran en forma de meme en una cartulina. Debían ser ingeniosas.
Al principio, sus alumnas la miraron extrañadas. Pero, al rato, se dieron cuenta de que era un encargo más fácil de lo que imaginaban. Las ideas sobraban. Se reían mientras los inventaban. Las que no habían terminado el libro se entusiasmaron en hacerlo, solo para entender los mensajes irónicos que sus compañeras tanto celebraban. Jacqueline Bustamante, esa vez, consiguió el objetivo que se había propuesto.
-Esperaba que se incentivaran a leer.
Pero Jacqueline Bustamante nunca se imaginó lo que vendría después.
Los memes, que ella misma pegó con masking tape en el patio del colegio, se difundieron semanas después por internet. Y una tarde de junio se reprodujeron rápidamente en la web. Jacqueline Bustamante miraba incrédula su celular. No entendía cómo, en cosa de horas, aumentaban los “Me gusta” y los comentarios tan rápido. Todos aplaudían “su” idea distinta.
Se quedó dormida tarde, se reía sola.
Al otro día, le empezaron a llegar a su perfil de Facebook mensajes directos. Eran de periodistas de Argentina, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, México. De diarios, de radios. Jacqueline Bustamante estaba cuarta en Trendic Topic mundial. La BBC de Londres en español y El País de España querían conocerla. Sus memes habían dado la vuelta al mundo.
“¿Periodistas? Qué raro”, pensó. Le decían que querían entrevistarla.
-¡Más raro! No entendía nada -dice hoy, deslizando su índice por la pantalla de su celular para mostrar la evidencia, aunque no sea necesario.
De pronto un ex alumno por Facebook le explicó.
-Jackie: te hiciste famosa. Tu tarea se viralizó. Jacqueline Bustamante no lo podía creer.
-Me pareció digno de un acontecimiento de realismo mágico.
Enseñar para salir al mundo
Todo partió con una broma. Al despedirse de ella, un alumno del preuniversitario, le dijo que la agregara a Facebook. Era 2008. Esta red social recién se estrenaba en Chile.
“¿A qué?”, dijo ella. “A Facebook”.
Ese mismo día, Jacqueline Bustamante llegó a su casa a entender Facebook. Con ayuda de su marido, se armó un perfil y empezó a comprender las reglas de ese mundo digital. Se encontró con amigos de infancia y parientes que no veía hacía tiempo. También se dio cuenta de que sus alumnos se reunían en ese lugar.
Entonces, Jacqueline Bustamante se propuso, desde ahí, enseñar. Al principio sus contactos le aconsejaban cambiar el propósito. Facebook no era para seguir trabajando. Lo que hacía Jacqueline era subir apuntes de sus clases. Sugerencias de libros. Normas gramaticales. Consejos ortográficos. Citas a grandes autores.
Jacqueline dijo que se quedaran los que la querían escuchar. Y no cambió de parecer. Vio en esta herramienta una oportunidad. De enseñar, y también de conocer a quienes enseñaba.
-Yo he tenido buenas experiencias. Es una forma distinta de llegar. Pero, claro, hay que tener cuidado. Es fácil que se traspasen los límites de confianza.
Hoy Jacqueline Bustamante tiene dos mil contactos en Facebook. La mayoría son ex alumnos. Jacqueline calcula que por su vida pasan aproximadamente 500 alumnos cada año, entre colegio y preuniversitario. Varios de ellos se quedan “virtualmente” en esa red.
Hay cosas del mundo adolescente que no dejan de llamarle la atención. La exacerbación de las selfies, la aproximación al mundo porno. Los desahogos sentimentales. La hipersexualidad. El destape homosexual. Ella sigue ahí. No los “psicopatea” -dice-, solo los observa.
-¿Cómo si estoy alejada de este mundo voy a entender su lenguaje? Como profesora a veces uno podría decir: “qué fuerte”. Pero es parte de su cultura. Aunque uno esté o no de acuerdo, así se los va conociendo. Qué hacen, qué ven, qué escuchan en sus ratos libres. Un profesor alejado de esto hace el ridículo. ¿Cuán alejado de la realidad está si no sabe lo que es un meme?
Jacqueline aclara que no ha dejado de hacer exámenes escritos. Pero, en tres décadas, a veces por su cuenta, a veces junto a profesores, ha evaluado comprensión de lectura por medio de actuaciones y juegos de mesa. Ha recreado museos de cera “humanos”, ha pedido canciones, ha encargado fotonovelas, exposiciones fotográficas, cómics, dibujos.
-Mis alumnos siempre me maravillan. Hacen más de lo que uno les pide. Interpretan, más que repiten. Su diagnóstico: en los colegios falta espacio para hacerlo.
-Se menosprecia su capacidad de entendimiento. No tenemos que tener miedo a que interpreten ideas distintas a las de nosotros.
Es su modo de ver la educación. Una educación -dice- para la vida.
-Uno enseña las épocas literarias no para que ellos se la aprendan para la prueba, sino para cuando salgan al mundo. Me interesa que cuando mis alumnos vayan a Europa y se enfrenten a una obra barroca o a una renacentista, puedan diferenciarlas e interpretarlas. Los adolescentes de hoy están saliendo al mundo. Por Facebook yo los veo viajar y viajar.
Vocación que se nota
Jacqueline Bustamante cuenta su historia riéndose. Los personajes la acompañaron desde chica. Fue hija de padres adolescentes. La tuvieron de 15 años. Creció en la casa grande de su abuela materna en el barrio Matta y como ella subarrendaba piezas, podía compartir residencia con mapuches, gente del barrio alto que había caído en desgracia, un europeo vendedor de joyas. Jacqueline creció escuchando historias ajenas.
En su casa no había mucha plata pero, con pocas cosas, su padre, un ingeniero, y su madre, dueña de casa, siempre la incentivaron a leer y a escuchar música.
-Crecí bien -dice ella- a pesar de los pesares.
Jacqueline Bustamante, de adolescente, sabía que quería ser profesional, pero no tenía claro qué estudiar. Su padre le dijo que lo suyo era la Ingeniería y ella lo intentó dos veces. Al tercer intento, descubrió que quería enseñar. Su padre se lo advirtió. Era un trabajo muy mal pagado y sacrificado. Sus tres hermanos mayores habían seguido carreras tradicionales. Pero Jacqueline siempre vio más allá.
-Siempre fui rebelde.
Tenía los mejores recuerdos del colegio céntrico al que había asistido siendo niña, en Diez de Julio con Vicuña Mackenna. Recordaba cuando la hacían cantar en las mañanas y bailar las canciones de Música Libre en el recreo. Le interesaba rescatar algo que, ella sentía, se había perdido. Jacqueline sentía que había que recuperar la alegría, los juegos, las posibilidades de enseñar por medio de lo lúdico. Con esa convicción, entró a Pedagogía en la UC. Antes de egresar, recibió su primera oferta de trabajo en el colegio Pedro de Valdivia. Tenía 25.
-Sentí que ahí era feliz.
En ese lugar se forjó como educadora, descubriendo que lo que más le satisfacía era cuando, aunque fuera lo obvio, los alumnos “disfrutaban” aprendiendo. No todo fue fácil. En su formación -dice- hubo momentos oscuros. Jefaturas que no resultaron. Desencuentros con apoderados y directivos. Pero eran instantes. Predominó la buena llegada que tenía con sus alumnos. Las verdaderas dificultades eran otras.
-Siempre lo económico asoma su cola y rompe muchos encantos.
Tras dos décadas de trabajo, y pensando que ese era el lugar para jubilarse, fue despedida del colegio donde se armó como profesora. Era, dice, muy cara. Recibía bonos y sus tres hijos -frutos de su matrimonio con un mecánico- estaban con beca.
-Fue un momento muy triste de mi vida profesional y de mi vida completa. Lloré un día entero. En el colegio daba mucho y que de repente te despidan porque eres cara, y porque con tu sueldo pueden contratar a tres.
Por primera vez, Jacqueline buscó trabajo. Perdió su casa. Vino la crisis económica. Matrimonial. Pero no hubo ninguna vocacional.
-Nunca he pensado en hacer otra cosa. Ser profesora es lo que a mí me llena. A mí me gusta estar en la sala. La vocación mueve montañas y, a pesar de la inseguridad laboral y los bajos sueldos, los profesores con vocación podemos seguir luchando.
Un carnaval para evaluar
El primer año que ejerció como profesora del Carmela Carvajal tenía pocas horas, pocas alumnas y ganaba poca plata. Pero, con el tiempo, sus condiciones han mejorado. Jacqueline reconoce que innovar le ha implicado sacrificar tiempo de su familia y de sus hijos: Pablo, de 18, Paula, de 16, y Agustín, de 9. En los casi treinta años de profesión ha trabajado doce horas diarias fuera de casa.
-Mis hijos han sido cuidados por nanas o se han cuidado solos -admite-. Tampoco he tenido con ellos la cercanía para hablarles de libros. A veces me da pena. Ellos han tenido profesores buenos y no tan buenos. A veces cuando yo hago cosas bonitas con mi curso, pienso: “qué pena que los niños no estén acá”. Siempre me ven trabajando mucho.
Innovar también le ha implicado el rechazo de sus colegas.
-Piensan que su materia es más importante y no ven nada más. Yo creo que los cambios son necesarios. En estos tiempos no se puede tener a los niños sentados frente a un profesor escuchando una clase. Cuando están quietos pueden estar en cualquier lugar, menos en la sala. Pueden evadirse. Hoy aprenden con actividades significativas y cercanas a ellos. A través de los memes, por ejemplo. Desde que su idea distinta cruzó fronteras, muchos la han felicitado.
-Hay muchos ex alumnos muy contentos que lo ven como “justicia divina”-dice-. Hay otras personas que me miran de lejos, como Judas.
Además de espaldarazos de la directora del colegio y del encargado del área de educación de la Municipalidad de Providencia, Jacqueline ha recibido mensajes de profesores y admiradores de todo el mundo. Le han escrito hasta de Azerbaiyán.
-Se juntó mi soledad con la soledad de otros profesores, sobre todo jóvenes que desean cambios en la educación -dice-. Por mucho tiempo me sentí sola haciendo cosas diferentes. Hoy tenemos la prueba de que las innovaciones pueden tener buena recepción. Para mí todo lo que ha pasado ha sido muy importante. Mis estudiantes y ex alumnos están orgullosos.
Varias de las autoras de los memes siguen en toma. Un cartel que dice “Señoritas en toma” a la entrada del establecimiento advierte el paso exclusivo a quienes lo adhieren. Desde una cancha, un día de semana por la mañana, se hace una asamblea. Jacqueline recorre el pasillo que conecta a las salas, donde aun están pegadas las cartulinas de sus famosos memes. Jacqueline reconoce que para la toma que sus alumnas hicieron en 2011 estaba en contra y peleaba por volver a clases.
-Ahora yo ya sé que son procesos -dice mientras, de fondo, se escucha a dos adolescentes dirigiéndose a cerca de cien alumnas, sentadas de piernas cruzadas en el suelo. En una pared se lee recién pintado: “que tu esencia vuele libre y en paz hacia algo maravilloso, más allá de lo que la mente logra alcanzar”.
-Sé que son procesos -repite Jacqueline- y que vamos a volver a clases y que será más pesado, pero uno se va adaptando. La inteligencia está en saber adaptarse y no en desesperarse.
Jacqueline está consciente de que la toma perjudica a las alumnas, pues pierden hábitos de clases.
-Pero no se me ocurre cómo más pueden presionar. Así que la respeto. No es que la apoye ciento por ciento. Los jóvenes tienen derecho a pensar que pueden cambiar este mundo. Nosotros, a lo mejor, estamos más resignados.
Mientras siga la toma, Jacqueline no podrá terminar la evaluación de “Cien años…”. Sus alumnas siguen sin nota.
-Habrá que adaptarse -sigue-. Yo sueño con un carnaval de “Cien años de soledad”. Que las niñas se vistan de gitanas, que haya un Melquíades, que esté la familia Buendía. Sueño con esa presentación. No ha resultado. Hemos tenido poco tiempo. Pero el próximo año se cumplen cincuenta años de la primera publicación. A lo mejor ahora sí funciona.
