La presión y altas expectativas a las que se enfrenta un niño que practica de manera competitiva algún deporte puede ser perjudicial si no se maneja de manera adecuada. Es por eso que el rol de padres, apoderados, profesores y entrenadores es fundamental para establecer límites, detectar el estrés a tiempo y mantener la motivación por el deporte. Aquí, te entregamos algunas herramientas para hacerlo.
Con el inicio de los Juegos Olímpicos en Río, hemos visto cómo los grandes deportistas destacan en sus respectivas disciplinas y disfrutan como verdaderas estrellas. Sin embargo, muchas veces olvidamos el camino que recorrieron estos atletas para llegar hasta donde están.
¿Qué factores influyen para que unos lo logren y otros no? Si bien existen factores como el esfuerzo, la dedicación y el talento, muchas veces la manera en cómo un deportista maneja la presión, especialmente en la niñez y adolescencia, puede ser un elemento fundamental para formar a un gran deportista.
Diálogo para los límites
Lo que comenzó como un juego, como un paréntesis en la rutina para juntarse con amigos o disfrutar mientras se realiza una actividad física, puede convertirse en la responsabilidad más importante en la vida del niño cuando el niño y su familia deciden comenzar a prepararse de manera más competitiva. Si a eso le sumamos horarios y rutinas rígidas de entrenamiento, así como la obligación de ciertos resultados, la presión sobre el pequeño atleta puede ser perjudicial.
“Es aquí donde el diálogo entre el niño, sus familias y los entrenadores o profesores se torna fundamental. Considerar esta triada es uno de los grandes desafíos, ya que tanto el entrenador como los padres son pilares esenciales en el desarrollo deportivo de los niños o jóvenes deportistas. Cuando ganar comienza a ser el mayor estímulo, es cuando se debe replantear los objetivos entre la exigencia y el exceso de presión, mediante el diálogo conjunto“, explica Alejandra Florean, presidenta de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina.
Reconocer el estrés
Muchas veces, el participar en una competencia oficial genera alegría y adrenalina en un niño deportista por querer demostrar su esfuerzo. En otras, puede generar un estrés nocivo para su salud. Así, el estrés se puede transformar en un arma de doble filo.
Según el sitio “Kids Health”, es fundamental para los padres, docentes y entrenadores reconocer entre el estrés positivo y el negativo. “El primero proviene del hecho de participar en algo divertido y desafiante. Este tipo de estrés nos llena de energía, anima y nos mantiene alerta, aportando una chispa saludable a lo que vamos a enfrentar. En tanto, el negativo aparece cuando tenemos que afrontar una cantidad excesiva de exigencias no deseadas. Si el niño ha sufrido antes de competir, es muy difícil que llegue con una actitud y predisposición adecuadas”, señalan.
Mantener la motivación
Independiente del deporte que practiquen los niños y adolescentes, los especialistas señalan que es importante que padres y profesores mantengan la motivación de los niños por querer practicarlo, debido a las múltiples habilidades que desarrollan y los beneficios para su aprendizaje.
“Las investigaciones dicen que comenzar a competir puede ser sano a partir de los 11 o 12 años. Antes de eso, apoyamos la postura de un deporte recreativo, poniendo eje en la socialización, el aprendizaje y el disfrute más que los resultados. Es importante evitar especializarse en un deporte en edades donde las condiciones de maduración no están dadas. Allí es cuando el chico se expone a riesgos físicos y psicológicos”, asegura Marcelo Roffé, profesor y Magíster en Psicología del Deporte.
Y tú, ¿qué otra estrategia utilizarías para que la presión no sea una barrera en el aprendizaje del deporte? ¡Comparte y comenta con la comunidad Elige Educar!
.
