Muchas veces, los niños pequeños no conocen el límite de sus acciones ni sus consecuencias. Es por eso que el trabajo de los padres es fundamental para poder establecer lineamientos claros en su relación, así como con el resto de las personas. Así, cuando el desarrollo y aprendizaje del niño esté más desarrollado, va a poder insertarse de mejor forma en la comunidad educativa.
Sin embargo, es importante que los límites que establezcan los padres sean a partir del amor, el respeto y la comprensión, y no desde el castigo. Te invitamos a leer la siguiente nota del sitio “Club Ediba”, donde podrás conocer algunas estrategias para establecer límites con tus hijos de manera eficaz.
Límites: errores y estrategias
El niño muchas veces desafía al adulto ante un “no” o ante una orden, porque se encuentra en una etapa del desarrollo en la que todavía está descubriendo lo que está permitido y lo que no debe hacer, lo que es peligroso y lo que no lo es. Como su pensamiento es egocéntrico, no entiende por qué la realidad no es como él la ve, y reafirma su “yo” oponiéndose.
No poner límites es tan peligroso como castigar constantemente. Si a un niño no se le ponen límites, se le enseña que todo lo que quiere está permitido; entonces, se frustrará con facilidad y ejercerá la fuerza para obtener lo que desea. Por otro lado, el niño castigado continuamente es un niño oprimido; con el tiempo, no se expresará por temor a equivocarse, su deseo estará en función del deseo del otro o, cansado del trato que recibe, terminará rebelándose con violencia.
Los padres y los maestros tienen un poder que determina hasta dónde el niño puede llegar. Los adultos, ante la dependencia natural del pequeño, deben orientarlo, para que tome conciencia de que todo en la vida no se puede conseguir. Deben estar a su lado en los momentos de miedo, de angustia y de espera. Pero también se detecta la dificultad de poner límites por recurrir a la violencia física y verbal, y a humillaciones.
¿Desde qué lugar el adulto pone límites? ¿Desde el amor, el respeto, la comprensión o la palabra firme? ¿O desde su impotencia, intolerancia, cansancio o su falta de autoestima?
Errores en la puesta de límites
- Con castigos: el castigo es punitivo. En cambio, la disciplina ayuda al niño a aprender la forma de comportarse según su edad. La disciplina corrige, el castigo genera dolor y hostilidad.
- Rigurosa: las sanciones son exageradas, por ejemplo, no dejar jugar a un niño durante una semana porque no ha estado en silencio cuando debía.
- Negativa: es la que no ofrece alternativas positivas en la corrección. El uso del “no” debe ir acompañado de lo que sí podemos permitir; por ejemplo, “Aquí no puedes jugar, pero en el otro rincón, sí”.
- La que hiere la autoestima: no recae sobre la acción a corregir, sino sobre la personalidad del niño al reprenderlo con frecuencia y acusarlo de “tonto”, por ejemplo.
- Con soborno: se espera que el niño cambie su conducta a cambio de un privilegio; por ejemplo: “Si te calmas, te doy chocolate”. El niño continuará con la conducta equivocada para conseguir un “regalo” y hacer lo que quiere.
- Sobre la base del enfado y la amenaza: genera temor, pero no el respeto hacia el adulto. El niño permanece “atado” a la falta del adulto más que a la propia.
- Para todos por igual: a todo el grupo se le quita un privilegio por la falta de uno.
Estrategias para educar con disciplina
A continuación, se citan algunas estrategias para conseguir un nivel adecuado de disciplina, porque sabemos que poner límites es un trabajo que no se puede simplificar con “recetas”, porque depende de los vínculos y de la elaboración interna.
- Usar palabras positivas con un tono amable: “Por favor, habla más bajo”, en lugar de “¡No grites!”.
- Si tiene un berrinche, conviene que nos alejemos del niño para no irritarlo, pero permaneceremos en el mismo ambiente y le diremos que, cuando quiera hablar o jugar, lo estaremos esperando.
- Valorar el comportamiento positivo: “Me alegro mucho cuando, en vez de gritarme, me dices por qué estás enfadado”.
- Quitarle un privilegio al niño anunciándole las consecuencias: por ejemplo, si el niño tira arena repetidamente a otros niños, pierde el privilegio de quedarse jugando y debe reparar el error pidiendo perdón.
- Si se marca una pauta que el niño no quiere aceptar, le diremos lo que podrá realizar si sigue la pauta; por ejemplo, “Cuando termines de comer, podrás ir a jugar”.
- Corregir o evitar una acción del niño en un espacio próximo y no llamarle la atención desde lejos.
- Ante una situación de peligro, nos acercaremos físicamente al niño y lo apartaremos, mientras le explicamos con pocas palabras, acompañadas de gestos, el peligro (“¡Eso es malo!”, “¡Te puede doler!”).
- Sustituir un enunciado negativo por otro afirmativo: en lugar de “no juegas”, decir “recoge el juguete y luego podrás salir al arenero”.
- Asesorar a los padres sobre cómo marcar los límites en cada edad: algunos padres le pegan en la mano al niño para que no toque un objeto, pero el pequeño, al no conocer aún cuáles son los elementos que no puede manipular, solo registra dolor y temor.
