Los conflictos, las distintas formas de ver las cosas, entender la vida y enfrentarse a los problemas forman parte de la esencia del ser humano y de la propia vida. Esta realidad es totalmente normal y, bien encauzada, puede ser incluso positiva, convirtiéndose en un motor de progreso. El problema es que, en determinadas circunstancias, esta realidad puede generar episodios negativos.
En la infancia y juventud, especialmente en el entorno escolar, los conflictos continuados y no resueltos corren el peligro de transformarse en episodios de violencia física o verbal. Cuando estos actos no son esporádicos y, además, se producen contra una víctima indefensa o en inferioridad de condiciones hablamos de acoso escolar o bullying, un problema grave y frecuente en las escuelas y salas de clases de todo el mundo. En el contexto escolar los conflictos pueden darse entre alumnos (o sea, entre iguales), y también pueden darse entre estudiantes y el cuerpo docente. Cuando estas situaciones de indisciplina y violencia escolar se hacen habituales en las salas de clases, terminan influyendo negativamente en el estado de ánimo de los jóvenes y en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
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¿Cuáles son las causas del conflicto?
Si bien hay muchas escuelas que logran ser verdaderos lugares de encuentro -donde se acepta a todos sus integrantes tal y como son, asumiendo de manera natural todas sus diferencias- hay también establecimientos que tienen graves problemas de convivencia escolar. ¿Por qué? Son variados los motivos por los que se dan conflictos en las salas de clases, aunque hay teóricos que han planteado que una de las principales causas de los conflictos escolares es la existencia de un modelo de organización demasiado rígido y poco flexible. Éste favorecería entre los escolares el descontento, el aburrimiento y la desmotivación, los que sumados se traducirían en rechazo a la realidad escolar y sus normas.
Otro elemento que favorece las situaciones de conflicto y hasta de violencia o acoso escolar, es la baja participación de los padres y apoderados en la formación de los estudiantes. Ellos delegan en la escuela un papel que les corresponde, pero que por diversos motivos no pueden asumir: obligaciones laborales, problemas económicos, un entorno social y familiar poco favorecedor, etc.
Las situaciones que pueden derivar en conflicto son muy variadas: actitudes egoístas, falta de habilidades para trabajar en equipo, problemas de autoestima en los alumnos, falta de confianza en los maestros y la dirección del centro, problemas de comunicación entre los alumnos entre ellos o con los profesores y ausencia de habilidades para la resolución de conflictos.
En todo caso, la investigación muestra que el problema no es el conflicto en sí mismo, sino la carencia de habilidades en la gestión de los problemas y las situaciones conflictivas. Para ello, hay diversas instituciones trabajando con niños, niñas, jóvenes, profesores y comunidades educativas completas en torno a cómo prevenir y solucionar el conflicto en las salas y establecimientos. Actualmente, por ley, todas las escuelas de nuestro país deben contar con un Reglamento de Convivencia Escolar, el que incluye como herramienta fundamental un protocolo de resolución de conflictos.
A continuación les compartimos una guía realizada por la Universidad Internacional de Valencia, con algunas técnicas de resolución de conflictos en el aula, que pueden ayudar a docentes, directivos y apoderados a entender las áreas de conflicto y aplicar algunas estrategias para prevenirlo. Descárgala aquí

