Cada día, nuestros profesores se preocupan por motivar a todos los alumnos en el proceso de aprendizaje, pero ¿qué ocurre con aquellos estudiantes que tienen más capacidades? Ante este escenario, es fundamental que los docentes, así como padres y apoderados, logren mantener el interés de estos alumnos por seguir aprendiendo y sin caer en la presión que genera el éxito.
Esta y otras conclusiones fue las que entregó Thomas Hebert, académico de la Universidad de Carolina del Sur, en su visita al país. Te invitamos a leer la siguiente nota del diario “El Mercurio” para conocer estrategias y herramientas para motivar a alumnos con mayores capacidades.
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El talento de los niños poco entusiasmados se atrofia
Ante un escenario en el que se busca fomentar las salas de clases diversas, Thomas Hebert, acádemico de la Universidad de Carolina del Sur, pide no olvidar a aquellos estudiantes que tienen mayores capacidades.
Margherita Cordano
La vida no siempre es fácil para un niño con altas capacidades académicas. Aunque su elevado coeficiente intelectual tiende a hacer que prefieran estar en compañía de personas de más edad, a los cinco años todavía lloran y llaman a su mamá si algo les da miedo. A medida que crecen, no es raro que su madurez intelectual choque con un desarrollo emocional que no suele seguirles el ritmo.
“Se los define como niños con alta capacidad cognitiva, mucha creatividad y una fuerte motivación por querer conocer detalles sobre una serie de cosas. Y esa pasión se nota desde temprano: se preguntan por los carteles en las calles antes de saber leer, o discuten los procedimientos que se les van a hacer la primera vez que van al dentista. Son lectores feroces y, por estar siempre cuestionando todo, en ocasiones agotan la paciencia de sus papás y profesores. Para lidiar con esta energía, tienden a moverse por todos lados”, dice el psicólogo Thomas Hebert.
Como académico de la Universidad de Carolina del Sur, el especialista estadounidense ha centrado su investigación en el desarrollo socioemocional de los niños con talentos y la forma en que los colegios pueden fomentar su capacidad.
“Parte importante de volverlos personas productivas en el largo plazo supone incentivar sus habilidades. Porque cuando se aíslan o no están entusiasmados con ir a clases el talento tiende a atrofiarse. Aunque el talento tiene mucho de naturaleza propia, lo que verdaderamente pesa es si estas habilidades están o no nutriéndose”, plantea.
Diferenciación
Invitado a Chile a participar en un seminario organizado por la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes, la visita de Hebert coincide con los primeros pasos de una reforma educacional que pide a los colegios no discriminar a sus alumnos según nivel académico. Esto significa que en una misma sala van a convivir niños más y menos aventajados en este sentido.
“Ante panoramas como este, la capacitación docente se vuelve crítica. Porque una cosa es saber identificar a estos niños con talento, pero otra es saber mantenerlos motivados con la materia que se enseña y lograr que no se aíslen del resto de sus compañeros”, explica el doctor en Psicología.
“Una buena idea para integrarlos es aprovechar el potencial de la literatura: leer un cuento a principios de año y hacer un paralelo entre los problemas sociales y emocionales que ahí aparecen con el de las personas que forman la clase. Las conclusiones pueden ayudar a destacar la noción de que todos somos distintos, pero que merecemos ser respetados. Resulta ser increíblemente terapéutico”, indica.
Frente a salas de clases diversas, igual de necesario es que los profesores sepan y tengan el tiempo para planificar de forma diferenciada. Es decir, que para una misma materia sea posible adecuar las actividades según el desarrollo y comprensión de cada alumno.
“Otra cosa que se necesita reforzar a través de las capacitaciones docentes es la necesidad de aprender a controlar la frustración de los niños con altas capacidades académicas. Se trata de alumnos que son increíblemente duros consigo mismos; se exigen mucho y se llenan de presiones con tal de mantener su estatus destacado”.
Fracasos
Herbert cree que una de las peores cosas que papás y profesores pueden hacer es fomentar la idea de que solo esperan éxitos de este tipo de estudiantes.
“La idea del fracaso como una manera de avanzar y seguir adelante recién se está instaurando en las universidades de Estados Unidos. Enfrentados a estas salas de clases donde no hay un único tipo de alumnos, los maestros están aprendiendo que, si se equivocan al escribir una palabra en la pizarra, en vez de desviar la atención o retar al alumno que lo nota, lo que conviene es explicar que hubo un error, pero que se solucionará y no habrá mayores complicaciones. Es un mensaje fuerte para alguien que está siempre pensando que no puede caerse del pedestal donde se encuentra”.
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