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Mira cómo los colegios vulnerables están innovando con pocos recursos y creatividad

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Mira cómo los colegios vulnerables están innovando con pocos recursos y creatividad

Escrito por: Mauricio Arias

septiembre 28, 2016

Trabajo colaborativo, aprendizaje basado en proyectos, tecnología e innovación. Estos son solo algunos de los conceptos que más se repiten cuando hablamos de tendencias en educación. Sin embargo, para poder innovar y aprender a veces no bastan recursos ni grandes inversiones, sino la creatividad de profesores y alumnos. Así lo demostraron colegios vulnerables de Quillota y La Pintana.

Te invitamos a leer el siguiente reportaje de la revista “Qué Pasa” para conocer más sobre estos establecimientos están marcando la diferencia, así como de otros colegios que hacen la diferencia.

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Conexiones perfectas

Tomar la basura para convertirla en material para decorar el colegio. Deconstruir textos para mejorar la comprensión lectora. Matemáticas aplicadas a la producción de maíz para motivar a los niños. Nuevas formas de aprendizaje para niños sordos. La Fundación Chile juntó a profesores de colegios vulnerables con expertos mundiales en innovación en educación y este fue el resultado.

M. Cecilia González y Javier Rodríguez

Red-Lab Sur es un proyecto que busca, con apoyo de Corfo y la Embajada de EE.UU., juntar a los profesores de colegios vulnerables con algunos de los mejores expertos a nivel mundial. Como base tomaron la Red de Escuelas Líderes que la Fundación Chile desarrolló: un conjunto de 100 instituciones destacadas, en contextos de vulnerabilidad, que se reúnen una vez al año con el fin de compartir experiencias pedagógicas y estimular el intercambio de conocimiento .

Su primera versión fue en 2013. En 2015, incorporaron una etapa de seguimiento en las escuelas que aplicaran alguna de las metodologías presentadas. Así, se transformó en un laboratorio que invita a probar nuevas metodologías, articuladas en una red de establecimientos.

Aquí, dos historias que buscan dar cuenta de la importancia de la innovación en la sala de clases.

Leer sin pretextos

Empezaba el segundo semestre de 2015, y los profesores del Colegio Roberto Matta de Quillota, reunidos en su habitual consejo, se enfrentaban como nunca antes lo habían hecho a un texto. Se trataba de “Los dos reyes y los dos laberintos”, uno de los cuentos de El Aleph de Borges, y la dificultad consistía en que no bastaba con leerlo.

Había que desmenuzarlo, dividirlo en partes más pequeñas que los profesores, en grupos, tenían que poner en contexto y volver a interpretar a través de alguna manifestación artística: dibujos, canciones, representaciones dramáticas, lo que se les ocurriera.

La idea de ponerlos en esta situación se le había ocurrido a Nelly Hermosilla, la jefa de UTP del colegio, que tras asistir al taller de pre-textos de Doris Sommer, se había dado cuenta de que la metodología de la profesora de Harvard –que consiste en deconstruir y reconstruir los textos para entenderlos a partir del contexto, y cuyo nombre es un juego de palabras– podría solucionar uno de los problemas más serios del colegio.

A las alumnas del Roberto Matta no les gustaba leer, y por ende, su comprensión lectora era insuficiente. Esto se notaba no sólo en asignaturas como Lenguaje e Historia, sino también en otras como matemáticas, donde las estudiantes cometían errores porque no entendían los enunciados de los problemas.

“Hubo reacciones de todo tipo. Algunos profesores lo encontraron entretenido, la gran mayoría dijo que simplemente no tenía tiempo para implementarlo en sus clases”, recuerda Nelly. Pero tres se entusiasmaron, y eso era suficiente.

En agosto, el tercero, el séptimo y el octavo básico empezaron a probar con pre-textos en sus clases de Lenguaje e Historia. El camino no fue fácil –por falta de tiempo, sólo Andrés Arancibia, el profesor de Historia, logró completar el programa hasta el final–, pero los resultados se notaron de manera casi inmediata. A principio de año, 13 alumnas de octavo tenían promedio bajo 4.5 en Historia, mientras que sólo 3 superaban la nota 6.0. Pero a fin de año, tras la experiencia de pre-textos, 18 alumnas estaban en el grupo de las calificaciones más altas.

De las clases sobre el absolutismo y la revolución francesa salieron libros de cómics, collages y una gran feria temática, donde las estudiantes llevaron a la vida real lo que habían aprendido, esta vez vestidas de campesinas, reinas y burguesas.

Matemáticas que sirven

Una de las luchas permanentes de Patricio Acuña, profesor de Tecnología del Colegio Técnico Profesional Nocedal, de La Pintana, era convencer a la dirección y a los alumnos, de la importancia de su ramo. Una de sus frases de cabecera era “La tecnología está en todo, y la usamos para todo”. Se frustraba porque, con la hora semanal que el ministerio de Educación impone a los colegios, no alcanzaba a preparar proyectos de largo plazo.

Por eso, la invitación de la Fundación Chile a pertenecer a Red-Lab Sur, a principios de 2015, le cayó del cielo. Porque fue en una de sus charlas, precisamente en la dictada por la coordinadora de Proyectos de Asignaturas Integradas en el Colegio La Girouette, Cecilia Sotomayor, que vio su oportunidad.

Sotomayor hacía hincapié en la importancia del trabajo multidisciplinario y de los beneficios que los alumnos obtenían de la metodología del “aprendizaje en base a proyectos”. Con esto Acuña rápidamente armó un plan que revolucionó la rutina de sus estudiantes de primero medio: ocupar el abandonado invernadero del colegio para sembrar maíz.

Con el profesor de matemáticas harían análisis estadístico de la siembra: cuánto sacarían, cuánto podrían obtener si plantaran en tantas hectáreas y luego, una vez cosechado, los costos de construcción de los silos para guardar las cosechas, los camiones para vender y cómo podían subir la producción.

Los mismos niños que antes no entendían para que servía, ahora le decían que les encontraban por fin utilidad a las fórmulas algebraicas que les enseñaban en la sala de clases. El camino no fue fácil: en su primer acercamiento a la tierra se dieron cuenta de que estaba llena de chépica, maleza típica de la zona.

Tuvieron que picar el suelo, colarlo y, cuando estaba listo, luego de semanas de trabajo, se lanzó la lluvia con toda su fuerza. Entretanto, arreglaban los pastelones de los pasillos, cambiaron el nailon que cubría el invernadero y, además, se preocupaban de que cada compañero usara guantes, gafas y mascarillas. La seguridad era tan importante como la ecología, por eso no ocuparon ni pesticidas ni herbicidas.

Y si bien la lluvia retrasó todo –no alcanzamos a comernos lo cosechado, pero alguien del colegio sí lo hizo, dice Acuña riendo–, el proyecto fue un éxito. Tan así que este año la cosecha creció en cantidad y variedad: al maíz se agregaron lechugas, tomates y porotos.

Hoy Acuña cuenta con más horas para enseñar su curso y, además, consiguió que el colegio se diera cuenta de que lo que predicaba era cierto. “En ese sentido, más que enseñarnos cosas nuevas, la charla de Sotomayor nos sirvió para estructurar de mejor forma lo que estábamos haciendo y, sobre todo, para motivarnos con que íbamos por el camino correcto”.

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2017-02-22T15:17:29+00:00 septiembre, 2016|Noticias|Comentarios desactivados en Mira cómo los colegios vulnerables están innovando con pocos recursos y creatividad