Hace algunas semanas se conmemoró el Día de la Felicidad, oportunidad en la que compartimos con ustedes una nota que destacaba 9 estrategias que ocupan los profesores y que promueven la felicidad en sus estudiantes. En esa misma lógica, varias escuelas de nuestro país reconocen que cuando los niños trabajan en armonía se logran mejores aprendizajes. Un ejemplo es el caso de la Escuela Manuel Rodríguez de San Felipe, quienes hace algún tiempo vienen trabajando en función de tener estudiantes mucho más felices, para lo cual están desarrollando distintas estrategias entorno al tema.
Por este motivo, creemos importante destacar la investigación realizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la cultura (UNESCO) publicada por el diario El Mercurio el pasado 28 de Marzo, en donde señalan, entre otras cosas, algunas estrategias que desarrollaron -y trabajan en la actualidad- países como Bután, Vanuatu, Japón, Corea y Singapur. Los invitamos a leer la noticia y a que nos dejen su opinión:
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El bienestar del alumno es la clave para mejorar los resultados académicos
Por M. Cordano – El Mercurio
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Poner énfasis en la interacción humana, celebrar los distintos talentos e, incluso, pegar afiches en contra del matonaje hacen la diferencia a la hora de crear ambientes escolares más positivos.
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A fines de 2011, los miembros de la Organización de Naciones Unidas definieron la felicidad como un objetivo fundamental en la vida humana. Cada nación se comprometió a fomentar el bienestar ciudadano elaborando políticas públicas que apuntaran a este objetivo, así como a elaborar indicadores que ayudaran a medirlo. La educación no quedó atrás, siendo varios países los que se enfocaron en equilibrar la búsqueda de excelencia académica con el bienestar de los niños a los que enseñan.
En este sentido, llaman la atención las propuestas de Bután, Vanuatu, Japón, Corea y Singapur. Mientras los dos primeros países destacan por ser definidos como los territorios más alegres del planeta -ambos establecen en su Constitución la necesidad de fomentar el buen trato, promoviéndolo a través de campañas-, los otros tienen un alto número de ciudadanos que reporta estar siempre estresado. Los estudiantes no se quedan atrás, por lo que en el último tiempo se ha debido priorizar la importancia de ir más allá de las notas. Para ello se está llevando a profesionales de la salud mental a visitar colegios.
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Escuelas felices
Por representar ambos polos, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) analizó la situación de estos cinco países, para definir qué factores influyen a la hora de generar un ambiente escolar positivo. La investigación -que se basó en la respuesta de 650 alumnos, profesores, apoderados y directores- concluyó que hay cinco agentes fundamentales: la capacidad de generar vínculos entre los distintos miembros de la comunidad, de fomentar el espíritu de equipo, de contar con profesores que motivan a quienes enseñan, de aprender dentro de un contexto cálido y de lograr que todos sientan tener un espacio para desarrollarse creativamente.
“Aunque los criterios identificados toman la región de Asia Pacífico como base, estos se corresponden con el discurso de felicidad que se promueve alrededor del mundo. Son factores que no solo permiten ser feliz en el momento, sino que además tienen repercusión a futuro. Por ejemplo, al cultivar amistades y relaciones positivas mejoran las competencias de comunicación, trabajo en equipo y empatía”, indica desde la oficina de la Unesco en Bangkok, Aliénor Salmon, parte del equipo de especialistas que desarrolló el informe, bautizado como “Happy Schools” (“Escuelas Felices”).
El texto detalla qué implica cada factor identificado. Así, por ejemplo, se menciona la necesidad de que los colegios celebren la diversidad de talentos, fomenten las actividades que involucran apoderados, tengan recordatorios visuales anti violencia (afiches o dibujos hechos por los propios alumnos en los pasillos) y ojalá cuenten con espacios verdes.
También se recomienda que los alumnos tengan la capacidad de expresar sus opiniones libremente, que los exámenes no solo evalúen memoria y que los errores sean vistos como parte de un proceso de aprendizaje.
“En un mundo que se ve impulsado por la competencia, el estrés y la presión por ser el mejor, donde la violencia y la intolerancia parecen estar creciendo, se hace necesario impulsar una noción de calidad en educación que vaya más allá de los números”, explica Ramya Vivekanandan, encargada del proyecto “Happy Schools”.
Además, se ha comprobado que una cosa va de la mano de la otra. En Chile, por ejemplo, se vio que un ambiente escolar protegido, donde los estudiantes declaran sentirse seguros dentro del establecimiento, puede generar hasta 54 puntos de diferencia en los resultados del Simce. “Un colegio donde los niños tienen la confianza para expresarse libremente no es lo mismo que uno sin reglas. Se trata de ser un establecimiento capaz de generar jornadas de reflexión en las que se habla de aceptarse el uno al otro, de llegar a acuerdos para convivir bajo las mismas normas y de generar espacios para que los papás puedan participar”, plantea Cristina Barahona, directora de la Escuela Francisco Ramírez, de San Ramón. El colegio cuenta con buzones para denunciar malos tratos de forma anónima y, además, escoge encargados de convivencia para cada curso.
La fórmula les ha traído buenos resultados: en 6° básico, la institución posee un promedio Simce por sobre el de otros colegios de características similares (79 puntos extra en Comprensión de Lectura y 82 en Matemática), al mismo tiempo que destaca en los ítems de desarrollo personal y social de la prueba, promediando para el mismo nivel, 87 puntos en la categoría de convivencia escolar. El máximo es de 100.
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