La enseñanza a través de una clase magistral, en la cual el profesor transmitía un conjunto de contenidos a los alumnos mientras estos escuchaban de forma atenta y pasiva en su asiento, está cambiando. Hoy los docentes y los estudiantes organizan prácticamente en conjunto el proceso de enseñanza-aprendizaje, y los roles de cada uno están mucho más mezclados. Eso es lo que define “aprendizaje gratificante”.
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Hace un par de décadas, una de las formas más tradicionales que tenían los alumnos de adquirir nuevos conocimientos era en la sala de clases donde asistían a lecciones que los obligaban a mirar al profesor hacia adelante, mientras este exponía un sinfín de materia (a veces acompaño de material gráfico para complementar su lección). Se convertían en entes pasivos que ponían atención en silencio. Hoy la realidad es otra: los jóvenes están constantemente expuestos a información y estímulos a través de las nuevas tecnologías que les permiten aprender lo que quieran.
Sin embargo, no todas las aulas se han adaptado a la instantaneidad del conocimiento al que están acostumbrados hoy los niños. Esa contradicción en la vida de los alumnos, en que por un lado tienen toda la información a la mano y por otro, deben ir al colegio como sujetos pasivos a aprender lo mismo que podrían conocer por cuenta propia, es lo que Guillermina Tiramonti, investigadora argentina en FLACSO y profesora de la UNLP, señala como “recorte en la jornada”.
Una pausa diaria que deben hacer en medio de la vorágine de información a la que están expuestos, que les permitiría aprender antes de asistir a la clase en que les enseñarán eso mismo que aprendieron por su cuenta. En una columna de opinión que Guillermina publicó en Clarín, dijo que “a la compulsión de la quietud, a la obligada atención a lo carente de sentido e interés, le corresponden tumultuosos recreos en los que los alumnos se desahogan de tanta presión”.
A pesar de lo que dice la investigadora argentina, no todas las escuelas funcionan como en el siglo XIX, hay varias con proyectos educativos que les permiten aprender a través, por ejemplo, de la resolución de problemas en conjunto con sus profesores y de forma activa. Entonces, la disciplina se modifica y lo que se espera ahora ya no es el silencio del aula, sino el ruido constante de la interacción entre pares y docentes. Eso es lo que Guillermina llama “aprendizaje gratificante”. “Este modelo ya está presente en numerosas experiencias: en nuestro país, en la región y en muchas otras latitudes donde la tarea escolar se estructura en base a la asociación entre aprendizaje y gratificación, a la inversa de la asociación clásica entre enseñanza y sacrificio”, dijo a Clarín.
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Las claves de esta forma de aprender
En el libro “Motivación y personalidad”, de Abraham H. Maslow, hablan de la gratificación en general y cómo ésta puede ser aliada en el aprendizaje. El texto dice que “cualquier definición de aprendizaje será insuficiente si el acento se pone simplemente en los cambios de la conexión entre estímulo y respuesta. El impacto en la gratificación de las necesidades [entendiendo el aprendizaje como una necesidad] se limita casi por entero a los satisfacientes intrínsecamente adecuados. Solamente los mismos satisfacientes gratifican las necesidades”, es decir, sólo la satisfacción de aprender será un gratificante del aprendizaje. Es lo que los niños están haciendo actualmente: exponerse por su cuenta a la información que desean conocer, de esa forma se produce un “aprendizaje gratificante” que los pone como protagonistas de su conocimiento y aprendizaje.
Entonces, lo que busca el término que utilizó Guillermina en la columna, es que los estudiantes y los profesores puedan desarrollar en conjunto y sobre todo de forma activa el proceso de enseñanza-aprendizaje. Es lo que también plantea el texto “Un aprendizaje gratificante a través de la obra literaria”, de Cenayda Barrera en el que explican que “aún existen dificultades notables que afectan el aprendizaje de los estudiantes debido a diversas causas objetivas y subjetivas como: carencia de recursos materiales, falta de interés, la utilización de metodologías tradicionalistas por parte de los docentes empleando métodos memorísticos o repetitivos y procedimientos pasivos; incidiendo todo esto, en la falta de motivación y en la inactividad de los estudiantes, lo que no propicia un aprendizaje duradero y eficaz”.
El libro sugiere que la metodología “asigna al alumno el papel activo al considerarlo sujeto y no objeto del proceso, haciendo más dinámico el proceso docente, movilizando las fuerzas motivacionales, volitivas, intelectuales, morales y físicas de los estudiantes, para lograr los objetivos concretos de la enseñanza y de la educación”. Y agrega que “la movilización o activación de esas fuerzas y capacidades en los estudiantes significa despertar su atención, desarrollar sus habilidades y capacidades, lograr un dominio efectivo de los materiales de estudio y un uso creador de los conocimientos, es decir, la formación de conceptos, interpretación y argumentación”.
Este texto dice algunas de las herramientas que los profesores utilizan para desarrollar el “aprendizaje gratificante” son el desarrollo del pensamiento crítico reflexivo, permitiendo a los estudiantes ser protagonistas de su propio aprendizaje; y la creatividad, que tiene estas características: fluidez (generar ideas y respuestas a planteamientos establecidos), flexibilidad (manejar alternativas en diferentes categorías de respuesta), originalidad (pensar en ideas que nunca a nadie se le han ocurrido), atención y memoria.
Muchos docentes utilizan el concepto de “aprendizaje gratificante” sin tal vez saber el nombre que tiene asignado, pero siendo muy conscientes de lo importante que es que los niños generen sus propios aprendizajes guiados por el profesor. Y aunque “Nadie puede decirnos cómo pensar” (John Dewey), como dice el texto de Barraza el buen uso del pensamiento es una habilidad que necesita desarrollarse y para eso el mejor aliado que tiene un alumno es su maestro, que lo orientará siempre a generar un verdadero cambio en él, “se trata de una transformación en la manera de verse a sí mismo, a su profesión, a los otros y a la organización o lugar del trabajo” (John Dewey). ¿Qué te parece el concepto? ¡Comparte y comenta en la comunidad de Elige Educar!
