Según el Informe de Seguimiento de la Educación elaborados por la Unesco, el 40% de los alumnos que forman aprte de los países de la OCDE apenas tienen conocimientos elementales sobre temas como el cambio climático o cuidado del planeta. “Si queremos mentalidades que apunten a una forma de vida más sustentable, la educación tiene que ser parte del cambio“, explica Manos Antoninis, analista del informe.
Te invitamos a leer la siguiente nota del diario “El Mercurio” para conocer más detalles del estudio y algunas estrategias para cambiar esta realidad.
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Los estudiantes del mundo todavía saben poco sobre el cuidado del medio ambiente
Según el Informe de Seguimiento de la Educación elaborado por la Unesco, en los países que forman parte de la OCDE, el 40% de los alumnos de 15 años apenas tienen conocimientos elementales sobre temas como el cambio climático.
Marghertia Cordano
Sudamérica se queda atrás en cuanto a enseñar sobre el cuidado del planeta. Mientras que términos como cambio climático, reciclaje o desarrollo sostenible ni siquiera se mencionan en el currículum escolar de Argentina, en México y Brasil el 60% de los escolares no son capaces de ahondar en su significado.
Aunque Chile sí hace mención de estos conceptos, en la práctica el panorama sigue siendo mediocre: 55% de los niños de 15 años solo tiene conocimientos básicos sobre la protección del medio ambiente. Entre otras cosas, esto implica que los escolares chilenos entienden poco sobre biodiversidad o la importancia del consumo sustentable.
Así lo indica el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, documento que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) dio a conocer este mes. El texto entrega cifras respecto de la deuda que tienen los países en torno a la enseñanza del desarrollo sostenible, con datos como que la mitad de las naciones del mundo no hacen una mención explícita del tema en sus planes de estudio.
Asimismo, revela que 4 de cada 10 alumnos, dentro de los países de la OCDE, apenas tienen conocimientos elementales sobre cuestiones ambientales.
“Los sistemas educativos todavía no reconocen el potencial que tienen cuando se trata de cambiar actitudes, influenciar valores y fomentar comportamientos. Si queremos mentalidades que apunten a una forma de vida más sustentable, la educación tiene que ser parte del cambio“, explica Manos Antoninis, uno de los analistas detrás del informe.
El tema es tan importante para la Unesco, que entre sus metas primordiales, de aquí a 2030, se encuentra concientizar a la juventud sobre la necesidad de cuidar el planeta. Las salas de clases son su principal vía para hacerlo, explica Antoninis desde París.
En primer plano
¿Cómo se entiende que ante problemas de acceso y calidad educativa -el mismo informe indica que en América Latina y el Caribe la universalización de la enseñanza básica no sería una realidad hasta el año 2042-, la Unesco haya decidido poner énfasis en la educación para el desarrollo sostenible?
Para Antoninins, una cosa no excluye a la otra. “Es cierto que todavía hay millones de personas a las que se les niega el acceso a la educación, pero esto no significa que los desafíos ambientales vayan a desaparecer. No se les puede poner en segundo plano”, explica.
De esta forma, la idea de la Unesco es incorporar la educación sustentable al día a día de las salas de clases. Una propuesta es que los establecimientos cuenten con ramos enfocados exclusivamente en el cuidado del planeta -donde se enseñe cómo disminuir la huella de carbono o cómo empezar una huerta-, mientras que otra alternativa es permear este tipo de conocimiento a los ramos que ya se imparten.
Por ejemplo, en Matemáticas se pueden crear gráficos que muestren cómo ha ido cambiando el caudal de un río en el tiempo, en Computación se pueden generar mapas interactivos que muestren dónde se acumula más contaminación en los alrededores del colegio y en Ciencias se pueden plantar árboles para reforestar una zona baldía. O bien, un paseo de curso a la playa puede ser una oportunidad para recoger basura, clasificarla y, más tarde, reciclarla.
Antoninis cree que en el caso de Chile, un primer paso también supone aumentar la inversión en Ciencia a nivel país. “Se destina un porcentaje ínfimo a la investigación; con menos del 0,5% del PIB están entre los países con los recursos más bajos de la OCDE”.
Si el mensaje a nivel nacional es que las Ciencias no son primordiales, es difícil que el discurso de prestar atención a la protección del medio ambiente llegue a los colegios, plantean desde la Unesco.
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