Escolares de 16 años rastrearon el abejorro robanéctar
Gianfranco Cavallieri y Pablo Sanhueza fueron los más jóvenes en exponer en el Congreso del Futuro.
Ariel Diéguez
“Imaginarse que un premio Nobel o que un investigador importante nos escuchó es increíble”, dice Pablo Sanhueza. Él y su compañero Gianfranco Cavallieri fueron los más jóvenes en subirse al escenario del Congreso Futuro, a exponer su trabajo: una investigación que, como ellos dicen, la hicieron solo con papel y lápiz.
Durante dos años y sin que nadie les prestara un mísero microscopio, los muchachos de 16 años rastrearon en Magallanes las fechorías del Bombus Terrestris, un abejorro importado.
Ambos alumnos del Colegio Luterano de Punta Arenas, recorrieron el Río San Juan y el Cabo Froward, el punto más austral de la masa continental de América, e hicieron una rayita en una libreta cada vez que veían uno de estos insectos europeos, al estilo de los antiguos naturalistas.
Luego, en cada, ingresaban los datos en un computador y, con la ayuda de Google Earth, confeccionaron un mapa de avistamiento. ¿La conclusión? El nefasto insecto amarillo, negro y blanco, está haciendo de las suyas mucho más al sur de donde los libros de ciencia pensaban que estaba.
Los jóvenes científicos incluso desarrollaron un nuevo concepto, el robo de néctar. “Un abejorro entra a una planta, sacando el néctar desde el nectario, sin polinizar la planta. Por eso decimos que es un robo”, explica Pablo. En otras palabras, como no poliniza, no ayuda a que las plantas se reproduzcan. Solo les chupa el néctar desde dentro.
Gianfranco recuerda cómo empezaron a investigar este abejorro y de repente vimos uno que nunca habíamos visto. Nos vinieron muchas interrogantes, como si era intrusivo o nativo. En ese momento no sabíamos nada. Ni siquiera el nombre”.
Como el Bombus Terrestris solo aparece cuando hay más de seis grados de temperatura, sus salidas a terrenos fueron en vacaciones. Una de las ideas de los muchachos es hacer una aplicación sobre el abejorro, para descargar en los celulares e involucrar a la gente en la investigación.
“Primero la aplicación debe tener una foto del abejorro intrusivo y otra del nativo, para que la gente los sepa diferenciar. Si ven a uno de los abejorros en un paseo, cotidianamente, lo marcan en su aplicación y así queda marcado en un mapa. Así podremos tener más datos de la situación geográfica”, dice Gianfranco.
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Fuente: Las Últimas Noticias – Ariel Diéguez
