Los expertos han dicho que el cerebro humano es una especie de sistema de control de tráfico aéreo altamente efectivo capaz de gestionar llegadas y salidas de muchos aviones en múltiples pistas de aterrizaje. Formalmente, esta capacidad del cerebro se denomina función ejecutiva y de autorregulación y es básicamente un conjunto de habilidades que dependen de tres tipos de funcionamiento cerebral: la memoria de trabajo, la flexibilidad mental y el autocontrol. Los niños no nacen con esta capacidad pero sí nacen con el potencial para desarrollarla a medida que van creciendo. Estas habilidades crecen y maduran a lo largo de la adolescencia e incluso hasta la edad adulta temprana. Pero hay algo fundamental: para que los niños logren desarrollar la función ejecutiva, es indispensable que estén expuestos a ciertas experiencias e interacciones positivas que actúan como cimientos en su desarrollo.
Los niños son más propensos a construir habilidades de la función ejecutiva más efectivas, si los adultos que los rodean son capaces de:
1. Apoyar el esfuerzo que realizan
2. Modelar sus habilidades
3. Realizar actividades en las cuales ellos puedan practicar esas habilidades
4. Brindar una presencia consistente y confiable
5. Guiarlos hasta que alcancen su dependencia de una manera gradual
6. Protegerlos del caos, la violencia o la adversidad crónica (lo cual afecta sus circuitos cerebrales)
Si los niños no obtienen lo que necesitan de sus relaciones con los adultos y de las condiciones de sus entornos, el desarrollo de sus habilidades puede verse seriamente retrasado o perjudicado. Esto quiere decir que, para que los niños, a una corta edad puedan desarrollarse, deben contar con adultos que, en líneas generales, promueven su desarrollo emocional, social, cognitivo y físico. ¿Lo beneficios de hacerlo?
1. Éxito escolar
Las habilidades de la función ejecutiva ayudan a los niños a recordar y a seguir instrucciones, a evitar distracciones, a controlar respuestas impulsivas, a adaptarse a los cambios, a persistir en la resolución de problemas y a realizar diversas tareas. Todo esto se traduce en la posibilidad de tener éxito en la escuela.
2. Conductas positivas
La función ejecutiva ayuda a los niños a desarrollar destrezas para el trabajo en equipo, el liderazgo, la toma de decisiones, la consecución de objetivos, el pensamiento crítico, la adaptabilidad y la conciencia sobre las emociones propias y las de los demás. En resumen, ayuda a que el niño sea capaz de desarrollar conductas positivas que no sólo le servirán en la escuela, sino también fuera de ella y a largo plazo.
3. Buena salud
Estas habilidades también permiten que las personas tomen mejores decisiones con respecto a la nutrición y el ejercicio. Gracias a la función ejecutiva, las personas también están alerta con respecto a la toma de decisiones que son claves para tener una buena salud. Además, una buena función ejecutiva prepara al sistema biológico para responder adecuadamente al estrés, lo que sin duda tiene un impacto positivo en el desarrollo.
4. Resultados laborales
Las habilidades de la función ejecutiva permiten que nos organizamos mejor, que seamos capaces de resolver problemas que requieren de planificación y estemos preparados para adaptarnos a las circunstancias cambiantes. Esto se puede traducir en innovación y flexibilidad lo que sin duda, en el futuro de los niños, puede significar que tengan excelentes resultados a un nivel laboral.
La ciencia demuestra que efectivamente, adultos (padres o profesores) tienen la oportunidad de dotar a los niños de habilidades claves para su desarrollo cognitivo, físico y emocional. Basta con ofrecer los espacios indicados, una estimulación pertinente y los cuidados necesarios para que esto sea posible desde temprano, en un periodo de vida inicial que determinará la forma como más adelante aprenden y viven su vida.
Center of Developing Child, Harvard University


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