En un video realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Sharon Lynn Kagan, Directora del Centro Nacional de Niños y Familias de la Universidad de Columbia dice: “la calidad estructural se refiere a la variable de los programas de desarrollo infantil que son regulables, que se pueden contar, que se pueden enumerar fácilmente. Por ejemplo, el tamaño en metros cuadrados que tiene el espacio disponible para los niños, el entrenamiento y la capacidad del personal, cuántos niños hay en el aula, o cuántos adultos hay por cada niño. Estas cosas se llaman variables estructurales porque forman la estructura del espacio y el entorno”.
Todos estos elementos son importantes, sin embargo, la experta asegura que por encima de la calidad estructural, está la calidad del proceso en sí mismo, pues la naturaleza de las experiencias de un niño dependen especialmente de cómo la gente le habla, como la gente lo saluda y claramente, cómo la gente crea oportunidades para su participación y aprendizaje, especialmente los profesores quienes deben estructurar las bases de una interacción basada en cosas como la comprensión, la disciplina, y las preguntas que evocan un pensamiento sensible.
Profesores preparados
Como complemento de la visión de Lynn, la profesora y economista de la Universidad de los Andes de Colombia, Raquel Bernal, asegura que otro punto fundamental es que los profesores estén bien capacitados y preparados para comprender que la primera infancia, es una etapa crucial donde los niños aprenden a aprender. De la mano con esto, las educadoras, dice Raquel, deben tener claro otros elementos fundamentales como el manejo de las emociones en el aula, el dominio de grupos y el respeto por los procesos de aprendizaje individuales que surgen del juego, del compartir, del escuchar historias, del cantar y muchas otras actividades. Muy de la mano con esto, Lynn asegura que hay algunos puntos que deberían ser claves en los programas de formación docente, por ejemplo: la investigación comprobada, pues es indispensable que los educadores aprendan cosas que haya sido probadas y sean efectivas. Y por otro lado, el componente aplicado, pues no se puede esperar a que los educadores dominen destrezas de forma inmediata si no se les ofrecen oportunidades de práctica.
“Hay cosas que sólo los maestros pueden hacer”, dice Lynn, quien también afirma que el conocimiento de un profesor aplicado en el aula puede suscitar mayor creatividad y lograr un mayor impacto en las interacciones.
Las investigaciones han dicho que los educadores con una mayor formación profesional demuestran tener mejores capacidades en las variables de los proceso que Lynn menciona al inicio y en ese sentido, ambas expertas coinciden en afirmar que capacitar a los maestros y por ende, tener grandes educadores, puede producir cambios importantes en la enseñanza, en los niveles de desarrollo verbal y en los indicadores de desarrollo socioemocional.

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