Cada vez es más común que las personas visiten cafés tipo Starbucks o Juan Valdez para trabajar, leer e incluso hacer reuniones de equipo. Algunos prefieren los sofás cómodos, suaves y grandes que ofrecen estos lugares, otros en cambio, se quedan con las clásicas sillas. Sea cual sea la elección, estos espacios dan la posibilidad de escoger y nadie obliga a los clientes a sentarse en un lugar u otro para trabajar. Además, si una persona quiere pararse para comparar otro café o cambiar de silla puede hacerlo. Las personas son libre de moverse como les parezca.
Basada en esto, la profesora Kayla Delzer sintió la necesidad de crear una sala de clase que tuviera los principios de todos estos cafés contemporáneos que atraen a tantas personas alrededor del mundo. Después de planear un tiempo y estructurar ideas para rediseñar, Kayla construyó este espacio en su sala de clase:
Una sala como el mundo exterior
Antes de comprar cualquier cosa o hacer algún tipo de cambio, Kayla se preguntó por qué quería un rediseño. Frente a eso, ella analizó que preparar a sus estudiantes para el mundo real, significaba ponerlos en ambientes dinámicos que reflejen la vida afuera de la sala de clase. Y ¿cómo es la vida afuera? Llena de opciones que posibilitan al adulto escoger y ser responsable de su propio aprendizaje. Por eso, esta profesora quería diseñar una sala que estuviera acorde a esta característica.
Entonces, Kayla pensó en su salón tradicional e ideó un plan para transformarlo. Pronto se dio cuenta que tenía muchos muebles, como su enorme escritorio y los pupitres clásicos, así que se deshizo de muchas cosas. Después buscó elementos para rediseñar y reutilizar lo que ya tenía, incluso objetos que encontró en casa. ¿El resultado? Un espacio abierto y lleno de rincones libres para que los niños se sentaran en el piso. Pensando en que quizás los estudiante preferían estar relajados aprendiendo, ella consiguió mats de yoga, alfombras de baño y otros profesores le donaron tablas para que ellos pudieran escribir mucho más fácil.
Ahora tiene un espacio abierto para todos y cinco mesas que están diseñadas para actividades distintas: por ejemplo, una es para pequeños grupos de instrucción y tiene una pizarra blanca y unos bancos, otra es para trabajar de pie y otra tiene bolas de estabilidad que cumplen el papel de sillas. Con respecto a los materiales de cada estudiante, se guardan en contenedores de plástico ubicados en las esquinas. Además se utilizan materiales comune y canastas con elementos que los estudiantes pueden escoger para trabajar en los diversos espacios.
El plan
Kayla permite que sus estudiantes, tal como lo hace un adulto en un café, escojan dónde quieren trabajar cada día. Cada mañana ellos hacen su elección, pero a lo largo del día tienen también la posibilidad de cambiar de lugares y experimentar nuevas opciones. Como creó un espacio con muchas opciones, nunca tiene problemas con agotar las posibilidades.
¿Cómo escogen los niños el lugar indicado?
Al iniciar el año, los niños dedican un día entero probando cada uno de los lugares en los que pueden sentarse. Después de eso, ella permite que escojan sus propios puestos. Ella cree que esto es un paso muy importante en el proceso de aprendizaje y explica su punto con el siguiente ejemplo: un estudiante que trabaja de pie ahora, originalmente creyó que trabajaría mejor en las bolas de estabilidad, pero cambió… después de notar que no paraba de saltar y caerse de la bola de estabilidad, él mismo se dio cuenta de que esa no era su opción más inteligente. En situaciones como estas, la profesora se reserva el derecho de moverlos y ubicarlos en un lugar más apropiado. Los estudiantes lo saben y entienden que los cambios son para su beneficios, asegura ella. De hecho, muchos de sus estudiantes más complicados, han tenido un cambio de comportamiento notorio y la profesora está muy segura de que en gran medida se debe a esta estrategia del espacio. “Ese es el poder que tiene el hecho de que puedan escoger donde trabajar. Ellos saben que el trabajo no es opcional, pero si el lugar donde se lleva a cabo éste”.
Un proceso
Para Kayla, las cosas han cambiado en el tiempo y por eso ella sugiere que si se busca un cambio, éste sea transitorio. Quizás se puede empezar con algunas alfombras de baño o mats de yoga. O tal vez sólo moviendo algunas cosas para que los niños se puedan sentar sobre cojines económicos. También es simple, dice ella, habilitar mesas para que los niños trabajen de pie. Pero más allá de eso, lo que más resalta ella, es probar, simplemente probar. “No alimentes los temores, sólo inténtalo y mira lo que más funcione para ti”.
“Si analizamos las salas de clase en los últimos 70 años, veremos el mismo tipo de ambiente de aprendizaje un año tras otro. El mundo está cambiando y nuestros salones se mantienen casi idénticos. Revitalizar el espacio es una manera directa de permitir a los estudiantes que ejerciten su capacidad de tomar decisiones en ambientes de aprendizaje y encuentren el éxito académico en sus propios términos. Ahora que han pasado varias semanas del año escolar, no puedo imaginar volver a la forma tradicional. Los comportamientos distraídos han desaparecido casi por completo, mientras que el compromiso y la participación de los estudiantes están todo el tiempo muy altas. Cuando miro la sala de clase, me siento orgullosa de lo que hemos logrado, un Starbucks para niños”.






Justo estaba leyendo este artículo http://ideas.ted.com/7-smart-ways-to-use-technology-in-classrooms/?utm_campaign=social&utm_medium=referral&utm_source=facebook.com&utm_content=ideas-blog&utm_term=education donde la profesora Kayla Delzer da algunas recomendaciones para que el uso de la tecnología sea algo efectivo en los salones de clases.
Me gusto su artículo, muchas gracias.
@omarzgarcia