A lo largo de la historia, los establecimientos educativos de entornos rurales siempre han tenido que enfrentar grandes desafíos. Por diversas razones las escuelas rurales, suelen registrar en casi todo Latinoamérica, altas tasas de abandono escolar y dificultades académicas. ¿Por qué? Según la OCDE uno de los factores es la familia; el nivel educativo de los padres es considerablemente menor en las zonas rurales y, naturalmente, este hecho termina teniendo un impacto importante en cómo los alumnos se acercan a los estudios. Además está el factor socioeconómico, la falta de instalaciones, recursos, y la distribución desigual de docentes calificados.
La tecnología ¿una oportunidad de cambio?
Es un hecho innegable que los recursos tecnológicos están cambiando la realidad del mundo y se han convertido en herramientas para acortar distancias e incluso disminuir brechas. Y si esto es así, ¿qué pasa si se hace uso de éstas para generar cambios educativos en los rincones del mundo que más lo necesitan? Sabemos bien que para esto es vital la participación de actores como padres, docentes, directivos escolares y responsables políticos, sin embargo, la tecnología en sí misma podría ser una opción válida (entre otras), como herramienta de promoción de aprendizajes en contextos sociales donde los desafíos son grandes por falta de docentes o educación formal como tal.
Un ejemplo de esto podría ser la Escuela en la Nube.
La Escuela en la nube es una iniciativa a través de la cual los estudiantes aprenden solos con la ayuda de computadoras, creada por el profesor y científico Sugata Mitra y aplicada en varios lugares del mundo. Entre esos, zonas muy vulnerables de India. Sugata Mitra empezó a trabajar en este proyecto hace años después de instalar unos computadores en una zonas marginales de India y darse cuenta de que los niños eran capaces de aprender a través de estos, sin instrucciones previas en informática. A partir de este proyecto surgió también una innovadora metodología llamada SOLE (Ambiente de aprendizaje auto-organizado), un espacio de aprendizaje donde los estudiantes están solos y aprenden entre ellos, moderados ocasionalmente por personas mayores. Con SOLE, un educador vía digital, plantea lo que Mitra ha llamado una “Gran pregunta”. Después los estudiantes se reúnen en pequeño grupos e intentan responder la pregunta a través del computador. Durante estas sesiones tienen la libertad de moverse de forma libre, cambiar de grupos, debatir y compartir información. De SOLE y Escuela en la nube, Mitra creó también “La nube de las abuelas” (Granny Cloud), una red de mujeres jubiladas voluntarias (muchas de ellas profesoras) que animan a los niños que están aprendiendo solos, a través de videollamadas por Skype.
Otro ejemplo a mencionar sería la Secundaria Virtual
Un proyecto en Chaco, una zona rural de Argentina. La Secundaria Virtual funciona con una zona central donde hay profesores que planean clases y las suben a un campus virtual que después llega a unas aulas sede donde dichas clases son recreadas por un coordinador. En estas aulas, jóvenes que antes no tenía acceso a la tecnología, ahora tienen computadores e Internet. Aunque evidentemente contar con profesores capacitados sería ideal en dicho contexto, al no ser posible, la Secundaria Virtual se presenta como una alternativa válida e interesante para acercar a los jóvenes a una posibilidad de aprendizaje.
Computadores, tablets y demás recursos digitales, además de una buena conexión a Internet, permite a los estudiantes acceder a buenos materiales pedagógicos, lo cual posibilita el impulso de procesos efectivos de aprendizaje, complementa la labor docente y promueve el desarrollo de las zonas involucradas. Y aunque evidentemente queda mucho por hacer en términos de tecnología en Latinoamérica, proyectos como estos visibilizan las ventajas de apuntar (una de tantas mejoras educativas) en esta dirección.

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