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Rediríjale la mirada a su hijo para que aprenda a leer… por placer

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Rediríjale la mirada a su hijo para que aprenda a leer… por placer

Transformar la lectura de un libro en una rutina diaria puede fortalecer el aprendizaje de niños y niñas. Descubre por qué hacerlo y cómo hacerlo en la siguiente nota de LUN

Escrito por: Fuente Externa

junio 7, 2017

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LUN, Francisco Crespo

De los 6 a los 12 meses. A los 3, 4 años. Y de los 5 en adelante. Pero no olvide. No es una carrera, el éxito a esta altura es basura.

Las rutinas de los padres con sus hijos incluyen momentos bellos como darles comida, vestirlos, bañarlos, jugar con ellos, acostarlos. ¿Y leer un cuento? Según un estudio realizado en Santiago el 2006 que recoge el “Manual de Lectura Temprana Compartida: ¿por qué es importante y cómo leer con niños 0 a 7 años?”, de los sicólogos educacionales y escritores Bernardita Muñoz y Andrés Anwandter, un 45,5% de los entrevistados nunca leía cuentos a sus hijos.

“Desde los 6 meses uno debiera exponer a los niños a libros con textos simples y figuras. El foco hasta los 12 meses es que desarrolle la atención conjunta: ser capaz de mirar al mismo punto que le señala el adulto, no donde él quiera”, afirma Lorena Pizarro, neuróloga pediátrica de Clínica Las Condes. “Hay que captar su atención, redirigirla hacia lo que se les quiere mostrar y sostenerla”, ahonda Pizarro.

Entre los 3 y 4 años ya tienen la capacidad de hablar, hacer comentarios y se empieza a desarrollar la memoria, tanto fonológica -sonidos- como semántica –significado de las palabras-. “Es innegable que niños expuestos a la lectura entre los 3 y 5 años van a tener un mejor vocabulario. Y esos niños que desarrollan luego la capacidad de leer por sí mismos entre los 5 y 7 años, lograrán un mejor nivel de abstracción, de análisis, de rendimiento en términos de desarrollo cognitivo”, suma.

Daniela Vera, fonoaudióloga especialista en trastornos de la comunicación y directora del centro de estimulación y desarrollo infantil Timón, explica: “Con el cuento mejora la imaginación y la creatividad aplicada al juego, la conversación e interacción con los padres. Además, a los 3 o 4 años lo pasado y lo futuro no existen mucho, pero el cuento ayuda a ir secuenciando”.

Un mediador o tablet. Los padres se preguntarán la diferencia entre leer un cuento y que el niño lo vea en el iPad o un DVD. “Con esto último podría aprenderse el abecedario completo, pero será una comunicación vacía. La comunicación tiene un componente emocional que se lo proporciona siempre un mediador. Cuando uno le cuenta un cuento o le lee a un niño, él va a desarrollar la atención conjunta, la capacidad de interpretar emociones”, asegura la doctora Lorena Pizarro. “Otra persona le muestra y le enseña el mundo. El iPad no te cuestiona, no hace variaciones ni quiebres”, complementa Daniela Vera.

En el “Manual de lectura temprana compartida” se menciona que adultos y niños “interactúan en torno al texto” y que se debe conversar a partir de lo leído: “Es esa interacción la que facilita la alfabetización del niño”.

Voz de lobo. Es clave que el niño preste atención de a poco. Para lograrlo, la fonoaudióloga Daniela Vera aconseja el énfasis prosódico: “Dar énfasis a una palabra o cambiar de tono de voz para variar de personaje, como que el lobo tenga un tono misterioso y la princesa uno dulce. O inventar sonidos, a los relojes por ejemplo, tic tac. Variar: contarles cuentos clásicos o inventados. Para los más chicos son buenos los cuentos con imágenes, para ir señalando con el dedo y marcando partes”.

El celular. El cuento debería ser un hábito ojalá diario, afirma Daniela Vera. Para que eso funcione, da una idea: “El papá o mamá puede inventarle un cuento al niño, grabarlo en el celular y escucharlo con él la noche siguiente, así toma otro sentido porque empieza a memorizar. Es la misma historia, con la misma voz, y la experiencia nueva de volver a oírlo. Después se le puede dar al niño un rol más activo, pedirle que complete la oración, que cambie el final, que invente, preguntarle qué le gustó, qué le hubiera cambiado. Hay una memoria operativa verbal que te permite crear imágenes mentales, así al volver a oírlo puedes mejorar esas imágenes. El niño seguirá pensando en el cuento”.

Rimas. El “Manual de lectura temprana compartida” entrega varias sugerencias: “Cantar les ayuda a aumentar su conciencia fonológica. Los niños disfrutan las rimas y las repeticiones. Incluso a esta edad algunos niños pueden inventar canciones”. Otra es escribirles su nombre en sus pertenencias: “Alrededor de los 3 años identifican la inicial de su nombre y alegremente expresarán que es ‘su’ letra”.

No apure. Lorena Pizarro afirma que en la etapa de los 3 a 4 años la mejor estrategia es la lectura global, identificando la figura de la palabra completa. “La mayoría de los niños son capaces de aprender este método global y después hacer la transición hacia una lectura más fonológica de codificación letra por letra. El desarrollo de la lectura probablemente ocurra entre los 6 y 7 años y medio. Precipitarlo no es lo mejor, sino que generar encanto con el gusto de estar en algo, entender la historia, comprenderla, reproducirla”, comenta.

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2017-06-07T18:15:49+00:00 junio, 2017|Actualidad, Cómo aprenden los niños|1 Comment

One Comment

  1. Grace Solano Paredes junio 7, 2017 at junio, 2017

    Hola! Muy interesante el artículo. El “Manual de lectura temprana compartida” está disponible en Internet?
    Gracias!

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