A propósito de la incorporación de la Formación Ciudadana como asignatura, profesores entregan ideas para volver más concretos los conceptos relacionados con esta materia.
Cuando estaba en 8° básico, la profesora de Mariana Ardiles pidió a su curso aprender de memoria la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Más tarde los evaluaría pidiendo que rellenaran los espacios en blanco del documento original alterado. “Tenía la mejor intención de transmitirnos cuál era la importancia de la declaración, pero es altamente probable que eso haya generado cierto desinterés, ansiedad o incluso frustración. Los Derechos Humanos pasaron a ser algo aburrido, difícil y lejano”, explica la actual presidenta de la Fundación Nosotros Ciudadanos.
Para dar ideas de cómo fomentar el interés de los alumnos en temas de ciudadanía, esta semana la institución -enfocada en promover la participación política y la formación ciudadana de las personas- organizó un seminario en el que se dieron ejemplos concretos de cómo llevar estos tópicos a la sala de clases. El encuentro contó con el apoyo del Núcleo Milenio Desafíos a la Representación y la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales.
Niños que reflexionan
Durante el seminario, los panelistas destacaron la importancia de generar vínculos entre lo que se enseña y el día a día de los estudiantes. Cynthia Adlerstein, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, recordó que esto no es tarea exclusiva de quienes trabajan con adolescentes.
“Hoy seguimos pensando los jardines infantiles como espacios para los niños, pero sin los niños. Los adultos son quienes deciden cómo se aprende ahí. Y lo que proponemos es empezar a pensar en los niños como habitantes de esos jardines, lo que significa pensarlos como sujetos que toman decisiones y participan activamente en la pedagogía que allí ocurre. Cuando los más chicos se apropian del espacio y construyen sentido de mundo con los otros, están ejerciendo su ciudadanía”, explicó la investigadora detrás del sistema MAFA (modelamiento del ambiente físico de aprendizaje) en educación parvularia.
El modelo -que ya se introdujo en 24 jardines infantiles de la Junji- propone que los muebles fijos dentro de la sala de clases sean reemplazados por módulos que pueden fácilmente moverse de un lado a otro y que tienen más de una única función: lo que sirve de mesa, también puede convertirse en una repisa cuando es levantado.
Cada curso cuenta con un modelo a escala de los muebles en su clase y son los propios niños (de 3 o 4 años) quienes cada cierto período de tiempo discuten dónde debería ir cada cosa.
“Se sientan en grupos pequeños a negociar, a deliberar cómo se va a desarrollar la experiencia de aprendizaje que se les propone. Se toman el tiempo para organizar su propia sala”, dice Adlerstein, quien destaca que “eso es un ejercicio de ciudadanía para esta edad”.
En el caso de alumnos más grandes, la propuesta de Cristóbal Guerrero es la de educar a través de los juegos. Para enseñar sobre conceptos como democracia, globalización o fraternidad, este profesor de Historia del colegio Sagrados Corazones de Manquehue tuvo la idea de pedir a sus estudiantes de 1° medio que crearan una nación y un continente propios. En grupos y durante cuatro clases, debieron abordar temas como límites geográficos, desigualdad o solución a problemas medioambientales.
“El pensamiento crítico tiene una relación dialéctica con la democracia; mientras uno avanza, el otro también lo va haciendo”, explicó el profesor.
José Tomás Montalva, del Centro de Desarrollo Docente de la UC, pidió no olvidar el rol que juegan las salas de clases universitarias. “Hace 10 años empezamos con una campaña que hace que los estudiantes y profesores se pregunten para qué sirve lo que están estudiando. Se les invita a reflexionar en la utilidad que tiene para la sociedad”.
Promocionando estos espacios de discusión es más probable tener constructores civiles que antes de embarcarse en un proyecto de viviendas sociales, quieran averiguar el número de personas cuyos hogares actualmente no se consideran aptos para habitar, por ejemplo. “Es un ejercicio que busca generar una masa mucho más crítica”, indicó Montalva.
Juegos y mobiliario didáctico introducen de forma entretenida temas de ciudadanía en las aulas, El Mercurio, M.Cordano. Domingo, 16 de abril de 2017

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