El comúnmente denominado principio de acción y reacción es la Tercera Ley de Newton. Fruto del genial físico, filosofo, matemático, teólogo y padre de la mecánica clásica, Isaac Newton. Una mente brillante, que supo revolucionar la física y las matemáticas, con repercusiones impresionantes para toda la humanidad.
Tanto ha sido su impacto y perduración, que hoy en miles de nuestras escuelas se sigue estudiando sobre mecánica clásica. Las tres leyes de Newton son casi una introducción a las ciencias y en especial a la física. Pero, aunque muchas veces se estudie su teoría, no siempre se pone en práctica; o al menos no se rescata de ella una mirada más amplia que nutra nuestras experiencias.
Varios son los videos que podemos ver en internet sobre estudiantes experimentando las leyes de Newton o recitando la descripción encontraron en Wikipedia “La tercera ley de Newton establece que siempre que un objeto ejerce una fuerza sobre un segundo objeto, este ejerce una fuerza de igual magnitud y dirección, pero en sentido opuesto sobre el primero”, pero la experimentación y definición de la esta ley no sólo tiene lugar en la mecánica. Es en la dimensión pedagógica, donde esta descripción de cómo interactúan las fuerzas toma forma.
Una máxima del aula
La acción y reacción es una máxima del aula, quizás no ha sido probada ni investigada con tanto detalle como en la física, pero sin duda es algo que día a día se vive en la sala de clases.
El aula es un lugar cargado de acciones y reacciones, en la dinámica de las fuerzas que se oponen al chocar los cuerpos. El grito contra el desorden y el castigo frente al mal comportamiento. Son reacciones que, sin darse cuenta, algunos docentes utilizan frente al choque con ciertos jóvenes pero que terminan produciendo reacciones en todos los alumnos. A veces sólo 4 o 5 alumnos generan desorden al interior de la sala de clases pero finalmente todos los integrantes de la sala terminan con una reacción en cadena, lo que sin duda afectan nuestro vínculo con los alumnos.
Por ello, tenemos que buscar choques de fuerzas positivas que nos ayuden a construir y colaborar. A no condenar, a motivar siempre porque con eso genera motivación, a exigir ir por más porque eso nos exigirá más a nosotros; a no usar las tareas como castigo, ni al recreo o la reducción de este. Hay a cuidar las acciones, porque todas tendrán reacciones positivas o negativas.
El aula, la docencia y la paternidad, siempre estarán mediada por lo que Newton nos mostró sobre las consecuencias de ejercer la fuerza. No olvidarlo debe ser una máxima, aunque a veces difícil de cumplir, tanto en nuestras reacciones como en nuestras acciones. Y aunque existen muchos ejemplos sobre cómo abordar este tema al interior de la sala, la invitación es a construir los propios, a crear e innovar, a empezar a poner en práctica a Newton, llevarlo al aula y construir reacciones que respondan a acciones de transformación. El camino no es fácil, pero sí se puede.
Y tú, ¿Aplicarías la Tercera Ley de Newton en tu sala de clases?

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