Siete naciones en una sala
En el 1° básico del Liceo Miguel de Cervantes de Santiago, hay un alumno chino, un haitiano, un colombiano, un dominicano, dos argentinos, 13 chilenos y 17 peruanos. Es decir, de los 36 niños que componen el curso, 23 son inmigrantes o hijos de inmigrantes.
“Yo soy chinito y también chileno”, grita Vicente Liu Tan (7), quien asiste con sus papás a las reuniones de apoderados para poder traducirle a la profesora lo que dicen sus padres, que no hablan una gota de español. “Yo soy dominicana, pero como vivo en Chile soy chilena también”, interrumpe Charleny Manzueta (6), jugando con las más de veinte trenzas que lleva pegadas a su cabeza.
La directora del liceo, donde actualmente hay alumnos de 35 nacionalidades, explica que a los niños les encanta el hecho de venir de diferentes partes del mundo: “Es algo que los motiva a aprender. Si un compañero peruano llega a la clase de música con una zampoña, todos los compañeros la quieren tocar”, señala.
El contraste de orígenes ha transformado la manera de hacer las clases de los profesores: en Lenguaje se habla de al menos un autor de cada país, mientras que en Historia se repasan los grandes hitos y la geografía de sus países. El 21 de mayo se resaltan a los héroes de Perú y Chile, y cada año se realiza una feria intercultural donde comparten arte, música y gastronomía de cada país.
Ahora, planean enseñar a todos sus alumnos el himno peruano para acompañar el chileno. “Espero que en unos años más todos se sepan los himnos de todos. Si hay algo de lo que la educación pública va a poder jactarse, es de haber aportado a una educación integral sin discriminación”, asegura la directora.
Como ves, la integración de niños y niñas migrantes es posible, y los profesores del Liceo Miguel de Cervantes y su comunidad educativa lo han demostrado. ¿Conoces la historia de algún colegio o profesor que esté aportando a este desafío? ¡Comparte su historia y ayúdanos a relevar la importancia de una educación inclusiva e intercultural!
.
