Durante seis meses, la Revista El Sábado y la Universidad Adolfo Ibánez buscaron por todo Chile a jóvenes menores de 35 años que estuvieran transformando el país. Buscaron a jóvenes de distintas profesiones, oficios y disciplinas; y encontraron a 100 Jóvenes Líderes. Se trata de científicos, emprendedores, deportistas, políticos y profesores. Sí, ¡leíste bien! Encontraron a 3 profesores que la están cambiando la sociedad desde la sala de clases.
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Un puente de la cultura mapuche
Paola Linconao, 33 años
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Se ha destacado por ser una gran impulsora del traspaso de la cultura mapuche a las nuevas generaciones. Lo hace a través de sus clases de lenguaje en el Liceo Bicentenario de Temuco. “Siempre pongo foco en la interculturalidad en el área urbana, porque estamos en la Región de La Araucanía, y es un territorio que está en permanente tensión”, dice. A través de jornadas de reflexión, obras de teatro, la literatura y la música, Paola inculca en sus alumnos la conexión con sus raíces y su identidad.
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Matemáticas sin barreras
Fabiola Bolaños, 31 años
Esta profesora del colegio Raúl Silva Henríquez de Arica logró con sus alumnos una meta que ellos no imaginaron: obtener los mejores resultados en el Simce de matemáticas a nivel regional y nacional en 2015. Su sello, cuenta, es demostrarles a sus estudiantes que no importa de dónde vengan, sino hacia dónde van. Y por eso pretende quedarse trabajando en Arica, en especial en colegios vulnerables; de hecho, el establecimiento en el que está tiene un 90 por ciento de vulnerabilidad. “Lo que me hace diferente es la convicción de que sí se puede, a pesar de todas las adversidades”, dice. Por su trabajo, fue nominada al Global Teacher Prize Chile. “Me sentí súper reconocida. Uno trabaja en la invisibilidad, siempre pensando en los niños y realizando el trabajo por ellos”.
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La ciencia al colegio
Mario Santibáñez, 32
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Fue nominado al Global Teacher Prize, considerado el Nobel de la educación, por sus clases de Biología y Química en el Instituto Técnico Comercial de Recoleta. Llegó a Santiago en 2013, desde Valdivia, con una beca para cursar un magíster en Educación en la Universidad Católica, por lo que tenía que cumplir con horas en escuelas como requisito de los estudios. “Fue un tremendo desafío. Cuando llegué al Instituto, la ciencia no se consideraba para nada un ramo, no se hacían proyectos”, cuenta. Entonces decidió formar con sus alumnos una academia de ciencias. Ahí crearon un calentador de agua solar para proveer con agua caliente los camarines del establecimiento, un proyecto que fue premiado como el más innovador a nivel escolar por el Banco Santander y la Fundación Elige Educar. “Yo aprendí ciencia en la universidad experimentando. No puedo enseñar solo de forma teórica, tengo que enseñar haciendo”, dice.
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