Es común encontrarnos con artículos que señalan que las niñas se sienten menos capaces en matemáticas y ciencias respecto de sus compañeros varones; o escuchar frases que dicen que las mujeres hacen mejor las tareas domésticas que los hombres; o que las niñas no son buenas practicando deportes; o que “lloras como niña”. Esos estereotipos del aula, y otras brechas de género, repercuten en la confianza y liderazgo que las menores desarrollan en su vida. ¿Cómo cambiar esta situación?
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A continuación presentamos una serie de claves publicadas por el diario El Mundo para que los padres apoyen a las niñas a ser líderes de sus propias vidas, y explica lo que hacen los profesores para lograr esto en la sala de clases.
Liderazgo: Cuando llegan a enseñanza media, una de las tareas que realizan los profesores con las alumnas es preguntarles cómo cambiarían el mundo pidiéndoles que cuenten lo que significa el liderazgo para ellas. ¿Se ven a sí mismas como líderes? ¿De qué manera lideran ahora y cómo les gustaría liderar en el futuro?
La manera de hablar: Muchas niñas empiezan las frases disculpándose (“No estoy segura de que esto sea correcto, pero…”) o transmitiendo inseguridad y debilidad en sus convicciones. Es importante que las madres sean conscientes de cómo se comunican delante de las hijas, evitando suavizar sus opiniones con renuncias o disculpas.
Potencial deportivo: Las actividades extracurriculares aportan una formación y entrenamiento en liderazgo muy atractivo para las niñas. El deporte puede ser especialmente positivo para ellas porque las motiva a lograr el éxito en otras áreas. Si no les interesa el deporte, los profesores las animan a buscar otra actividad en la que pueda formar parte de un equipo como teatro, música o tecnología, ellos las conocen bien y sabrán qué recomendarles.
Respetar sus sentimientos: Las niñas aprenden desde el principio que caer bien y evitar los conflictos –incluso cuando están molestas– ayuda a mejorar y aumentar el estatus social. A muchas se les dice que deben “superar” sus sentimientos o dejar de ser “tan sensibles”. Como padres deben enseñar a sus hijas a respetarse a sí mismas haciéndole saber que está bien sentir lo que sientan y hablar de ello.
Que resuelva ella misma sus problemas: Cuando tienen un problema, es común que los profesores les pregunten ¿Qué quieres hacer al respecto? Aunque sepan que ellas les dirán No sé. Los docentes, sin embargo, las empujan suavemente a considerar estrategias que podrían utilizar para hacer frente a la situación y luego les preguntan por los posibles resultados. Lo mismo pueden hacer los padres cuando el problema se presenta en la casa, demostrando que ellos tienen confianza en su capacidad para resolver problemas por su cuenta, para que de esa manera las niñas también desarrollen esa confianza.
Comportamiento asertivo: Las niñas a menudo responden a lo que se les pide aunque no estén de acuerdo y después se sienten mal. Deben aprender a establecer límites en las relaciones (en la casa y el colegio) y entender que hacerlo no terminará con ellas.
Dejar la zona de confort: Muchas niñas tienen dificultades para asumir riesgos porque les preocupa fracasar o decepcionar a los demás, es por eso que los profesores frecuentemente las animan a probar cosas nuevas como que asistan a grupos o talleres escolares en los que no conocen a mucha gente, o decirles que vayan a pedirle un material a un profesor que no les hace clases a ellas. La valentía es una habilidad que se adquiere poco a poco y los docentes lo saben, por eso les hacen saber que la primera vez que hagan algo no tiene por qué ser perfecto, lo importante es intentarlo. Eso mismo pueden aplicar los padres en casa pidiéndoles que ellas le hablen a la cajera del supermercado o animándolas a ir a una reunión en donde no conocen a los invitados.
Influencia masculina: Las niñas cuyos padres están involucrados positivamente en sus vidas también tienden a tener una mayor autoestima y estar más dispuestas a probar cosas nuevas. Los padres deben mostrar respeto por las mujeres que forman parte de su vida, ya que a las niñas les ayudará a desarrollar altas expectativas hacia el resto de los hombres.
El liderazgo se trabaja en la casa y en el colegio, en ambos espacios es importante desarrollarlo y que las niñas estén conscientes de ese desarrollo. Por eso es común ver que padres y profesores trabajan en conjunto cuando existe un problema de autoestima o falta de liderazgo. Los docentes son quienes más pueden apoyar a las niñas en el proceso de desarrollo de autoconfianza, ya que son quienes pasan la mayor parte del tiempo activo con ellas, por lo mismo los padres deben verlos como aliados en esta tarea. ¿Qué opinan? ¡Comparte y comenta en la comunidad de Elige Educar!
Editado por Elige Educar.
