Desde hace algunos años, el WhatsApp de apoderados se ha convertido en un medio de información y coordinación para los padres sobre los diferentes temas relacionados con el colegio de sus hijos. Pese a tener una mayor conexión, los grupos de WhatsApp puede restarle autonomía a los alumnos señalan algunos expertos, mientras que otros especialistas destacan los beneficios de esta herramienta.
Te invitamos a leer la siguiente nota del diario “La Tercera” para conocer más detalles sobre los pro y contra del WhatsApp de apoderados y cómo transformarlo en una herramienta para el aprendizaje.
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Educando niños por WhatsApp
Eficaz herramienta para hablar de asuntos escolares con otros apoderados, que se masificó gracias a su instantaneidad. Algunos expertos sostienen que esta red social resta autonomía a los niños, pero otros estiman que hace que el menor sienta que estén preocupados por él. El debate está abierto.
Paulina Sepúlveda
Los grupos de WhatssApp de padres se han masificado gracias a su ventaja de instantaneidad de mensajes, notas de audio y video, a costo cero. Una ayuda, dicen muchos, para enterarse de lo qué ocurre en el colegio de sus hijos. Pero que también tiene otra cara: los niños dejan de responsabilizarse de lo que tienen qué hacer, porque lo asumen los padres.
Paz Valenzuela, psicóloga clínica infanto-juvenil y académica de la Universidad Diego Portales (UDP), indica que muchos niños llegan a terapia por dificultades con el desarrollo de su autonomía, y “que las madres estén conectadas entre ellas, que sepan lo qué les pasa a sus hijos en el colegio, independiente de lo que ellos les cuentan, va en contra de esa autonomía”, explica.
Para la psicóloga UDP, hoy es tanto el interés en el exitismo y que los niños no fallen nunca, que los padres están dispuestos a estar siempre conectados.
Dinámica de chat
Los chats de padres son adecuados para los asuntos de coordinación e información, “pero conviene evitar abordar temas que atañen la experiencia emocional de los hijos y las familias”, dice Lucio Gutiérrez, psicoanalista de la Universidad Católica.
En ellos se puede dar una tendencia a la exacerbación de posiciones. “No es raro que en un chat de padres tiendan a escalar conflictos que en la resolución ‘cara a cara’ se desarrollarían de otra manera”, aclara Gutiérrez.
Es una instancia sin claves de comunicación cruciales, como la entonación, por ejemplo, lo que sumado a la posibilidad de leerse y responderse en cualquier momento, parece omnipresente en la mente de los usuarios. “Lo que favorece malentendidos y un clima emocional persecutorio en el planteamiento y abordaje de temas sensibles”, dice Gutiérrez.
En el chat, explica el experto, se produce un deslizamiento entre el pensamiento como ‘habla interna’ y se debilita hasta cierto punto la censura, y se expresa lo que cotidianamente se reprime. “En ese sentido, algunos miembros tienden a decir ‘lo primero que se les viene a la cabeza’ y esto tiene consecuencias. Observamos una precarización de las discusiones, que ciertamente no está al servicio de los desafíos de la crianza”.
Pero también pueden contribuir a la desconfianza con el hijo. Todo se consulta al grupo de chat, dice Valenzuela, algo complejo cuando se trabaja en que los niños crezcan y se hagan responsables de su quehacer. “Pero los padres no le creen a los hijos, le creen más a los grupos”.
No todo es malo
Para Valentina Romeu, docente con mención en psicoeducación de la Universidad Católica, la visión es distinta. Se trata de espacios positivos. “Cualquier iniciativa que promueva o mantenga la comunicación familia-escuela, es algo positivo. Es muy bueno que los padres estén comunicados, porque un niño que siente que están preocupados por él, tiene mejor rendimiento”.
Que la herramienta resta responsabilidad a los niños de su aprendizaje, es culpa de los padres. “Los que van al colegio son los niños, no ellos”, enfatiza Romeu.
Paulo Barraza psicólogo educacional del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, dice que es un tema que se puede ver desde dos perspectivas, como un problema el que los papás estén evitándose la responsabilidad de tener que decirle y enseñarle al niño ciertos patrones de conducta, como llamar al compañero y conseguirse las tareas, “o se puede ver como que se ha renovado el compromiso de los padres con la educación de sus hijos. Es un debate abierto”.
El especialista del Ciae advierte en estos casos el asumir una posición demasiado rígida, “en que la escuela se vea como si fuera un trabajo para el niño, adultizándolo”.
El cómo los colegios enfrentan esto, dice Romeu, es desde la perspectiva de que pueden generar ciertos límites, pero sin demonizar está comunicación por WhatsApp. “La idea es cómo hacemos para que sea una herramienta que favorezca el proceso de aprendizaje”.
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