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Dos profesores con vocación que trabajan en un campo de refugiados

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Dos profesores con vocación que trabajan en un campo de refugiados

Escrito por: Equipo Elige Educar

septiembre 28, 2016

El diario inglés The Guardian, publicó la historia de dos profesores voluntarios de educación básica de Reino Unido, con mucha vocación, que se ofrecieron a enseñar en un campo de refugiados en Grecia. Los docentes tuvieron que partir desde cero, con un trozo de lona y una pizarra. A continuación compartimos la nota.

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Cuando los profesores de escuela primaria Katie McDonald y Vicky Manning llegaron a enseñar al campo de refugio Faneromeni en Grecia, supieron que estaban allí por un desafío.

Lo que no se esperaban era que no se trataba para nada de una escuela: “Pensé que habría al menos carpas o algo”, dijo Katie “pero no habían”.

El sitio había sido instalado en mayo y había poca infraestructura. Los refugiados –alrededor de 230 Yazidis que huyeron del genocidio en Irak– también estaban recién llegando. Los dos profesores se comprometieron a pasar el verano trabajando con los niños a través del programa de caridad CalAid. Entonces, debido a la falta de infraestructura, esparcieron lonas en la tierra rocosa.

“Construimos una pizarra contra un poste mientras los niños se sentaban alrededor en el piso” dice Manning.

“Una de las primeras cosas que los refugiados preguntaron fue por educación”, dice Becky Chapple, el administrador del programa CalAid. Entonces los profesores lanzaron una apelación para hacer voluntariado. Motivados por la difícil situación de los refugiados, McDonald y Manning se manifestaron.  

Una vez en Faneromeni, su primer desafío fue adaptarse a las condiciones. “Cualquier idea usada en el sistema de educación de Reino Unido fue rápidamente desechada. No era práctico y no era lo que ellos estaban esperando”, cuentan.

Amor por aprender

McDonald y Manning descubrieron que estaban trabajando con grupos de niños que estaban traumatizados, pero desesperados por aprender. “Ellos estaban literalmente rogándome cada día que la escuela comenzara”, dice Manning, quien tiene 27 niños en su clase. “Cada día que llegaba al campo, ellos me arrastraban fuera del auto, tomando las lonas y la pizarra. Así podíamos empezar lo antes posible”, agrega.

Pero los niños presentaron un gran desafío. “Yo esperaba que ellos hubieran dejado hace poco la escuela, pero estaba equivocada”, dice McDonald. “Muchos de ellos, incluyendo los mayores, jamás habían estado en la escuela y no tenían idea de cómo aprender. Tuvimos que enseñar comportamientos básicos”, señala.

Muchos estaban claramente sufriendo estrés post-traumático, ya que “su inhabilidad para acordarse de cosas era impresionante”, añadió.

Manning también estaba consternada por la violencia con la que los niños se trataban. “Ellos realmente peleaban”, afirma. “Hubo incidentes los primeros días que no estuvimos seguras de cómo manejar”, dice.

Aquellos con más experiencia trabajando con niños refugiados, cuentan que aquel comportamiento es bastante común. En Uganda, por ejemplo, agencias de primeros auxilios han estado trabajando con refugiados que huyeron de la guerra, en el barrio del sur de Sudán por muchos años. Los profesores están familiarizados con esta combinación de trauma, su inexperiencia y deseos de aprender.

Gran cambio

Taban Williams trabaja en una de las escuelas –apoyada por el consejo noruego de refugiados– que provee de educación a los niños del sur de Sudán, así como también en la comunidad local. “Tenemos niños soldados, niños que nunca han estado en la escuela, y niños con diferentes contextos y lenguajes” dice.

Como muchos profesores en campos de refugio establecidos, Williams es un refugiado. Él dice que esto le da una ventaja: habla la misma lengua, entiende las tensiones étnicas y puede empatizar con los conflictos.

Él ha visto el impacto dramático que la educación puede tener. Los niños que escaparon de él un año atrás, pelearon en la clase y no pudieron quedarse quietos. Ahora vienen cada día, hablan inglés (el lenguaje oficial de Uganda junto con el Swahili) y se comportan bien. “He visto un gran cambio”, dice.

A pesar de las expectativas iniciales, McDonald y Manning descubrieron que ellas también están marcando la diferencia. Con el tiempo en que se fueron, su pequeña escuela quedó registrada, tiene una asamblea matutina y tiempos libres, e incluso comenzaron a hacer clases de tarde para adultos.

El cambio en los niños fue notorio. Con las semanas, los cargos iniciales de la pareja fueron cambiando cada día y dominaron la disciplina básica de las clases. “Recolectamos 10 botellas plásticas y las pusimos en la muralla, y cantaron 10 botellas verdes”, dice Manning.

Ahora, ella busca la forma de seguir apoyando a los niños. “Esto hizo un gran impacto, fue una experiencia increíble. Si pudiera costear el ir y enseñarles en un plazo largo, lo haría”.

Irse fue tan difícil para las profesoras como para los niños. “Ellos decían ¡No se vayan!”, recuerda.

“Tuve cuidado de que al irme no estuviera tan cerca de los niños, porque no quería que se sintieran vinculados”, dice McDonald. “Ellos tenían tanto potencial y nadie se lo está facilitando. Todos quieren ser doctores y abogados, yo sonreí y los alenté, pero no pensé en el largo camino que tenían por recorrer”.

Lamentablemente, muchos niños no han sido capaces de comenzar la escuela en Grecia este septiembre como el gobierno originalmente planeó, por lo que las beneficencias necesitan continuar apoyando estos servicios en los campos.

“Necesitamos todo tipo de profesores”, dice Chapple de CalAid. “Hay tantos niños inteligentes e increíbles, y buenos profesores pueden ser un cambio en sus vidas”.

CalAid está actualmente reclutando profesores y trabajadores jóvenes que deseen hacer voluntariado en Grecia entre este mes y diciembre. El mínimo periodo para estar en los campos es de 3 semanas. Para más información, por favor contactarse a: [email protected]

Todos los días confirmamos en las aulas del país –y del mundo– que el impacto de un profesor en la vida de un niño es impresionante. Y cuando se trata de docentes que se atreven y van a lugares complejos a enseñar, se nota aún más la transformación que logran en el desarrollo de los menores. Educadores con vocación como estos dos ingleses son dignos de admiración, al igual que todos aquellos que trabajan en contextos difíciles y con niños que por primera vez se enfrentan a una sala de clases. Este tipo de docentes forman y transforman vidas para siempre. ¿Qué les pareció? ¡Comparte y comenta en la comunidad de Elige Educar!

Fuente: No desks but lots of enthusiasm: what it’s like to teach in a refugee camp
Traducción: Karla Rosental Cárdenas, Estudiante de Pedagogía en Inglés- UMCE.

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