¿Qué está pasando en el cerebro de un niño de esta edad?; ¿qué conocimientos ofrece la neurociencia a los padres y a la comunidad educativa de un niño en sexto básico? Estas preguntas las contestó Hank Pellissier, experto en educación y desarrollo cerebral, autor del libro “Los cerebros más brillantes: 225 maneras de elevar o dañar la inteligencia”. ¡Te invitamos compartir estos interesantes consejos!
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Los de Sexto son a menudo imprudentes e insensatos debido a su estilo de acción carpe diem (“aquí y ahora”), lo que los hace rebotar de una actividad de alto estímulo a la siguiente instantáneamente. Por esto último ¿son propensos a los accidentes? Puedes apostar que sí. Para demostrarlo, el escritor Hank Pellissier pone de ejemplo al compañerito de su hija de sexto básico, quien ha estado en la sala de emergencia en cinco ocasiones este año, por dos esguinces de tobillo, una muñeca y un brazo roto, además de un traumatismo cerebral.
Te preguntarás también ¿tienen control de los impulsos? Lo sentimos, pero la región del cerebro encargada de ello –la corteza frontal– es aún incipiente. Es por esto que los niños en este nivel pueden comer postres hasta que se enferman, saltan antes de mirar y adorablemente suelen levantar sus manos con entusiasmo en la clase antes de que se den cuenta que no saben la respuesta.
La dopamina es una hormona que estimula la búsqueda de lo novedoso y el comportamiento de “cazar” sensaciones. Ante esto, los de sexto básico son, de manera alarmante, cabecitas huecas dominadas por la dopamina. Por tanto, el autocontrol no es parte de su paquete neurológico.
Juicio o falta de este
A partir de este nivel hacia la madurez, el área de crecimiento primario del cerebro es la corteza prefrontal de los lóbulos frontales, una región que se conoce como el “CEO” del cerebro. Este control cognitivo o centro de función ejecutiva es responsable de la inteligencia general y actividades como la mediación de emociones en conflicto, la toma de decisiones éticas, la inhibición de los impulsos emocionales y sexuales, y la predicción de eventos futuros. Si tú como padre o madre has notado que tu hijo de 11 años de edad puede ser terriblemente desorganizado, o que tu hija ahora busca un área privada para objetos secretos o guardar una revista, se puede rastrear estos comportamientos devolviéndote al “cerebro de su cerebro”, por así decirlo.
Y en este momento está cambiando enormemente en una especie de proceso de poda sináptica, la que fortalece ciertas carreteras neuronales mientras que, prácticamente, abandona o deja atrás a la mayoría de las otras rutas neuronales. La actividad de transición de esta fase de recableado desorienta a los niños y niñas, lo que a menudo se asoma en forma de imprudencia, toma de malas decisiones, y arrebatos emocionales.
Crecimiento extraño
¡Uff! ¿Que está creciendo? Si no lo sabes aún, informa a tu hijo e hija inmediatamente sobre los cambios físicos que le vienen por delante, todos aquellos que se activan por sus lanzamientos de hormonas adolescentes. Cabe destacar para las chicas el crecimiento de los senos, aparición de acné, vello púbico y vello corporal, la menstruación y el ensanchamiento de caderas. Para los niños se viene el vello axilar junto con el vello púbico y el facial; aparición de acné, testículos más grandes, los llamados sueños húmedos y, por tanto, las erecciones. En caso de no advertirles sobre lo que viene, ellos van a estar muy asustados por estas “sorpresas brutas”. Con base esto, se puede decir que los alumnos de sexto básico, especialmente las niñas, son frecuentemente auto-conscientes de la evolución de su cuerpo, con la ansiedad acerca de cómo los otros los ven. Además, coméntales que podrían comenzar a desarrollar quiebres y rupturas amorosas.
Alimenta el cerebro
Muchos estudiantes de sexto año quieren atiborrarse de comida chatarra poco saludable debido a que los centros de placer de su cerebro se desarrollan mucho antes que su capacidad de calcular las consecuencias a largo plazo. Ellos piden por ella. ¡Pero a no ceder! La comida basura puede conducir a la obesidad, dañar su sistema inmunológico, y contienen productos químicos que pueden alterar sus secreciones hormonales.
En vez de eso, ayuda a tu hijo a comer alimentos saludables y explícale que estos favorecen su desarrollo cerebral. El Centro para el Control de Enfermedades recomienda una dieta llena de una variedad de frutas, verduras, granos enteros y proteínas magras, dieta que es moderada en azúcar, sal y grasas saturadas. Esto no quiere decir que se deba poner a los niños en una dieta sin grasas. Las llamadas “grasas saludables”, como las yemas de huevo, la palta y el salmón, son conocidas por apoyar la función cerebral. Con esto, ayuda a tu hijo o hija a evitar la obesidad, la que significa casi el 20% de los niños de esta edad en Estados Unidos. Los estudios muestran que la obesidad, con el tiempo, puede causar un deterioro de las capacidades cognitivas del cerebro, sobre todo en el aprendizaje y la memoria.
Es igualmente importante proteger a tus hijos preadolescentes de los trastornos alimentarios, tanto para su salud física y mental. Los estudios indican que la bulimia puede afectar negativamente a las regiones del cerebro implicadas en el circuito de recompensa, y de acuerdo con investigadores de la Universidad de Yale, la anorexia puede reducir el tamaño de la materia gris.
Sintoniza con los preadolescentes
Un artículo en la Revista de Investigación de los Adolescentes llamado “¿Ventana de oportunidad? La adolescencia, la música, y Álgebra”, informa que en un estudio de 6.026 estudiantes, “aquellos matriculados en la enseñanza formal de la música instrumental o instrucción de música coral… superan a sus compañeros en el álgebra”. La correlación se observó especialmente con los alumnos afroamericanos. ¿Parece una coincidencia? Piénsalo otra vez: la investigación sugiere que los músicos procesan música en las mismas regiones corticales que los adolescentes procesan álgebra.
Brecha de género
Los cerebros de chicas y chicos son muy diferentes en el sexto año. El Instituto Nacional de Salud descubrió que la mitad del recorrido en el desarrollo del cerebro (llamado el punto de inflexión) se produce en las mujeres justo antes de que cumplan 11, pero los hombres van a paso de hormiga, por lo que su desarrollo no llega hasta que estén casi en los 15.
El rendimiento académico también puede variar según el género a esta edad. En las niñas, el lenguaje y la motricidad fina generalmente maduran primero, incluso hasta seis años antes. En el pasado, se encontró que las niñas presentaban un retraso respecto de los niños en matemáticas, aumentando la posibilidad de que el desarrollo del cerebro de las niñas se diferenciara de los niños. Sin embargo, tras la investigación reciente que considera que las niñas ahora se desempeñan tan bien como los niños en matemáticas, una causa más probable de la brecha de género es la cultura, no la biología.
Fuente: Inside the 6th grader’s brain
Traducción: Claudia Reyes, Estudiante de Pedagogía en Inglés – UMCE.
