¿Qué está pasando en el cerebro de un niño de esta edad?; ¿qué conocimientos ofrece la neurociencia a los padres y a la comunidad educativa de un niño en séptimo básico? Estas preguntas las contestó Hank Pellissier, experto en educación y desarrollo cerebral, autor del libro “Los cerebros más brillantes: 225 maneras de elevar o dañar la inteligencia”. ¡Te invitamos compartir estos interesantes consejos!
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“Cuando sea mayor, quiero ser increíble”. Los estudiantes de séptimo básico están a menudo confundidos por las hormonas, llenos de granos, son narcisistas impredecibles, groseramente desafiantes un segundo y emocionalmente inseguros al siguiente. Probablemente han notado que no eres tan genial como Taylor Swift, Stephen Curry y ellos dejan que lo sepas. Probablemente te preguntes si los extraterrestres están habitando el cuerpo de tu hijo. Esos invasores “extraterrestres” son las hormonas.
Cuando los niños llegan a la pubertad, sus cerebros producen la hormona liberadora de gonadotrofina (GnRH). Cuando la GnRH atraviesa la pequeña glándula pituitaria, dos hormonas adicionales -la hormona luteinizante (LH) y la hormona folículo estimulante (FSH)- se escapan y, básicamente, se desenfrenan. En los niños, estas hormonas nadan al sur, diciéndole a los testículos que inicien la fabricación de testosterona y esperma. En las niñas, la LH y FSH manipulan los ovarios, solicitando la producción de estrógeno. En ambos casos, a veces puede parecer que las hormonas están “manejando el show”.
Durante esta etapa tumultuosa de desarrollo, tenemos que proporcionar amor, consejos y apoyo. Aunque parezcan indeseados para los adolescentes, son muy necesarios. Por eso, es útil saber lo que está pasando en sus cabecillas en evolución. Aquí podrás entender mejor las crisis craneales que suceden en la cabeza de un estudiante de séptimo grado.
Buscadores de placer
Un estudio de investigación holandés publicado en Cerebral Cortex propone que los adolescentes disfrutan ciertas conductas riesgosas debido a que la ínsula anterior está más activa en los preadolescentes que en los adultos y los cuerpos estriados ventrales alcanzan su pico en la adolescencia media. Ambas regiones son hipersensibles a las recompensas.
Los lóbulos frontales subdesarrollados también son los responsables de que los jóvenes se comporten más emocionalmente porque aún están tomando decisiones con su salvaje “reacción de lucha o huida”, también conocida como amígdala. Falta tiempo para que empiecen a tomar decisiones con la razonable y civilizada corteza prefrontal (que sigue creciendo). Adviértele a tu joven impulsivo y temerario acerca de los peligros de las drogas, el tabaco, el alcohol, el sexo sin protección y la práctica descontrolada del skate sin casco, haciendo hincapié en el daño catastrófico que puede afectar a su posesión más preciada: su mente.
No a la violencia virtual
En una investigación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana trabajaron con adolescentes que usualmente juegan videojuegos, los hicieron jugar uno de dos tipos de videojuegos. Los investigadores utilizaron imágenes de resonancia magnética para observar qué regiones del cerebro fueron estimuladas. Cuando los niños juegan “Need for Speed: Underground” -un juego no violento- se observó actividad en la zona prefrontal, una zona asociada con la concentración y el autocontrol. Pero cuando los niños jugaban “Medal of Honor: Frontline” -un juego violento- no hubo activación en el área prefrontal; en cambio, la amígdala sí estaba excitada. (Esa es la parte de “reacción de lucha o huida” del cerebro.) La amígdala está afiliada con la excitación emocional, especialmente la ira, y está vinculada a comportamientos agresivos e impulsivos. Si la amígdala es repetidamente estimulada, puede condicionar al cerebro en desarrollo de un estudiante de séptimo básico a tener menos autocontrol. Así que si compras videojuegos, trata de centrarte en los juegos de carreras o de habilidad más que en los de violencia.
Jaque mate
Una mayor interconexión en el joven de séptimo básico no es sólo un fenómeno social, está en su arquitectura cerebral también. Lo verás en la mejorada habilidad de tu hijo para planificar, resolver problemas y procesar pensamientos e información compleja. Para multiplicar los poderes mentales de tu hijo de séptimo básico, anímalo a jugar al ajedrez. Las investigaciones indican que el ajedrez, el “juego de los reyes”, inicia el avance del cerebro en la capacidad matemática y de varias otras tareas cognitivas. ¿No te gusta el ajedrez? Las damas y el backgammon son igualmente constructores cerebrales estratégicos.
Cerebro y músculos
Cuando se trata de ayudar a un estudiante de 12 años a desarrollar su mente, vale la pena desafiar sus músculos. Las investigaciones indican que los estudiantes que están en forma obtienen calificaciones más altas y obtienen mejores resultados en las pruebas.
Los estudios también demuestran que el ejercicio aeróbico justo antes de las clases que son académicamente más desafiantes ayudan a los niños a memorizar nuevo material debido al aumento de oxígeno en el cerebro. Por ejemplo, el aprendizaje de vocabulario mejora en un 20 por ciento después de realizar ejercicio físico intenso.
Para pulir cerebro y el cuerpo del estudiante de séptimo básico, anímalo a estar activo, a hacer deporte y ejercicio con regularidad. Los padres pueden ayudar siendo modelos saludables que hacen deporte de forma regular. Mejor aún: trata de hacer ejercicio junto a tu hijo.
Regla benévola
Un cerebro en evolución de séptimo básico requiere una orientación firme de adultos diligentes. Diana Baumrid, psicóloga del desarrollo, autora de “Descripciones prototípicas de 3 estilos de crianza” recomienda que de tres tipos de padres (dictatoriales, autoritarios y permisivos) los que adopten el estilo de crianza autoritario. ¿Por qué? Este estilo de crianza ofrece una dirección que va hacia los objetivos de manera clara, coherente, solidaria y además permite al niño desarrollar su autoestima al tomar decisiones inteligentes.
Por el contrario, argumenta Baumrid, cuando los padres optan por el estilo de crianza autoritaria más controladora, la tendencia es a regañar a sus hijos más, que puede inculcar un sentido de inadecuación. Llevado al extremo, las investigaciones muestran que el abuso verbal de los padres puede causar una reducción significativa en la materia blanca neuronal en tres regiones del cerebro. Mientras tanto, cuando los padres optan por el estilo de crianza permisiva más indulgente, tienden a sobrecargarlos de elogios sin justificación, lo que puede dar a los niños una falsa sensación de éxito.
No importa qué estilo de crianza elijas, el objetivo es criar a un niño para que sea maduro y sensato y (con suerte) vas a ser un “padre genialísimo”, incluso si tu hijo de séptimo básico no lo diga por el momento. Sólo tienes que esperar – algún día lo harán.
Fuente: Inside the 7th grader’s brain
Traducción: Stephanie Wevar, Estudiante de Pedagogía en Inglés y Alemán – UMCE

