Elegir educar no siempre es una decisión fácil para los egresados de IV medio. Se sienten presionados por sus padres, sus amigos, por la sociedad en general, e incluso, a veces, por sus propios profesores, quienes les aconsejan no seguir esta carrera. Sin embargo, hay algunos que enfrentan esas opiniones y siguen su vocación. Es el caso de Macarena Dib, estudiante de Pedagogía General Básica en la UC, quien después de dos elecciones de carreras erróneas, finalmente eligió educar.
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A Macarena (23 años), que actualmente cursa cuarto año y realiza su práctica número tres en el 4º básico A del colegio La Virgen de Pompeya, en Santiago, les costó tomar la decisión. “Para mí fue muy difícil, estaba perdida porque siempre te dicen ‘qué quieres ser el resto de tu vida’, como si después no hubiera otra opción, y yo quería ser feliz, aprender de algo y luego decidir en qué trabajar y cómo hacerlo”, cuenta.
La familia
Cuando “di la PSU ¡me fue bien! Pero estaban los prejuicios y sabía que quería algún día tener familia y debía ser capaz de mantenerla económicamente”, explica. Y agrega que “entonces busqué otra opción, entré a Ingeniería Comercial porque siempre tendría el respaldo de un ‘título valorado’. Haría el Programa de formación pedagógica (PFP) al salir, así podría ser profesora de matemáticas en enseñanza media y si en algún momento lo necesitaba, también sería ingeniero. Esa claramente no fue buena idea, estaba muy triste y me enfermé. Debía abandonar la carrera y volver a pensar”.
En ese momento, Macarena seguía creyendo que debía estudiar una licenciatura y luego hacer el PFP, entonces decidió entrar a Matemáticas y Estadísticas en la UC. “Esta vez estaba en algo mucho más cercano a lo que yo quería y la carrera me gustó. Pero nuevamente me cuestioné, ‘¿qué tipo de profesor quería ser?’ Porque estudiando la licenciatura iba a saber mucho de la disciplina, pero me faltaría la didáctica y las habilidades blandas. Y fue entonces que un día, en noviembre desperté y en vez de irme a clases, me fui a Casa Central [de la UC] a averiguar qué podía hacer para cambiarme a Educación”, cuenta.
“En la universidad me aconsejaron cambiarme a Pedagogía Básica. Yo seguía con prejuicios, no sólo en lo económico, sino que sentía que iba a perder mi potencial, porque en mi familia hay ingenieros, médicos, dentistas y abogados, cómo yo iba a ser profesora“, dice Macarena. Finalmente, esta joven pensó que lo más importante era acercarse a lo que ella quería y aportar en el cambio de la formación escolar en Chile, y así fue. “Llamé a mi papá, sólo para decirle que firmaría la renuncia a la carrera y que me cambiaría a Pedagogía Básica, era momento de tomar mis propias decisiones sabiendo que podría ser difícil”, cuenta.
“Mi mamá siempre supo que me gustaba. A ella le pasó algo similar: dio la prueba, le fue bien y entonces ‘cómo iba a perder la oportunidad de ser ingeniero por ser sólo una profesora’. A mi papá en cambio, le costó aceptarlo, tenía mucho susto de que yo no pudiera mantenerme económicamente. Algo similar le pasó a mi hermano mayor, mientras que mi tercer hermano trató de mostrarme otras opciones ‘mejores’ y mi hermana me preguntó si estaba segura y me dijo que estuviera tranquila. Pero una vez matriculada, ninguno opinó mucho. Era la tercera carrera y sólo esperaban que ahora sí le hubiera achuntado”, dice. “Afortunadamente así fue, me encanta. Y reconozco que me equivoqué tantas veces al pensar que ser profesor no sería ‘tan difícil'”, agrega.
La carrera
Esta estudiante, que tiene la Beca Vocación de Profesor, ha descubierto que cada día le gusta más la educación, se siente muy capaz y tiene muchas ganas de aportar, sin embargo, también se ha dado cuenta de que el trabajo en aula no es lo único que se necesita en el mundo de la educación. “Quiero estudiar un doctorado, profundizar los conocimientos e investigar”, explica.
Este ímpetu que tiene Macarena de aportar a la educación del país, se refleja en su opinión de la Nueva Política Nacional Docente. Dice que “sí siento que es un buen avance, era necesario hace tiempo. Establece mínimos en ciertas condiciones, como las horas no lectivas y el puntaje de corte para ingresar a la carrera, pero siento que el mayor problema está en los mismos profesores, pueden cambiarnos todo, pero somos nosotros quienes debemos actuar para generar cambios. Está en nosotros demostrar lo que valemos con acciones en nuestras clases. Al final quien más nos juzga son los estudiantes, y nuestro trabajo es para ellos”.
Agrega que “en educación, la diferencia viene dada por el capital cultural que los estudiantes traen desde sus hogares y ahí está la capacidad del profesor de potenciarlos a todos, motivándolos a aprender. Aunque claro, hay cosas que facilitan el trabajo como la disponibilidad de recursos y contar con el apoyo suficiente para preparar las clases y evaluaciones”.
Macarena tiene claro que esta carrera no sólo se traduce en el trabajo en aula, “en mi formación he tenido la oportunidad de conocer el campo educativo, no sólo el pedagógico. Por eso yo quiero estudiar un doctorado, para cambiar el modelo tradicional del profesor frente a niños sentados ocho horas diarias. Investigar sobre eso y al mismo tiempo, ser académica universitaria, creo que puedo ser un buen elemento en la formación de profesores, más que ser docente en aula”, dice.
El profesor
Esta joven estudiante tiene claro cuál es el rol del docente en nuestra sociedad. “Hoy un niño chileno pasa casi 40 horas semanales en el colegio y 30 horas (activo) en la casa, ‘¿cuántas de esas 30 horas comparte con sus papás versus las 40 que está con el profesor?’ El profesor es fundamental en el desarrollo de los niños, en la formación de autoestima y seguridad para su crecimiento. Todos compartimos con un docente cuando estábamos en la etapa más plástica, aquella en la que más fácilmente integrábamos lo que aprendíamos, eso es lo que nos permite ser quienes somos hoy. El profesor al final es el responsable, al igual que nuestros padres, de formarnos y despertar en nosotros las ganas de conseguir algo grande”, explica.
“Por eso razón, es fundamental que los educadores se sientan cómodos con su trabajo y que les guste. Y es necesario que la sociedad replantee la visión que tiene del docente y, más que verlo como alguien ‘tierno’ o encargado del cuidado de los niños, pensarlo como un profesional que estudió para potenciar habilidades en los niños y niñas”, finaliza Macarena.
