Uno de los objetivos que preparan todos los días nuestros profesores es sobre cómo ellos traspasan la información a sus alumnos, un aspecto fundamental en el aprendizaje. Es por eso que más de 20 docentes participaron de un taller en la Universidad Católica, que buscaba establecer la manera en que los profesores se daban a entender de la forma más clara posible.
“El mejor aprendizaje es aquel que ocurre cuando es posible reflexionar en grupo y donde pasar materia no solo implica dictar mientras el resto copia”, señala Diane Fisher-Naylor, una de las especialistas a cargo del taller. Te invitamos a leer la siguiente nota del diario “El Mercurio”, donde podrás conocer más detalles sobre los fundamentos de una buena clase.
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Profesores repasan los fundamentos que hay detrás de una buena clase jugando unos con otros
Darse a entender de la forma más clara posible, incentivar las preguntas y potenciar las reflexiones en grupo fueron algunos de los objetivos del encuentro organizado por CEDETi con la ONG Creativity, Culture and Education.
Margherita Cordano
Durante una tarde, los más de veinte profesores que participaron en el taller de creatividad que organizó el Centro de Desarrollo de Tecnologías de Inclusión de la Universidad Católica (CEDETi UC) volvieron a ser niños.
Sentados de espalda al compañero que eligieron para realizar las actividades, su primera tarea fue la de dibujar la imagen que su pareja les describía: un gato que se asoma por la ventana, tres barcos que navegan hacia una montaña o una mujer con vestido morado que vigila a sus gallinas.
“Uno de ellos recibía un dibujo que el otro no podía ver. Con el objetivo de que su compañero dibujara una copia lo más fiel posible de este, la actividad consistía en describir la imagen con muchísimo detalle. No solo decir que el gato estaba instalado al lado de un árbol, sino que mencionar que era un naranjo”, comenta Paul Collard, director de la fundación Creativity, Culture & Education.
La organización -de origen inglés- se dedica a supervisar el desarrollo de programas innovadores en salas de clases alrededor del mundo y es una de las principales consultoras de la Comisión Europea en temas de educación.
Invitados a Chile por CEDETi, el objetivo del taller que realizaron Collard y su colega Diane Fisher-Naylor fue hacer reflexionar a los profesores sobre la forma en que estos traspasan información a sus alumnos. Detrás de la tarea de dibujar eso que escuchaban, pero no veían, estaba implícita la idea de esforzarse por comunicar bien ciertos conceptos, además de fomentar que los alumnos pregunten si les nacen dudas en el camino.
“A veces, los niños entienden A cuando uno está tratando de explicar B. Es lo mismo que nos pasó a muchos cuando estábamos tratando de captar en qué consistía el dibujo que nos estaban describiendo. Si no había buena comunicación y disposición a responder las dudas que iban surgiendo, no resultaba”, cuenta Patricia Román, participante en el taller y profesora de 7° y 8° básico en el Liceo Carmela Carvajal de Prat, de Santiago.
Cinco sentidos
“A pesar de que la mayoría de los docentes coincide en que las preguntas son parte fundamental de una buena clase, son pocos los que efectivamente destinan tiempo para que estas ocurran”, agrega Diane Fisher-Naylor.
Bajo la mirada de la especialista británica, igual de necesario es recordar que el mejor aprendizaje es aquel que ocurre cuando es posible reflexionar en grupo y donde pasar materia no solo implica dictar mientras el resto copia. “Mientras más sentidos incluya la experiencia, más recordable se vuelve“, indica.
Ante esta lógica, otra de las actividades que debieron realizar los profesores fue recorrer el campus San Joaquín de la UC -lugar donde se realizó el encuentro- y escribir un poema que representara eso que habían tocado, oído, visto, olido y hasta degustado.
“Está comprobado que mientras más se fomente la creatividad en el aula, más se activan las distintas regiones del cerebro que ayudan a memorizar y entender. Si queremos tener clases que funcionen con un alto rendimiento, de vez en cuando debemos hacer pausas y pensar en cómo volver más lúdicas las cosas”, sugiere Collard.
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