Ese fue el tema del XI Foro Latinoamericano de Educación, organizado por la Fundación Santillana y patrocinado por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), realizado en Argentina la última semana de agosto. En el encuentro, docentes y expertos en educación debatieron sobre cómo se puede promover el pensamiento científico en niños de 3 a 8 años. A continuación presentamos las conclusiones publicadas en el diario El País.
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Melina Furman, bióloga y doctora en Educación, autora de “Educar mentes curiosas: la formación del pensamiento científico y tecnológico en la infancia”, discutió sobre la necesidad de ordenar y sistematizar la curiosidad desde los primeros años de escolarización, para permitir así que el pensamiento protocientífico que caracteriza a los niños de entre 3 y 8 años no se pierda en el futuro. “Los niños tienen pensamiento científico desde muy chiquitos, pero sin una enseñanza deliberada ese pensamiento llega hasta los 9 o 10 años y se detiene. A los 11 años se tiene el mismo comportamiento de los adultos”, dijo.
En su presentación, Furman señaló además que “todo evoluciona hasta un techo y luego los experimentos tienen un sesgo de confirmación. Es ahí donde aparece la necesidad de una enseñanza que potencie la curiosidad y la enfoque hacia modos de entender el mundo de maneras cada vez más rigurosos. Hay que empezar temprano”. Y agregó que “el momento no podría ser más propicio para este nuevo enfoque, porque estamos en un tiempo maravilloso de oportunidades, con acceso cada vez más fácil a dispositivos de bajo costo y amigables”.
El Foro se enmarcó este año en el paradigma STEM, que muestra la necesidad de formación troncal de niños y jóvenes en un mundo cada vez más permeado por la ciencia, la tecnología y sus posibilidades de transformación. “El paradigma STEM destaca la importancia de articular los saberes en ciencias, tecnologías y matemática con una mirada ‘ingenieril’ sobre el mundo, que parta de la identificación de problemas y la búsqueda de soluciones creativas”, dijo Furman.
El aula se convierte entonces en escenario de este nuevo paradigma. Los Estados han atendido esta demanda de diferentes maneras, pero sin demasiado éxito, al menos hasta ahora. El reparto gratuito de dispositivos tecnológico ha sido la base de las estrategias educativas de países como Argentina y Uruguay para promover la enseñanza científica. Pero el Foro ha puesto en evidencia que entregar una computadora no alcanza si no hay detrás una estrategia pedagógica más amplia. La panelista María Dibarboure, del Consejo de Educación de Uruguay, resaltó la cobertura del plan Ceibal, mediante el cual el Estado entregó una computadora por cada niño que asiste a la escuela. Lamentó, sin embargo, que ello no ha alcanzado para mejorar los resultados de los alumnos uruguayos en evaluaciones internacionales como PISA.
Furman planteó por eso la necesidad de ir más allá. “Sabemos muy bien qué tipo de didáctica fomenta el pensamiento científico”, explicó, pero “hay una epidemia de elementitis, que es enseñar todo por partes sin tener en cuenta el todo, y de sobreitis, que es aprender sobre la cosa pero sin la experiencia sobra la cosa. Falta que los niños pongan los pies en el fango”, dijo. Para avanzar en el paradigma, la autora propone un modelo de “buenas prácticas” educativas basado en tres ejes: la contextualización del aprendizaje, la participación en prácticas auténticas de indagación y diseño y, por último, ofrecer espacios de intercambio y reflexión para hacer visible al pensamiento del niño. Aplicar ese modelo ha sido el desafío planteado por Furman para el futuro.
¿Cómo enseñarían ustedes ciencias en Chile? Actualmente es un desafío hacerlo, ¿qué les parecen los comentarios de la especialista Melina Furman? ¡Comenta y comparte en la comunidad Elige Educar!
Fuente: El País.
