Sin duda, la música es una gran herramienta para mejorar el aprendizaje, fomentar las habilidades y potenciar la creatividad en los niños y jóvenes. Esta es una lección que el cantante Nano Stern comprendió desde muy temprana edad, ya que desde pequeño tuvo muchas influencias musicales que fueron forjando su carrera artística, y que lo han catapultado a ser uno de los músicos más reconocidos del país.
Según Nano, su familia siempre le cuenta que cuando era niño se ponía muy contento cuando escuchaba música, especialmente música clásica. Un día, cuando tenía 3 años, vio tocar a alguien violín e hizo un “escándalo”, por lo mucho que le gustó lo que estaba escuchando. Este incipiente gusto musical se complementó con una experiencia pedagógica, que Nano define como “fundacional y fundamental”.
“A mí colegio llegó la profesora Sara Benítez, de Perú, con una nueva manera de enseñar la música, el método Suzuki, que es muy revolucionario respecto a los métodos tradicionales de enseñanza de la música clásica. La oportunidad de estudiar violín con un método pensado para niños pequeños fue trascendental. Es mi primer recuerdo lúcido con la música”, dijo Nano en nuestro programa “Cooperativa Elige Educar”.
“Ella me enseñó lo más importante que he aprendido en la música: que hay que pasarlo bien, que es un juego. No por nada en la mayoría de los idiomas la música no se toca, sino que se juega (play music en inglés, por ejemplo). En las lenguas de mayoría de las cumbres de la música occidental se habla de jugar, y por más serio que sea un examen de título del Conservatorio de Moscú, uno lo que hace es ir a jugar. Esa enseñanza permanece en lo más profundo de mí ser cada vez que agarró un instrumento y hago música”, contó Nano.
Además de la profesora Sara, a Nano lo marcó el profesor Rodrigo Bobadilla, quien le dio nuevas perspectivas y le enseñó a tocar nuevos instrumentos, así como un profesor de Historia que le inculcó el pensamiento crítico. “Tuve profesores que me impactaron mucho, y con todos ellos seguimos siendo amigos, van a mi casa, han tocado en mi banda, o los invitó a los conciertos”, afirmó Nano.
Además, el acercamiento de Nano con los instrumentos fue a través de su abuelo y hermana mayor, ambos músicos. “Mi abuelo tenía un acordeón, y cuando lo tocaba para mí era muy impresionante, y mi hermana, que estaba en plena adolescencia, cantaba canciones de Silvio Rodríguez con su guitarra”, agregó Nano. Estas experiencias le sirvieron para entender la enseñanza fundamental que le dejó su profesora Sara; que hasta hoy aplica el cantante.
El desafío de enseñar
En paralelo a su carrera musical, Nano realiza talleres de composición con escolares y también con jóvenes universitarios. El último lo hizo en Estados Unidos a estudiantes de educación media, mientras participaba de un festival, donde estuvo 4 días creando canciones que finalmente tocaron juntos en el mismo festival.
“Me gusta enseñar, pero me asusta un poco. Por suerte mis experiencia han sido muy positivas, y en la medida que lo hago, me voy soltando más. Es difícil, no sé cómo los profesores lo hacen con 30 niños todos los días. Enseñar me ha servido para aprender cosas de mí, y me he dado cuenta que las primeras veces prestaba mucha más atención a los niños que tenían talento, y no tanto a los que les costaba más o era más tímidos. Precisamente, un buen profesor debe tener la capacidad de motivar a todos y trabajar en equipo“, señaló Nano.
Para Nano, la máxima expresión de que su música está funcionando y lo está haciendo bien es sentir que está disfrutando, teniendo la certeza de que aplica las enseñanzas aprendidas. “Supongo que en la sala de clases debe ser lo mismo. Si los niños lo están pasando bien, más allá de que estén aprendiendo sobre ecuaciones o guerras mundiales, es porque están aprendiendo y está ocurriendo el aprendizaje. Es el placer de educar y de aprender”, finalizó Nano.
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