A diario los estudiantes necesitan un buen criterio. No sólo para enfrentar el mar de información al que están expuestos en sus vidas académicas, sino también para las decisiones emocionales y sociales que deberán enfrentar en el futuro.
Si bien la formación del buen criterio -tanto cognitivo como socio-emocional- comienza desde temprana edad, la pre adolescencia es una etapa crítica para la formación del buen criterio. ¿Por qué? Porque en esta etapa las opiniones y respuestas sobre todo aquello que los rodea aumentan radicalmente, buscando formar una identidad propia. Paralelamente, en sus cerebros, sus cortezas perifrontales comienzan a volverse más delgadas, haciendo que las conexiones y redes neuronales para tomar decisiones y alcanzar metas se vuelven aún más eficientes. Sus cerebros se sumergen en una etapa donde se vuelven altamente sensibles, para transformarse en una conexión de redes altamente desarrollada.
Los profesores, quienes pasan muchas horas con estudiantes en esta complicada etapa, son quienes probablemente más conocen de cerca estos cambios. Sin embargo, lejos de rezar porque esta complicada etapa pase, algunos lo aprovechan para activar la neuroplasticidad de sus alumnos, para fortalecer sus cerebros y desarrollar las conexiones neuronales que les ayudaran a desarrollar un adecuado uso de su criterio.
¿Cómo lo hacen? A continuación te contamos algunas ideas aplicadas por algunos profesores para que puedas inspirarte y aplicar algo de ellas para ayudar a con tu hijo o hermano preadolescente a desarrollar el buen criterio para sus decisiones ¡Toma nota!
Para desarrollar el buen criterio académico y cognitivo:
1. Reconocen en sus estudiantes las habilidades existentes: Preguntan constantemente a sus estudiantes y los invitan a dar sus opiniones sobre diversas materias, que pueden apoyar con hechos y datos de peso que manejan previamente, como por ejemplo:
-¿Por qué crees que el autor usó este recurso literario? (por ejemplo: narrador en primera o tercera persona)
-¿Qué evidencia demuestra que un problema requiere sustracción?
-¿Cómo podemos descubrir cuál es la forma en que los contenedores pueden guardar una mayor cantidad de cargamento?
Después de haber respondido preguntas que requieren una capacidad de pensamiento mayor, los profesores hacen saber a sus estudiantes que estuvieron desarrollando y ejercitando su juicio y criterio al evitar saltar directo a las conclusiones y tomando en consideración la evidencia.
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2. Estimulan los juicios de valor: Algunos profesores hacen que sus estudiantes, por ejemplo, extraigan ideas importantes -como lo esencial de una lectura, discusión, o tareas que involucre leer- y lo sinteticen lo más posible, casi en formato Tweetter. ¿Por qué? Porque, como dijo Einstein: “si no puedes explicarlo de forma simple es porque no lo entendiste”. Los docentes saben que cuando los estudiantes evalúan información y definen sus ideas más esenciales, son capaces de construir habilidades para su desarrollar su juicio, así como también un mayor entendimiento de los conceptos.
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3. Guían las oportunidades en que sus estudiantes pueden autoevaluar sus estrategias: Incorporan actividades donde los estudiantes ponen a prueba sus decisiones. Saben que los estudiantes pueden desarrollar su juicio en temas académicos a través de estimaciones matemáticas, lectura y edición de ensayos para mejorar su calidad, o simplemente respondiendo preguntas desafiantes en las que se desbloqueen pistas para las próximas preguntas.
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4. Promueven la meta cognición: Esto, debido a que la metacognición activa las redes neuronales que ejecutan funciones cada vez que los estudiantes consideran lo que hicieron bien y lo que deberían cambiar para los eventos futuros.
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Para lograr desarrollar un buen criterio socio-emocional:
Cuando los estudiantes comienzan a decidir por sí mismo durante su adolescencia, sus cerebros aún siguen programados en espera de la gratificación inmediata, lo que provoca que quieran llevar más allá los límites y quieran explorar en vez de evaluar a conciencia las consecuencias de sus decisiones. Los cerebros de los adolescentes son altamente sensibles a los efectos placenteros de la dopamina que se libera al tomar riesgos y empujar los límites, y también –lamentablemente- este grupo etario es el más propenso a morir por causas que pudieron prevenirse.
Ante esto, un profesor sabe que cuando da a sus estudiantes la oportunidad de tomar decisiones pensadas y al mismo tiempo guía su proceso de evaluar posibles consecuencias -en vez de que simplemente se dejen llevar por sus impulsos-, ellos serán capaces de construir un criterio necesario para resistir esas ganas inconscientes de esperar recompensas inmediatas por sus acciones. Los docentes saben que proveerlos de tiempo y reflexión es lo que necesitan para fundar las bases que les permitirán usar el buen juicio a futuro.
1. Involucran a sus estudiantes en el ejercicio de evaluar el juicio de terceros : Aprovechan su capacidad de cuestionar y debatir para evaluar juntos la evidencia que llevó a un tercero (la autoridad de turno, el gobierno del país, la escuela) a tomar una determinada decisión, y así descubrir qué les parece justo o injusto, qué evidencia se consideró, cuál se pasó a llevar, etc.
Estos tipos de análisis son particularmente esenciales y atrayentes para los estudiantes cuando estos saben que tienen oportunidad de compartir sus perspectivas con quienes se involucran a diario.
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2. Promueven la toma decisiones bien pensadas y el aprender de las consecuencias realmente importantes: Dan a los estudiantes la capacidad de tomar decisiones por sí mismos en temas apropiados y que les conciernan, como por ejemplo salidas a terreno, presentaciones a los apoderados, o planes futuros del curso. Los ayudan y guían al principio, pero luego procuran dar un paso atrás, dejándolos actuar un poco más independientes. En este proceso los profesores permiten a sus estudiantes experimentar las reales consecuencias de las decisiones que tomen sin intervenir. Saben que sólo experimentando las consecuencias de equivocarse podrán, la próxima vez, tomar una mejor decisión.
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3. Promueven el ejercicio de evaluar y determinar qué es “lo justo” :Saben que los estudiantes son capaces de evaluar lo justo o injusto, por lo tanto los invitan a pensar y evaluar.
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4. Dan confianza y seguridad: Los profesores saben que cuando proveen a los estudiantes de consejos, herramientas y oportunidades para tomar decisiones pensadas es bueno entregarles también un ambiente seguro para la toma de decisiones y para el aprendizaje a partir de los errores. La confianza mutua hace que esas decisiones sean más seguras. Estas experiencias promueven mayores habilidades para entrenar el criterio y el juicio de los alumnos, y ayudan al desarrollo de sus conexiones cerebrales en un período crítico, donde necesitan este tipo de actividades más que nunca.
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Fuente: Judgment: Navigating Choices and Decisions de Judy Willis MD – Edutopia.org
Traducción: Matías Riquelme, estudiante pedagogía en Inglés, Universidad de Santiago de Chile
