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¿Qué implica aprender una segunda lengua?

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¿Qué implica aprender una segunda lengua?

Escrito por: Equipo Elige Educar

mayo 16, 2016

Hoy  el diario El Mercurio publicó esta interesante noticia en la que la Académica de la Universidad de Concordia de Montreal entrega su opinión en relación al aprendizaje de una segunda lengua, y propone una interesante nueva estrategia para que los estudiantes conversen en otros idiomas a partir de nuevas temáticas. De este modo, los alumnos deben recurrir por fuerza a nuevo vocabulario y no terminan recurriendo al que ya manejan. Les invitamos a leerla 😉:
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Kim McDonough, académica de la Universidad de Concordia en Montreal:
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“Aprender una segunda lengua implica más que manejar ciertas frases”
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En vez de pedir que dos compañeros cuenten qué hicieron en el día -un ejercicio donde la mayoría miente según los conceptos que sabe-, la especialista propone generar conversaciones a partir de la música o del cine. Una buena idea es escribir opiniones en torno a lo que se discute.
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Margherita Cordano F.
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Aunque se estima que cerca de 400 millones de personas son hablantes nativos de inglés, el número de quienes lo usan como segunda lengua duplica esa cifra.

Y es que a medida que los jóvenes empiezan a viajar antes, los negocios se abren al extranjero y las fronteras se vuelven difusas por la popularidad de las redes sociales, el aprendizaje de este otro idioma se ha vuelto una práctica cada vez más común.

Para Kim McDonough, académica del Departamento de Educación y del Centro para el Estudio de Aprendizaje y el Rendimiento de la Universidad de Concordia en Montreal, a futuro esta se irá expandiendo a otras lenguas: la música, el cine y hasta los videojuegos tienen el potencial de cautivar a más personas para conocer sobre una cultura en particular.

“Por eso es importante que a la hora de enseñar un segundo idioma los colegios sepan aprovechar eso que cautiva a los jóvenes a querer entender sobre otras lenguas. Se les puede preguntar qué les gusta escuchar y con eso crear una actividad”, ejemplifica la profesora de la cátedra de Investigación en Lingüística Aplicada de la universidad canadiense.

Invitada a Chile a participar como expositora en un simposio sobre enseñanza y aprendizaje de una segunda lengua, organizado por el Departamento de Inglés de la Universidad Andrés Bello, la especialista explicó que en muchos colegios alrededor del mundo los profesores de a poco han arraigado una idea que comenzó a difundirse hace diez años y que pide ir más allá de la memorización de palabras o la repetición de reglas gramaticales.

A McDonough eso le parece una práctica acertada, pero también cree que se vuelve necesario dar un paso extra y olvidar una actividad que se popularizó con el llamado a volver las clases más dinámicas: pedir a dos compañeros que comenten entre ellos qué cosas hicieron el día anterior.

“No es algo que al otro le interese particularmente, por lo que se vuelve una práctica bastante mecánica. Es probable que en muchos casos las personas incluso mientan sobre sus actividades solo porque ciertas palabras resultan más fáciles de pronunciar que otras. Entonces no es un ejercicio que ayude a mejorar la comunicación efectiva; aprender una segunda lengua implica más que manejar ciertas frases”.

Para que un trabajo de conversación en parejas sea certero, la canadiense sugiere pedir que tras el intercambio de palabras las personas creen algo a partir de eso que oyeron.

“En vez de hacer un resumen de lo que dijo el compañero -que suele ser la tónica en el ejercicio de hablar sobre el día anterior-, la recomendación es terminar la tarea con un producto u opinión. Ya sea oral o escrita”.

Un ejemplo del llamado de McDonough es pedir a los estudiantes que conversen sobre un tema y más tarde solicitarles un informe que explique “si se está de acuerdo o no con los planteamientos de la otra persona. Eso obliga a pensar en cómo usar el lenguaje, no solo a repetir las palabras que parecen ser las importantes”, explica.

Otra de sus propuestas es la de dividir un texto en dos y pedir que cada persona se encargue de destacar los puntos más importantes de cada parte. Nuevamente, se requiere de un análisis y una discusión acabada para lograr entender el contenido en su conjunto.

A pesar de que muchos de sus ejemplos de una buena clase suponen el trabajo en grupo, McDonough afirma que el trabajo individual también es útil. “Me parece que en el aula siempre es bueno ir variando. Hay personas que trabajan mucho mejor cuando están solas”.

En este caso, su recomendación es el diálogo constante entre el profesor y el alumno.

“Muchos maestros esperan a que los jóvenes cometan un error para corregirlos. Pero en la práctica se ha visto que muchas veces resulta más conveniente adelantarse a esas equivocaciones conversando sobre lo que más les cuesta”. De esta forma, la propuesta es que el mismo estudiante escriba ayuda-memorias y consejos en torno a esos conceptos que más le complican. El trabajo se hace bajo la supervisión del profesor, pero sin que sea él quien entrega una hoja con pautas predefinidas: cuando cada persona investiga dónde están sus errores, es más fácil entenderlos.
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Formarse con otros

Aunque cree que las universidades alrededor del mundo han ido mejorando su forma de enseñar a los futuros profesores de idiomas, a Kim McDonough le parece que muchas escuelas de Pedagogía todavía necesitan relacionarse más con otras disciplinas. “Ver las últimas investigaciones de áreas como la psicología o la sociología es fundamental para aprender a enseñar mejor”, dice. “Lamentablemente esto no es una tendencia demasiado generalizada”.

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2016-09-28T17:30:08+00:00 mayo, 2016|Noticias|Comentarios desactivados en ¿Qué implica aprender una segunda lengua?